A todas las personas que alguna vez sintieron que no encajaban en el molde que el mundo parecía exigir.
A quienes han escuchado comentarios que intentaban reducir su valor a una apariencia, a un número o a una etiqueta.
A quienes han tenido que aprender a caminar con la cabeza en alto incluso cuando las miradas parecían pesar más que los pasos.
Esta historia es para ustedes.
Para quienes siguen soñando, aun cuando alguien les dijo que no podían.
Para quienes se levantan una y otra vez, incluso después de caer.
Y, sobre todo, para quienes están aprendiendo —cada día— que su valor nunca ha estado en la aprobación de otros, sino en la valentía de ser quienes realmente son.
Con cariño y esperanza,
Milenoska Berroterán