La chica que rompió la pista

Capítulo 8: Bromas que pesan

El pasillo detrás de la pista estaba lleno de periodistas.

Valeria apenas había terminado de quitarse el casco cuando Camila apareció saltando como si hubiera ganado la carrera ella misma.

—¡Ganaste!

Valeria levantó las manos dramáticamente.

—Lo sé. Todavía estoy esperando que alguien venga a decirme que fue un error administrativo.

Camila rió.

—No puedo creerlo.

—Yo sí —dijo Valeria—. He estado practicando toda mi vida para este momento.

Camila la miró.

—¿Practicar qué?

Valeria señaló a los periodistas.

—Sonreír mientras me hacen preguntas incómodas.

Como si el universo hubiera escuchado, un periodista se acercó inmediatamente.

—Valeria, ¿podemos hacerle unas preguntas?

Valeria suspiró.

—Claro.

Camila susurró:

—Recuerda respirar.

Valeria caminó hacia el pequeño grupo de reporteros.

Los flashes comenzaron de inmediato.

Una periodista habló primero.

—Valeria, hoy sorprendiste al público otra vez. ¿Crees que estás demostrando que los críticos estaban equivocados?

Valeria pensó un segundo.

—Creo que los críticos están muy ocupados buscando nuevas cosas que criticar.

Algunos periodistas rieron.

Otro levantó la mano.

—Muchos comentan que tu historia es inspiradora porque rompes el estereotipo físico del deporte.

Valeria sonrió.

—Bueno, siempre quise ser inspiradora.

—¿Por qué?

Valeria se encogió de hombros.

—Porque ser millonaria parecía más complicado.

Las risas volvieron.

Desde el fondo del pasillo, Adrián observaba la escena.

Parecía relajada.

Natural.

Como si todo fuera fácil para ella.

Pero él sabía que no lo era.

Entonces apareció Daniela.

—¿Puedo decir algo?

La periodista se giró hacia ella inmediatamente.

Daniela sonrió con elegancia.

—Creo que es maravilloso que el deporte esté abriéndose a todo tipo de atletas.

Valeria inclinó ligeramente la cabeza.

Eso no suena bien.

Daniela continuó.

—Aunque también debemos recordar que el alto rendimiento exige ciertos estándares físicos muy específicos.

El ambiente se volvió incómodo.

Valeria mantuvo la sonrisa.

—Claro.

Daniela la miró.

—A veces la pasión no es suficiente.

Algunos periodistas dejaron de escribir.

Valeria sintió algo familiar en el pecho.

Esa sensación vieja.

La que aparecía cada vez que alguien decía lo que realmente pensaba.

Por un segundo recordó algo.

Tenía doce años.

Primer día en un club de patinaje.

Una madre mirando a su hija y diciendo en voz alta:

—¿Seguro que puede correr con ese cuerpo?

Valeria volvió al presente.

La sonrisa seguía en su rostro.

—Bueno —dijo—. Supongo que es cierto.

Daniela parpadeó.

—¿Perdón?

Valeria levantó una mano.

—La pasión no es suficiente.

Hizo una pausa.

—Por eso también entreno como una loca.

Algunos periodistas rieron otra vez.

Pero Daniela no había terminado.

—Solo digo que el deporte profesional es muy exigente.

Valeria la miró.

—Gracias por recordármelo.

Daniela inclinó la cabeza.

—No todos pueden mantenerse al nivel durante mucho tiempo.

El silencio cayó.

Valeria respiró profundo.

Luego dijo algo que salió antes de que pudiera detenerlo.

—Tiene razón.

Los periodistas se miraron entre sí.

Valeria bajó un poco la mirada.

—La mayoría de las personas no puede hacerlo.

Hizo una pausa.

—Por eso llevo toda mi vida intentando demostrar que sí puedo.

Esta vez nadie rió.

Desde el fondo del pasillo, Adrián sintió algo incómodo en el pecho.

Porque por primera vez vio algo que Valeria siempre ocultaba.

Cansancio.

Valeria levantó la cabeza de nuevo.

La sonrisa volvió.

—Pero no se preocupen.

Señaló la pista.

—Si un día dejo de poder correr…

Se encogió de hombros.

—Siempre puedo dedicarme a comentar carreras.

Los periodistas soltaron algunas risas nerviosas.

La tensión se rompió.

Daniela parecía molesta.

Adrián dio un paso hacia el grupo.

—Suficiente entrevistas por hoy.

Su tono era tranquilo.

Pero firme.

Los periodistas empezaron a dispersarse.

Valeria se giró para irse.

Adrián habló.

—Valeria.

Ella se detuvo.

—Sí, entrenador.

Adrián la observó unos segundos.

—Lo manejaste bien.

Valeria sonrió.

—Soy experta en sobrevivir situaciones incómodas.

Adrián notó algo.

Sus ojos.

La sonrisa estaba ahí.

Pero los ojos no.

—No tienes que demostrarle nada a Daniela.

Valeria lo miró.

—No estoy tratando de demostrarle algo a ella.

Adrián frunció el ceño.

—Entonces ¿a quién?

Valeria pensó un segundo.

Luego dijo algo en voz baja.

—A todo el mundo.

Hizo una pausa.

—Y a veces… a mí misma.

Adrián no supo qué decir.

Valeria volvió a sonreír.

—Bueno.

Se puso el casco bajo el brazo.

—Creo que voy a comer algo enorme para celebrar.

Camila apareció de la nada.

—¡Pizza!

Valeria levantó un dedo.

—Camila, tú sí sabes motivar a un atleta.

Las dos se alejaron riendo.

Adrián se quedó mirándola mientras se iba.

Y algo en su interior empezó a molestarle.

No la caída.

No el sabotaje.

No la carrera.

Lo que realmente le molestaba…

era que alguien la hubiera hecho sentir pequeña.

🔥



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En el texto hay: romance odio humor

Editado: 27.03.2026

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