😪😔💔
El entrenamiento terminó más tarde de lo normal.
El equipo estaba exhausto.
Camila prácticamente se dejó caer en el suelo.
—Si alguien necesita mi ayuda… —dijo dramáticamente— estaré muerta en esa esquina.
Diego levantó una botella de agua.
—Confirmo el fallecimiento.
Valeria rió mientras se quitaba los patines.
—Qué equipo tan dramático tengo.
Camila la miró.
—¿Dramático?
Señaló a Adrián, que revisaba su libreta.
—Nuestro entrenador es básicamente una nube de tormenta con cronómetro.
Diego añadió:
—Estoy convencido de que sonríe solo dos veces al año.
Valeria levantó una ceja.
—Yo ya vi una.
Camila abrió los ojos.
—¿QUÉ?
Diego casi se atragantó.
—Eso es información importante.
Valeria levantó las manos.
—Fue microscópica, pero existió.
Desde la baranda, Adrián habló sin levantar la mirada.
—Si ya terminaron el debate, pueden recoger el equipo.
Camila susurró:
—¿Ven? Nube de tormenta.
El equipo empezó a salir poco a poco del estadio.
Valeria fue una de las últimas en quedarse.
Estaba guardando sus cosas cuando escuchó voces cerca de la oficina.
Se detuvo.
La puerta estaba entreabierta.
Dentro estaba Adrián.
Y otro hombre.
Probablemente un organizador del campeonato.
—No estoy seguro de que sea buena idea —decía el hombre.
Adrián respondió con tono firme.
—Está lista.
Valeria frunció el ceño.
—El campeonato nacional es otra cosa —continuó el hombre—. La presión es enorme.
Valeria se congeló.
**Campeonato nacional.**
Adrián habló otra vez.
—Confío en ella.
El hombre suspiró.
—Adrián…
—No la subestimes.
Hubo un pequeño silencio.
Luego el hombre dijo algo que Valeria no esperaba escuchar.
—No quiero que vuelva a pasar lo de hace tres años.
Valeria vio cómo Adrián se tensaba.
—No pasará.
—Eso dijiste antes.
El silencio que siguió fue pesado.
Finalmente el hombre se fue.
La puerta se abrió.
Adrián salió… y se encontró con Valeria.
Ella levantó una mano torpemente.
—Hola.
Adrián frunció el ceño.
—¿Escuchaste?
Valeria hizo una mueca.
—No mucho.
Pausa.
—Solo lo suficiente para darme un mini ataque de ansiedad.
Adrián suspiró.
—No era algo que necesitabas escuchar ahora.
Valeria se apoyó contra la pared.
—¿Hace tres años qué pasó?
Adrián no respondió de inmediato.
Sus ojos se movieron hacia la pista.
—Tenía otra atleta.
Valeria escuchaba en silencio.
—Era la mejor del país.
Pausa.
—La presioné demasiado.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué pasó?
Adrián habló con voz baja.
—Se lesionó en una carrera importante.
Valeria sintió algo en el pecho.
—¿Grave?
Adrián asintió lentamente.
—Su carrera terminó ese día.
El silencio cayó entre ellos.
Valeria miró la pista.
—Entonces ahora entiendo.
Adrián la miró.
—¿Qué cosa?
Valeria se encogió de hombros.
—Por qué es tan… intenso.
Adrián casi sonrió.
—¿Intenso?
Valeria levantó una ceja.
—Entrenador, usted mide las vueltas como si estuviera cronometrando el fin del mundo.
Adrián soltó una pequeña risa.
Muy pequeña.
Valeria lo notó.
—¡Ahí está otra!
Adrián negó con la cabeza.
—No te emociones.
Valeria respiró profundo.
—Entonces…
miró la pista otra vez.
—¿Tiene miedo de que me pase algo?
Adrián no respondió.
Pero no necesitaba hacerlo.
Valeria lo entendió.
Y por alguna razón…
eso le dolió un poco.
Porque significaba que él no solo veía su potencial.
También veía el riesgo.
Valeria rompió el silencio.
—Bueno.
Se puso la mochila.
—Prometo no romperme.
Adrián la miró con seriedad.
—No es una broma.
Valeria levantó las manos.
—Lo sé.
Sus ojos se suavizaron un poco.
—Pero si no bromeo… empiezo a preocuparme.
Adrián la observó unos segundos.
Luego dijo algo que la sorprendió.
—Vas a correr el campeonato nacional.
Valeria parpadeó.
—¿Qué?
Adrián cruzó los brazos.
—Te lo ganaste.
Valeria abrió la boca.
Luego la cerró.
Luego volvió a abrirla.
—Creo que mi cerebro acaba de reiniciarse.
Adrián casi sonrió otra vez.
Valeria lo miró con incredulidad.
—¿El campeonato nacional?
—Sí.
Valeria se llevó una mano al pecho.
—Genial.
Adrián levantó una ceja.
—¿Genial?
Valeria respiró profundo.
—Sí.
Pausa.
—Genialmente aterrador.
Adrián habló con calma.
—Confío en ti.
Valeria lo miró.
Y por primera vez en todo el día…
no tuvo una broma lista.
Porque esas palabras…
pesaban más que cualquier comentario de Daniela.
—Entonces supongo —dijo finalmente— que será mejor que entrene aún más.
Adrián asintió.
—Exacto.
Valeria caminó hacia la salida.
Pero antes de irse se giró.
—Entrenador.
—Sí.
Valeria sonrió.
—Si gano… quiero pizza gratis.
Adrián suspiró.
—Eso no estaba en el contrato.
Valeria abrió la puerta.
—Entonces tenemos que renegociar.
Y salió riendo del estadio.
Adrián la observó irse.
Pensando algo que lo inquietaba.
Porque si Valeria caía…
no estaba seguro de poder soportarlo otra vez.
---
🔥💔 ❤️