Me desperté con una sensación terrible, como si no hubiera descansado nada. Así que traté de arreglar lo más que pude mi cara, me puse el uniforme y bajé a desayunar. Mamá, como siempre, ya estaba en la cocina.
—Hola, cariño. ¿Cómo estás? —preguntó.
Mi mamá sabía por mi cara que había dormido mal, pero no lo decía en voz alta.
—Mmm... Tuve mala noche. Creo que necesito un café —dije con un puchero.
Mi madre me acercó mi taza favorita y me preparé mi café con leche. Al rato llegó Sam. Se veía tan radiante como siempre. Ella no sufría de insomnio y su cara lo reflejaba. Estábamos terminando de desayunar cuando apareció Fede. Se sentó al lado de Sam. Como yo ya había terminado, le acerqué la leche y algo de fruta. En ese momento, la manga de mi polerón se subió con el roce de la mesa y quedó a la vista mi pulsera.
—Eso va demasiado en serio para no haber tenido ninguna cita aún... —escuché murmurar a Fede.
—Charlie, ¿Qué significa eso? —preguntó Sam, lanzándome una sonrisa cómplice.
—Yo-es solo una pulsera —dije tartamudeando.
—No nos hubiéramos dado cuenta si no nos dices —se mofó Fede, poniendo los ojos en blanco.
—Pero lleva el nombre de Sebastián... —añadió Sam.
—Mmm, sí. Él me la dio —dije, resoplando—. Es solo un detalle... —concluí.
—Muy romántico de su parte, pero detalle al fin y al cabo —me contestó Sam, mientras me guiñaba el ojo.
Me sentí descubierta, como si salir con alguien fuera algo malo. Así que, para pasar el momento incómodo, fui por mis cosas.
La ida a la escuela fue igual que todos los días. Al llegar, me encontré en la puerta a Iris.
—Charlotte, ¿Cómo estás? —me saludó con un abrazo.
—Bien, gracias. ¿Y tú? —le pregunté por cortesía.
—Genial. Ya hablé con mi madre. Podemos ir hoy mismo a mi casa para terminar lo de la exposición.
Lo había olvidado por completo. Empezamos a caminar hacia nuestro salón.
—Ok. Le avisaré a mis hermanos que llegaré más tarde a casa.
Cuando entramos al salón, había muy pocos estudiantes en sus puestos. Nos sentamos, esperando que llegaran los demás. De repente, vi llegar a Rosie, Nicky y Angelina. Venían sin Ruth, lo que me pareció extraño. Detrás de ellas entraron Jenny y Joaquín, quienes nos saludaron con la mano apenas nos vieron.
—Chicos, ¿Qué dicen de ir hoy a mi casa a terminar la exposición? —les preguntó Iris cuando ya estaban sentados.
—Por mí no hay problema —dijo Joaquín.
—Tendré que avisarle a mi madre más tarde —añadió Jenny.
Mientras nos coordinábamos con el trabajo, fueron llegando el resto de estudiantes. Ruth entró casi al comenzar la clase. Venía con un semblante distinto... sonriente, y se notaba muy segura en su caminar. Me alegré de ver que ya estaba mejor...
Llegó la maestra de arte y nos pusimos a trabajar. Básicamente, debíamos realizar un boceto de cómo nos visualizamos en diez años más... Se hizo eterna la clase.
A la hora del recreo, mi grupo y yo buscamos refugio bajo un árbol. Hasta allí se nos unió Ruth, que llegó con Chris y Andrew. Hablamos de las exposiciones futuras e hicimos un repaso por las más recordadas. Estábamos muy entretenidos cuando divisé a Sebastián acercarse. Saludó al grupo y se sentó cerca de mí. Sentí cuando posó su mano en mi espalda y acarició mi cabello. Lo miré, sonrojada, y él me devolvió la mirada mientras me sonreía. Como si se tratara de magia, rápidamente nos envolvimos en una complicidad mutua, donde solo estábamos él y yo. El resto desaparecía de nuestro mundo.
Nos tomamos de la mano y nos sonreímos. Pasábamos de sonrojarnos a darnos miradas coquetas. Me gustaba estar cerca de él; me envolvía con su calor, a pesar de estar a un metro de distancia. De repente, una voz me sacó de mi nube de amor.
—Y entonces, Charlotte, ¿ya conseguiste al protagonista de tu libro? Porque, si es de amor, yo tengo experiencia actuando de besador —dijo Andrew, lanzando una sonrisa seductora.
Noté cómo la mano de Sebastián se tensaba.
—Yo no he pensado en eso. Sinceramente, actuar se me da fatal. Además, el libro que elegimos con los chicos está lejos de ser romántico —le respondí.
Ruth, que no me había fijado que estaba junto a Sebas, intervino contestando a Andrew:
—Dudo mucho que te quiera a ti como galán. Charlotte ya tiene quien la bese —dijo, mirándonos a los dos y haciendo que, con su respuesta, todos se voltearan a vernos.
Abrí la boca de la impresión y no logré formular ninguna respuesta. En cambio, Sebas me tomó por la cintura y se acercó más a mí. Me guiñó un ojo y luego besó mi mejilla. De reojo, vi cómo Andrew se ruborizaba. Todos habían visto esta escena, que solo confirmaba lo que decía Ruth.
—¿Ustedes están juntos? —preguntó Chris.
—No formalmente, si es a lo que te refieres. Pero encantado tendría de novia a esta hermosa chica.
Sebas no despegaba su mirada de mí mientras hablaba. Y mientras lo hacía, sonreía sin parar. Acomodó un mechón detrás de mi oreja y, nuevamente, sentí mil mariposas revolotear por mi estómago, subían sin parar hasta mi pecho y me provocaban una sensación extraña: una mezcla entre alegría e incertidumbre.
¿Era cierto todo esto? ¿Sebas de verdad se me había declarado delante de mi grupo? ¿Era posible que el chico más amable, guapo y encantador de la escuela declarara su amor por mí frente a todos? Miré a todos lados y vi a Jenni e Iris mirarme con una sonrisa de oreja a oreja.
Sonó la campana para volver a clases y todos se levantaron. Me estaba acomodando cuando se acercó Andrew.
—Charlie, yo no sabía que ustedes estaban juntos. No quise ser imprudente —se disculpó.
—Tranquilo, no tenías por qué saber con quién salgo. Sé que no lo hiciste con mala intención —le respondí amistosamente.
Andrew asintió con la cabeza, se despidió y se fue. Sebas, que tenía la siguiente clase conmigo, me estaba esperando unos metros más adelante.