La chica que rompió la pista

Capítulo 10: Sospechas peligrosas

🙄🫢🤫🤫🤫

El entrenamiento del día siguiente comenzó como cualquier otro.

Lo cual, en el equipo de Adrián, significaba sufrimiento colectivo.

—Otra vuelta —ordenó Adrián.

El equipo soltó un gemido general.

Camila levantó la mano.

—Entrenador, creo que mi espíritu acaba de abandonar mi cuerpo.

Adrián no levantó la vista de su cronómetro.

—Tu espíritu puede reincorporarse en la siguiente vuelta.

Valeria rió mientras se inclinaba para ajustar sus patines.

—No te preocupes —le dijo a Camila—. Si mueres aquí, prometo contar tu historia.

Camila la miró.

—¿La contarías bien?

Valeria pensó un momento.

—Probablemente exageraría algunas partes para que parezcas más heroica.

Camila suspiró.

—Aceptable.

Adrián levantó la mirada.

—¿Terminaron de hablar?

Camila y Valeria respondieron al mismo tiempo.

—No.

Adrián señaló la pista.

—Entonces hablen mientras corren.

Los patinadores volvieron a salir.

El ritmo del entrenamiento era duro.

Pero había algo diferente ese día.

El equipo lo notó.

Primero fue Diego quien lo dijo.

—Oigan…

Camila lo miró.

—¿Qué?

Diego inclinó la cabeza hacia Adrián.

—¿Soy yo o el entrenador está mirando mucho a Valeria?

Valeria casi se tropieza.

—¿Qué?

Camila miró hacia la baranda.

Adrián estaba observando.

Serio.

Con el cronómetro en la mano.

Camila volvió a mirar a Valeria.

—Oh.

Valeria levantó una mano.

—No empiecen.

Diego sonrió.

—Estoy empezando.

—No hay nada que empezar —dijo Valeria.

Camila sonrió lentamente.

—Pero sí hay algo que notar.

Valeria suspiró.

—Por favor díganme que no van a inventar teorías conspirativas.

Diego levantó tres dedos.

—Teoría uno: el entrenador quiere que ganes el campeonato.

Camila levantó un dedo.

—Teoría dos: eres su proyecto favorito.

Diego levantó el último dedo.

—Teoría tres…

Valeria lo miró con advertencia.

—Ni se te ocurra.

Diego sonrió.

—El entrenador está enamorado de ti.

Valeria casi se cae.

—¡¿Qué?!

Camila estalló en carcajadas.

—Diego, te van a expulsar del equipo.

Valeria negó con la cabeza.

—Eso es ridículo.

Diego se encogió de hombros.

—Solo digo lo que veo.

Valeria miró hacia Adrián.

Justo en ese momento él levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron.

Valeria giró inmediatamente.

—Estoy ignorando esta conversación.

Camila se inclinó hacia ella.

—Pero lo miraste.

—Porque él me miró primero.

—Exacto.

Valeria frunció el ceño.

—Eso no significa nada.

Diego sonrió.

—Significa que tenemos material.

En ese momento Adrián habló desde la baranda.

—Valeria.

Ella se detuvo.

—Sí, entrenador.

Adrián señaló la pista.

—Tu postura en las curvas está bajando.

Valeria levantó las manos.

—¡Lo sabía!

Camila la miró.

—¿Qué sabías?

—Que me estaba mirando por razones deportivas.

Diego suspiró dramáticamente.

—Qué decepción.

Valeria volvió a la pista.

Mientras corría, Daniela apareció al otro lado del estadio.

Observando.

Sus ojos siguieron cada movimiento de Valeria.

Cada risa con el equipo.

Cada corrección de Adrián.

Daniela cruzó los brazos.

Había algo que no le gustaba.

Y no era solo que Valeria estuviera ganando carreras.

Era que empezaba a ganar algo más.

Respeto.

Del equipo.

Del público.

Y lo que más le molestaba…

del entrenador.

Daniela murmuró para sí misma:

—Esto se acabará pronto.

Mientras tanto, Valeria terminó su vuelta.

Se acercó a la baranda.

—¿Así está mejor la curva?

Adrián asintió.

—Mucho mejor.

Valeria sonrió.

—Excelente.

Se apoyó en la baranda.

—Entonces puedo anunciar oficialmente que sigo siendo mediocre, pero con mejor técnica.

Adrián casi sonrió.

Casi.

—Sigues mejorando.

Valeria lo miró con sorpresa.

—Eso sonó sospechosamente a elogio.

Adrián levantó una ceja.

—No te acostumbres.

Valeria rió.

Desde la pista, Camila gritó:

—¡Yo escuché eso!

Diego añadió:

—¡Lo anoté en mi calendario!

Valeria se giró hacia ellos.

—¡Traidores!

Adrián negó con la cabeza.

Pero mientras el equipo reía…

no pudo evitar notar algo.

Por primera vez en mucho tiempo, el entrenamiento no se sentía pesado.

Y en gran parte…

era por Valeria.

Sin embargo, desde la entrada del estadio…

Daniela seguía observando.

Con una sonrisa fría.

Porque ya estaba planeando algo.

Algo que no se resolvería con humor.

---



#3349 en Novela romántica
#1004 en Otros
#389 en Humor

En el texto hay: romance odio humor

Editado: 27.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.