La chica que rompió la pista

Capítulo 16: Cara a cara

El rumor no tardó en llegar al estadio.

Para cuando Valeria cruzó la puerta esa tarde, ya lo sabía todo el mundo.

No era difícil notarlo.

Las miradas.

Los murmullos.

Dos atletas del equipo juvenil dejaron de hablar cuando ella pasó cerca.

Valeria siguió caminando como si nada.

Porque esa había sido siempre su estrategia.

Si fingía que no dolía…

a veces el dolor se hacía más pequeño.

—O al menos más manejable —murmuró para sí misma.

Camila apareció corriendo desde el otro lado del pasillo.

—¡Valeria!

—Hola.

Camila la observó con atención.

—¿Estás bien?

Valeria levantó una ceja.

—Definamos “bien”.

Camila suspiró.

—Quiero golpear a Daniela.

—Toma un número —respondió Valeria.

Diego apareció detrás de ellas.

—El entrenador está furioso.

Valeria frunció el ceño.

—Eso suena preocupante.

—No contigo —aclaró Diego—. Con la situación.

Camila murmuró:

—Es la primera vez que lo veo así.

Valeria no respondió.

Porque justo en ese momento Daniela entró al estadio.

Como si el universo tuviera un extraño sentido del timing.

Daniela caminaba tranquila.

Segura.

Como si el caos que estaba ocurriendo no tuviera nada que ver con ella.

Sus ojos se cruzaron con los de Valeria.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Buenos días.

Valeria cruzó los brazos.

—Hola.

Camila murmuró:

—Esto va a ser incómodo.

Diego añadió:

—Voy a fingir que no estoy aquí.

Pero nadie se movió.

Daniela se acercó unos pasos.

—Vaya —dijo con un tono ligero—. Parece que te has vuelto muy famosa.

Valeria inclinó la cabeza.

—No recuerdo haber pedido publicidad.

Daniela sonrió.

—La fama llega cuando uno menos la espera.

Camila dio un paso adelante.

—¿Sabes qué también llega cuando uno menos lo espera?

Daniela la miró.

—¿Qué?

Camila apretó los puños.

—Las consecuencias.

Valeria puso una mano en el brazo de Camila.

—Tranquila.

Daniela soltó una pequeña risa.

—Oh, por favor.

Miró a Valeria.

—No estarás insinuando que yo tuve algo que ver con ese artículo.

Valeria la observó unos segundos.

—No.

Daniela levantó una ceja.

—¿No?

Valeria continuó con calma.

—Estoy diciendo que te beneficia.

El silencio cayó entre ellas.

Daniela cruzó los brazos.

—La gente solo está haciendo preguntas.

Valeria respondió:

—La gente cree lo que le das para creer.

Daniela inclinó la cabeza.

—Entonces demuéstrales que están equivocados.

Valeria dio un pequeño paso adelante.

—Eso planeo.

Daniela sonrió de nuevo.

—Espero que lo logres.

Pausa.

—Sería una pena que todo este favoritismo terminara en una derrota.

Camila abrió la boca.

Pero una voz firme interrumpió antes.

—Eso es suficiente.

Todos miraron hacia la pista.

Adrián estaba allí.

Con una expresión que hacía que incluso el aire pareciera más pesado.

Caminó lentamente hacia el grupo.

Sus ojos se detuvieron en Daniela.

—Este es un lugar de entrenamiento.

Su voz era baja.

Pero contundente.

—No un escenario para rumores.

Daniela se encogió de hombros.

—Solo estaba conversando.

Adrián respondió sin levantar la voz.

—Entonces la conversación terminó.

El mensaje era claro.

Daniela lo entendió.

Pero antes de irse miró a Valeria.

—Nos vemos en la pista.

Y se alejó.

El silencio duró unos segundos.

Camila soltó el aire.

—Juro que algún día voy a gritarle.

Diego murmuró:

—Yo compraría boletos para ver eso.

Adrián miró a Valeria.

—¿Estás bien?

Valeria respiró profundo.

—He tenido mañanas mejores.

Adrián asintió.

—Ignora el ruido.

Valeria levantó una ceja.

—Internet no es muy bueno ignorando.

Adrián señaló la pista.

—Entonces deja que la pista responda.

Valeria lo miró.

Y por primera vez desde que apareció el rumor…

sintió algo diferente al enojo.

Determinación.

—Bueno —dijo finalmente.

Se inclinó para ajustar su venda.

—Entonces será mejor que me recupere rápido.

Adrián respondió con calma.

—Te recuperarás.

Valeria levantó la mirada.

—¿Tan seguro?

Adrián sostuvo su mirada.

—Sí.

Pausa.

—Porque aún no has terminado de demostrar lo que puedes hacer.

Valeria sonrió ligeramente.

—Tiene razón.

Camila levantó una mano.

—¿Podemos entrenar ahora?

Adrián miró al equipo.

—A la pista.

Los patinadores comenzaron a moverse.

Valeria se quedó un momento más en la grada.

Observando.

Pensando.

El rumor seguía allí.

La presión también.

Pero Daniela había cometido un error.

Uno muy grande.

Había convertido la carrera en algo personal.

Y Valeria nunca se rendía cuando algo se volvía personal.

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En el texto hay: romance odio humor

Editado: 04.04.2026

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