La chica que rompió la pista

Capítulo 13: Cuando el miedo aparece

🫢🫢🫢

El consultorio médico del estadio olía a desinfectante.

Valeria estaba sentada en la camilla, mirando su tobillo vendado.

—Bueno —dijo finalmente—. No es la decoración que imaginaba para mi tarde.

Camila estaba sentada en una silla cercana.

—Podría ser peor.

Valeria levantó una ceja.

—¿Cómo?

Camila pensó un segundo.

—Podrías haberte roto los dos tobillos.

Valeria la miró.

—Tu optimismo es verdaderamente inspirador.

Diego apareció en la puerta.

—Traje hielo.

Valeria levantó una mano dramáticamente.

—Gracias por salvar mi carrera deportiva.

Diego dejó la bolsa en la mesa.

—No fue nada.

Pausa.

—Además, si te retirabas ahora perderíamos la oportunidad de verte ganar el campeonato nacional.

Valeria se quedó quieta.

Ese comentario volvió a traer el peso de la realidad.

El campeonato.

Adrián entró al consultorio en ese momento.

—El médico dice que es un esguince.

Todos lo miraron.

—¿Grave? —preguntó Camila.

Adrián negó con la cabeza.

—No.

Valeria respiró con alivio.

—Pero —continuó Adrián— necesitarás descanso.

Valeria suspiró.

—Ahí viene la parte que no me gusta.

Adrián cruzó los brazos.

—Unos días sin patinar.

Valeria lo miró horrorizada.

—¿Unos días?

Camila murmuró:

—Esto no terminará bien.

Valeria levantó una mano.

—Entrenador, con todo respeto…

Adrián levantó una ceja.

—Nunca me gusta cuando empiezas así.

Valeria continuó.

—El campeonato nacional está cerca.

—Lo sé.

—No puedo detenerme ahora.

Adrián respondió con calma.

—No puedes correr con un tobillo lesionado.

Valeria suspiró frustrada.

—Pero…

Se detuvo.

Por primera vez en mucho tiempo, no tenía una respuesta graciosa.

El silencio se volvió incómodo.

Finalmente Diego habló.

—Creo que deberíamos darle espacio.

Camila asintió.

—Sí.

Los dos salieron del consultorio.

La puerta se cerró.

Ahora solo estaban Adrián y Valeria.

Ella miraba el suelo.

—Lo siento.

Adrián frunció el ceño.

—¿Por qué?

Valeria se encogió de hombros.

—Porque seguramente está pensando que soy un riesgo.

Adrián no respondió de inmediato.

Valeria soltó una pequeña risa sin humor.

—Ya escuché la historia.

Adrián la miró.

—¿Qué historia?

—La atleta que se lesionó.

Silencio.

Valeria levantó la mirada.

—No quiero ser otro error en su carrera.

Esas palabras golpearon más fuerte de lo que ella imaginaba.

Adrián se acercó un poco.

—No eres un error.

Valeria bajó la mirada.

—Pero soy un riesgo.

Adrián suspiró.

—Todos los atletas lo son.

Valeria se quedó callada.

Sus dedos jugaban con la venda de su tobillo.

—¿Sabes qué es lo peor? —dijo finalmente.

Adrián esperó.

—Que por un segundo pensé que todo había terminado.

Su voz era baja.

Honesta.

—Cuando caí… pensé: “ahí está”.

Pausa.

—La prueba de que todos tenían razón.

Adrián negó lentamente con la cabeza.

—Nadie tenía razón.

Valeria lo miró.

Adrián continuó:

—Te caíste.

Señaló la pista visible desde la ventana.

—Eso le pasa a todos los atletas.

Valeria suspiró.

—Pero no todos los atletas escuchan durante años que no deberían estar aquí.

El silencio volvió.

Adrián la observó unos segundos.

Luego dijo algo que no había planeado decir.

—Cuando te vi caer…

Valeria levantó la mirada.

—¿Sí?

Adrián habló con honestidad.

—Pensé que iba a perder a mi mejor atleta.

Valeria parpadeó.

—¿Su mejor atleta?

Adrián asintió.

—Sí.

Valeria tardó unos segundos en procesarlo.

Luego sonrió un poco.

—Eso sonó sospechosamente a cumplido.

Adrián suspiró.

—No lo repitas mucho.

Valeria dejó escapar una pequeña risa.

—Trato hecho.

Pausa.

—Pero sigo odiando la parte donde no puedo entrenar.

Adrián se encogió de hombros.

—Es temporal.

Valeria lo miró.

—¿Y si pierdo el ritmo?

—No lo harás.

—¿Y si Daniela gana?

Adrián respondió sin dudar.

—Entonces entrenaremos más fuerte.

Valeria lo observó.

—¿Siempre tiene un plan?

Adrián casi sonrió.

—Intento tenerlo.

Valeria apoyó la espalda contra la pared.

—Bueno.

Respiró profundo.

—Supongo que descansaré.

Adrián asintió.

—Es lo más inteligente.

Valeria lo miró.

—No le cuente a nadie que dije eso.

Adrián se levantó.

—Tu secreto está a salvo.

Valeria lo observó dirigirse hacia la puerta.

—Entrenador.

Adrián se detuvo.

—¿Sí?

Valeria sonrió ligeramente.

—Gracias por no rendirse conmigo.

Adrián la miró unos segundos.

Luego respondió con calma.

—Nunca fue una opción.

Y salió del consultorio.

Valeria se quedó sola.

Mirando su tobillo vendado.

Pensando algo que no quería admitir.

Ahora el campeonato nacional ya no parecía solo emocionante.

También daba miedo.

Pero por primera vez en mucho tiempo…

no estaba completamente sola en esa batalla.

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En el texto hay: romance odio humor

Editado: 04.04.2026

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