La chica que rompió la pista

Capítulo 9: Cuando nadie está mirando

😌😌💘💖😘

El estadio estaba vacío.

Silencioso.

Las gradas que horas antes estaban llenas de gritos ahora parecían gigantes dormidos.

Solo se escuchaba un sonido.

Patines deslizándose sobre la pista.

Valeria dio otra vuelta.

Y otra.

Y otra.

El sudor caía por su frente, pero no se detenía.

—Una más —murmuró.

Sus piernas protestaban.

—Solo una más.

Empujó con fuerza.

El eco de sus patines resonaba en todo el estadio.

No había público.

No había cámaras.

No había periodistas.

Solo ella.

Y la voz que Daniela había dejado clavada en su cabeza.

"El deporte exige ciertos estándares físicos."

Valeria aceleró más.

—Cállate —susurró.

Dio otra vuelta.

Su respiración era pesada ahora.

Pero siguió.

Porque eso era lo que siempre hacía.

Seguir.

Aunque doliera.

Aunque nadie estuviera mirando.

Desde la entrada del estadio, Adrián se detuvo.

Había vuelto para recoger unos documentos que había olvidado en la oficina.

Pero lo que encontró fue otra cosa.

Valeria.

Entrenando.

Sola.

Frunció el ceño.

Miró el reloj.

Era tarde.

Muy tarde.

Valeria no lo había visto.

Seguía patinando.

Adrián observó algo que durante las competencias no era tan visible.

El esfuerzo.

Cada empuje.

Cada respiración.

Cada músculo trabajando.

No era talento natural.

Era trabajo.

Mucho trabajo.

Valeria frenó finalmente.

Apoyó las manos en sus rodillas.

Respirando fuerte.

—Genial —murmuró.

Se dejó caer sentada en la pista.

—Simplemente genial.

Adrián caminó hacia ella.

—Deberías estar descansando.

Valeria casi saltó del susto.

—¡Santo cielo!

Se giró.

—¿Usted siempre aparece como un fantasma o solo cuando quiere matarme del susto?

Adrián ignoró el comentario.

—Son las diez de la noche.

Valeria miró el reloj del estadio.

—Once, en realidad.

Adrián levantó una ceja.

—Eso no mejora la situación.

Valeria suspiró.

—No podía dormir.

Adrián cruzó los brazos.

—¿Por lo que pasó hoy?

Valeria hizo un gesto con la mano.

—¿Daniela? Nah.

Pausa.

—Bueno… un poco.

Adrián la observó.

Valeria sonrió con cansancio.

—No se preocupe.

Se levantó lentamente.

—He escuchado cosas peores.

Adrián habló con calma.

—Pero igual te afectó.

Valeria no respondió de inmediato.

Se quitó el casco.

—Cuando tenía doce años —dijo finalmente— un entrenador me dijo que nunca podría competir en serio.

Adrián la miró.

—¿Por qué?

Valeria hizo una mueca divertida.

—Porque según él mi cuerpo estaba más preparado para un buffet que para una pista.

Adrián frunció el ceño.

Valeria levantó las manos.

—Tranquilo.

Sonrió.

—No era muy creativo con los insultos.

Adrián notó algo.

Valeria contaba la historia riendo.

Pero no era una risa feliz.

—¿Y qué hiciste? —preguntó.

Valeria se encogió de hombros.

—Lo que hago siempre.

Señaló la pista.

—Entrenar más.

Adrián miró el suelo.

Luego la pista.

Luego a ella.

—Eso no debería ser necesario.

Valeria se inclinó ligeramente.

—Entrenador.

—Sí.

—Todo lo que vale la pena… normalmente lo es.

Adrián no respondió.

Valeria caminó hacia su botella de agua.

—Además —dijo— siempre quise demostrar algo.

—¿Qué cosa?

Valeria lo miró.

Sus ojos estaban cansados.

Pero firmes.

—Que mi cuerpo no es un obstáculo.

Pausa.

—Es el vehículo que me trajo hasta aquí.

Adrián se quedó en silencio.

Luego dijo algo inesperado.

—¿Quieres correr otra vuelta?

Valeria parpadeó.

—¿Qué?

Adrián caminó hacia la pista.

—Una vuelta más.

Valeria lo miró como si hubiera perdido la cabeza.

—Entrenador.

—Sí.

—Usted no patina.

Adrián se encogió de hombros.

—Puedo intentar.

Valeria lo observó unos segundos.

Luego comenzó a reír.

—Esto… esto tengo que verlo.

Cinco minutos después.

Adrián estaba de pie en la pista.

Con patines.

Mirando el suelo como si fuera un enemigo.

Valeria cruzó los brazos.

—¿Está seguro?

Adrián intentó dar un paso.

Casi se cae.

Valeria se tapó la boca para no reír.

—Oh Dios.

Adrián la miró.

—Ni una palabra.

Valeria levantó un dedo.

—Esto definitivamente va en mi autobiografía.

Adrián dio otro paso.

Más estable esta vez.

Valeria lo observó.

Y por primera vez en todo el día…

rió de verdad.

Adrián finalmente logró deslizarse unos metros.

Se detuvo.

—Bien.

Valeria lo miró.

—Eso fue… sorprendentemente decente.

Adrián se quitó los patines.

—No te acostumbres.

Valeria inclinó la cabeza.

—Gracias.

Adrián frunció el ceño.

—¿Por qué?

Valeria sonrió.

—Porque logró que por cinco minutos dejara de pensar en lo que dijo Daniela.

Adrián la miró con seriedad.

—No importa lo que diga Daniela.

Valeria levantó una ceja.

—¿No?

Adrián negó con la cabeza.

—Lo único que importa…

miró la pista.

—es lo que haces aquí.

Valeria lo observó unos segundos.

Luego dijo en voz baja:

—Entonces supongo que tengo que seguir corriendo.

Adrián respondió sin dudar.

—Exacto.

Valeria sonrió.

—Bueno.

Se puso el casco otra vez.

—Una última vuelta.

Adrián levantó una ceja.

—¿Otra más?

Valeria empezó a patinar.

—Entrenador.

—Sí.

—Las personas como yo no llegamos lejos porque somos talentosas.



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En el texto hay: romance odio humor

Editado: 27.03.2026

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