🙂🙂
El lunes a las seis de la mañana la pista estaba tan vacía que parecía abandonada.
Valeria llegó bostezando, con el cabello aún medio húmedo y la mochila colgando de un hombro.
—Llegas dos minutos tarde.
La voz de Adrián salió desde el centro de la pista.
Valeria miró el reloj de su celular.
6:02.
Lo miró a él.
—¿Estamos en el ejército o en un entrenamiento?
Adrián no cambió de expresión.
—En el alto rendimiento dos minutos marcan la diferencia.
Valeria empezó a ponerse los patines.
—Claro —murmuró—. Seguro que la historia del deporte está llena de campeones que perdieron por dos minutos.
Adrián la miró.
—Por dos segundos, en realidad.
Valeria levantó la cabeza.
—Bueno… eso suena mucho más dramático.
Cuando terminó de amarrarse los patines notó que no estaba sola.
Las demás patinadoras estaban alineadas.
Entre ellas estaba Daniela Rivas.
Perfecta postura. Uniforme impecable. Mirada claramente molesta.
Daniela habló primero.
—Pensé que el equipo nacional entrenaba con disciplina.
Valeria se levantó.
—Yo también pensé que el café de la mañana quitaba el mal humor, pero aquí estamos.
Varias chicas intentaron esconder la risa.
Daniela la fulminó con la mirada.
Adrián levantó la mano.
—Silencio.
El ambiente volvió a ponerse serio.
—Hoy evaluaremos resistencia —dijo Adrián.
Valeria suspiró.
—Qué alegría.
—Van a patinar hasta que yo diga.
Valeria frunció el ceño.
—Esa es una instrucción muy vaga.
—Es intencional.
La prueba comenzó.
Diez vueltas.
Quince.
Veinte.
El aire frío quemaba los pulmones de Valeria mientras empujaba con fuerza contra la pista.
Treinta vueltas.
Una de las chicas se detuvo.
Otra se dejó caer en el borde.
Valeria pasó junto a Adrián.
—Esto empieza a parecer castigo.
—Empieza —respondió él.
Valeria resopló.
—Genial.
Treinta y cinco vueltas.
Daniela seguía adelante.
Valeria también.
Cuarenta vueltas.
Cuando Adrián finalmente levantó la mano, varias patinadoras se dejaron caer en el suelo.
Valeria redujo la velocidad hasta detenerse.
Respiraba como si acabara de correr un maratón.
Pero seguía de pie.
Adrián caminó hacia ella.
—Interesante.
Valeria lo miró.
—Si va a decir que aún no es suficiente, al menos déjeme fingir que estoy sorprendida.
Adrián la observó durante unos segundos.
—Pensé que te rendirías antes.
Valeria se limpió el sudor de la frente.
—Yo pensé que usted sonreía menos.
Adrián arqueó una ceja.
—¿Eso fue un intento de humor?
—Fue un intento de sobrevivir.
Adrián soltó una pequeña risa.
Fue breve.
Pero Valeria la vio.
Y por un segundo pensó que quizá ese hombre no era tan insoportable como parecía.
Desde el otro lado de la pista, Daniela observaba la escena con evidente molestia.
Valeria siguió respirando profundamente.
Luego miró a Adrián.
—Entonces… ¿sobreviví al primer día?
Adrián cruzó los brazos.
—Digamos que aún no estás despedida.
Valeria sonrió.
—Qué alivio. Ya estaba empezando a imaginar mi carrera como comentarista deportiva.