La chica que rompió la pista

Capítulo 5: Un sabotaje muy poco elegante

😘😘😘😘

El entrenamiento de esa tarde empezó… sospechosamente tranquilo.

Lo cual, para Valeria, era una señal clara de que algo malo estaba por pasar.

Estaba ajustando sus patines cuando Camila se inclinó hacia ella.

—Tengo una teoría.

—Eso nunca empieza bien —respondió Valeria.

—Daniela está planeando algo.

Valeria suspiró.

—Camila, Daniela siempre está planeando algo.

—No, en serio.

Camila señaló discretamente hacia el otro lado de la pista.

Daniela estaba hablando con dos de las patinadoras del equipo.

Las tres miraron hacia Valeria al mismo tiempo.

Y luego apartaron la mirada demasiado rápido.

Valeria arqueó una ceja.

—Oh.

Camila cruzó los brazos.

—¿Ves?

—Sí.

Valeria terminó de ajustar el último cordón.

—Definitivamente van a hacer algo estúpido.

Camila la miró.

—¿Eso no te preocupa?

Valeria se levantó.

—No demasiado.

—¿Por qué?

Valeria se encogió de hombros.

—Porque la gente que planea sabotajes suele olvidarse de algo importante.

—¿Qué cosa?

Valeria sonrió.

—Que yo también puedo ser un desastre.

Camila no entendió.

Pero lo entendería pronto.

Adrián apareció en la pista con su habitual expresión seria.

—Hoy trabajaremos técnica de curvas.

Las patinadoras comenzaron a colocarse en posición.

Valeria empujó contra el suelo y empezó a rodar.

Primera vuelta.

Segunda vuelta.

Todo parecía normal.

Hasta que entró en la tercera curva.

Algo se sintió raro.

Las ruedas patinaron ligeramente.

Valeria frunció el ceño.

¿Qué…?

Intentó corregir el equilibrio.

Pero el suelo estaba demasiado resbaloso.

—¡Cuidado! —gritó alguien.

Valeria perdió el control.

Sus patines se cruzaron.

Y un segundo después…

—¡AH!

Valeria se deslizó por la pista como una pelota humana con ruedas.

Atravesó media curva.

Golpeó suavemente el borde de seguridad.

Y terminó sentada en el suelo.

Silencio.

Luego…

Camila empezó a reír.

—Lo siento —dijo entre risas—. Pero fue increíble.

Valeria se quedó sentada un momento.

Luego levantó la cabeza.

—¿Estoy viva?

—Sí —respondió Camila.

—Bien.

Valeria miró la pista.

Había un pequeño charco transparente justo donde había perdido el control.

Agua.

O algo parecido.

Valeria suspiró.

—Qué original.

Desde el otro lado de la pista, Daniela intentaba parecer inocente.

No lo lograba.

Adrián caminó hacia Valeria.

—¿Estás bien?

Valeria miró sus manos.

Sus codos.

Sus patines.

—Creo que mi dignidad sufrió una lesión grave.

Adrián extendió una mano para ayudarla a levantarse.

Valeria dudó un segundo.

Luego la tomó.

Cuando se puso de pie, Adrián observó el suelo.

—¿Agua?

Valeria siguió su mirada.

—O alguien decidió que hoy era buen día para limpiar la pista.

Adrián levantó la vista.

Sus ojos se movieron lentamente hacia Daniela.

Ella tragó saliva.

Valeria se inclinó un poco hacia Adrián.

—Le apuesto cinco dólares a que esto no estaba aquí hace cinco minutos.

Adrián no respondió.

Pero su expresión se volvió ligeramente más fría.

Valeria se sacudió el uniforme.

—Bueno.

Camila la miró.

—¿Bueno?

Valeria sonrió.

—Si alguien quiere jugar sucio…

Se volvió a poner en posición sobre los patines.

—Entonces supongo que tendré que ganar de todos modos.

Adrián la observó.

—La pista sigue resbalosa.

Valeria inclinó la cabeza.

—Entonces será más divertido.

Camila murmuró:

—Está loca.

Valeria empezó a rodar otra vez.

Entró en la curva con cuidado.

El suelo seguía traicionero.

Pero esta vez estaba preparada.

Ajustó su equilibrio.

Cambió la presión de las ruedas.

Y salió de la curva sin caer.

Una vuelta.

Otra.

Daniela la miraba con incredulidad.

Valeria pasó junto a ella.

—Gracias por el desafío —dijo con una sonrisa—. Hace el entrenamiento más interesante.

Daniela apretó los dientes.

Desde el centro de la pista, Adrián cruzó los brazos.

Había entrenado atletas durante años.

Había visto talento.

Disciplina.

Incluso arrogancia.

Pero lo que veía en Valeria era algo diferente.

Resistencia.

No solo física.

Algo mucho más difícil de romper.

Y por alguna razón…

cada vez le resultaba más difícil apartar los ojos de ella.

Valeria completó la vuelta y frenó frente a él.

—Entonces, entrenador.

Adrián la miró.

—¿Sobreviví al sabotaje?

Adrián hizo una pausa.

Luego dijo:

—Por ahora.

Valeria sonrió.

—Perfecto.

Se inclinó un poco hacia él.

—Porque apenas estoy calentando.

Desde el otro lado de la pista, Daniela entendió algo que no le gustó en absoluto.

Valeria Cruz no iba a ser fácil de eliminar.

🔥



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En el texto hay: romance odio humor

Editado: 27.03.2026

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