Sentí cómo Sebas movía su cabeza siguiendo el movimiento de mi mano. Giró para mirarme y me sonrió.
—Charlotte, ya me debo ir. Pero antes quisiera hacerte una pregunta.
Sentí nervios al escucharlo, me puse seria y esperé a que hablara.
—¿Tú saldrías en una cita conmigo? —Me tomó la mano y trazó líneas con sus dedos mientras esperaba mi respuesta.
—¡Wow, Sebas! —dije, titubeante.
—Claro que tendría una cita contigo —como siempre, me regaló una enorme sonrisa.
Nos levantamos del sofá. Sebastián se acercó y me tomó de la cintura.
—Te prometo que no te arrepentirás —puso su mano en mi nuca y me acercó a su rostro. Me miró a los ojos, y luego su mirada vaciló hasta mis labios. Cerró los ojos y me besó intensamente. Poco a poco, el beso se volvió más apasionado.
Lo sentí apoyar sus manos en mi cintura. Nuestros labios se movían en sintonía, cuando sentí su lengua en mi boca. Inmediatamente le seguí el ritmo. La manera tan apasionada con la que Sebas me besaba se sentía exquisita. Estoy segura de que más de una chica soñaba con ser besada con tanto deseo por Sebas. Y agradecí ser yo quien disfrutara de sus besos.
De repente, sentí un golpe en la puerta principal que me hizo alejarme de Sebas. Escuché a lo lejos hablar a alguien.
—¿Mamá? ¿Sam? ¿Charlie? ¿Hay alguien en casa? —oí la voz de Fede.
Me estaba acercando a la puerta del patio para hablarle, cuando oí a Sam gritar:
—¡Estoy acá arriba, Fede! ¡Sube un rato!
Tremenda salvada que me pegó Sami. Ya tendría tiempo de agradecerle. Me volví para mirar a Sebastián y lo vi apoyado en la pared, con una mano tocando sus labios. Se veía tan sexy.
—Mi Charlie, eso estuvo increíble. Si no fuera por Fede, yo seguía besándote —me dijo susurrando en mi oído. Sentí cómo la piel se me ponía de gallina y los vellitos de mis brazos se erizaban.
—Ya debo irme, preciosa.
Caminamos hasta la salida. Lo acompañé hasta la reja de la casa.
—Nos vemos mañana, Charlie.
Se acercó y me besó la frente. Lo agarré de su polera y lo acerqué a mí.
—Me gustó mucho cómo me besaste —le dije mirándolo a los ojos con coquetería—. Espero que no sea la última vez, Sebastián.
Sí, sé que fui una lanzada. Pero no podía ignorar lo mucho que me gustaban sus besos, menos ahora que conocí su lado más pasional, y vaya que se sentía bien. Me mordí el labio inferior mientras le lanzaba una mirada coqueta.
—Lo repetimos cuando quieras, preciosa. Pero no aquí, con Fede presente.
Sentí la decepción invadirme, pero estaba consciente de que exponernos de esa manera era un riesgo.
—Lo sé. Nos vemos mañana, Seba. Descansa.
Le di un abrazo y lo vi caminar un par de metros, hasta que entré a mi casa. Subí a mi cuarto para poder darme una ducha y dejar arregladas mis cosas para el día siguiente. Después de un rato, me puse a ver una serie. Fue entonces cuando entró Sam.
—Hola, Charlie. ¿Cómo te fue hoy?
Sabía muy bien a qué se refería mi hermana: ¡Sebas!
—Bien, muy bien —le dije mientras hojeaba un libro.
—¿Solo me dirás eso, Charlotte? ¿Qué hay de la visita de Sebastián? —Sami tenía las manos en la cintura y me miraba con el ceño fruncido.
—Ah, eso. Me acompañó hasta casa luego del cole. Y, bueno, lo invité a pasar para no ser descortés —trataba de concentrarme en el libro para que Sam no notara que había algo más que contar.
—¿Y ese acercamiento así, tan repentino, es solo por cortesía?
Sabía que Sam no se conformaría con una respuesta tan sencilla. Además, me conocía bien como para saber cuándo estaba ocultando algo, sobre todo si de invitar a un chico se trataba, algo nuevo para mis hermanos.
—Mmm... la verdad, no. Entre Sebas y yo hay... atracción —dije, titubeando.
Vi a Sam saltar de felicidad y mirarme con una enorme sonrisa.
—¿Se te ha declarado?
—En parte, sí. Me ha dicho que soy una chica increíble, que le gusta estar conmigo. Y me invitó a una cita...
Sentía mis mejillas arder. Me mordí el labio y miré el suelo para disimular la vergüenza que me generaba esta conversación.
—¡Ay, Charlie, qué emoción! Sebas es tan atento y caballero. He escuchado cómo las chicas se refieren a él y admiran su atractivo físico. Además, es un chico amable y simpático con todo el mundo. Me encanta cómo se ven juntos —dijo con notable felicidad.
—Pero nosotros no estamos juntos, Sam. No como pareja, por lo menos.
La vi cambiar su expresión.
—Pero lo estarán, eso es cosa de tiempo, hermanita. Todos merecemos sentirnos amados, y lo de ustedes es mutuo —me respondió.
—Igual, me preocupa un poco. Con Fede son amigos...
—Eso es asunto de ellos. Además, Fede no decide con quién estás o no. Es su amigo, sí, pero solo es problema de ustedes si inician algo o no. Fede tendrá que aceptar, nada más.
Sam tenía razón. Y no era que la opinión de Fede me importara, sino que no quería que su amistad se dañara si esto no terminaba bien.
Después de cenar con mis hermanos, nos repartimos algunas tareas. Mientras Sam sacaba la basura, Fede me ayudó con la loza sucia.
—Fede, quiero hablarte de algo —le dije, algo nerviosa.
—¿Pasó algo con la loca de Francis? —me preguntó, asustado.
—No, no es nada sobre ella. Es otro el tema que te quiero hablar.
Respiré profundo y empecé.
—Hoy, después de la escuela, me acompañó hasta casa... Sebastián —dije, titubeando—. Él quiere tener una cita conmigo —le largué de una. Vi cómo sus ojos se abrieron de asombro.
Se quedó en silencio un momento y luego habló.
—¿Te gusta Sebas? Sé sincera.
Fede nunca me había hecho una pregunta tan directa.
—Sí, me gusta —le respondí. Fijé mis ojos en mis manos temblorosas y enterré mis uñas en ellas.
—Me lo imaginaba... Cuando te dije que aclararas tu amistad con él, era a esto a lo que me refería. Sebas está muy interesado en ti. Lo ve todo el mundo, y yo no soy la excepción. Es decisión de ustedes qué pasará más adelante. Pero Sebastián no es un chico para pasar el rato, Charlotte. A él le interesas en serio.