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Volver a la pista después de una lesión siempre era extraño.
Valeria lo sabía.
No era la primera vez que le ocurría.
Pero esta vez… era diferente.
Porque ahora no solo tenía que demostrar que podía volver.
Tenía que demostrar que **merecía estar allí**.
El estadio estaba casi vacío cuando llegó esa mañana.
El aire tenía ese olor familiar a goma de ruedas y metal frío que siempre le había gustado.
Para Valeria, ese olor significaba algo simple.
Hogar.
Se sentó en una de las gradas y empezó a colocarse los patines con cuidado.
Su tobillo todavía estaba vendado.
No dolía demasiado.
Pero tampoco estaba perfecto.
—Bueno —murmuró—. No todos podemos ser superhéroes.
—Algunos lo intentan demasiado.
Valeria levantó la cabeza.
Adrián estaba apoyado contra la baranda.
Observándola.
Valeria sonrió ligeramente.
—Buenos días, entrenador.
—Buenos días.
Adrián bajó lentamente las escaleras.
—¿Cómo está el tobillo?
Valeria movió el pie.
—En una escala del uno al diez…
Adrián levantó una ceja.
—¿Sí?
—Un siete con optimismo.
Adrián suspiró.
—Eso no es muy tranquilizador.
Valeria se puso de pie.
—La tranquilidad es aburrida.
Adrián la observó unos segundos.
—Hoy no vas a correr.
Valeria lo miró como si hubiera dicho algo absurdo.
—¿Perdón?
—Entrenamiento técnico solamente.
—Eso es peor que correr.
—Tu tobillo necesita recuperarse.
Valeria cruzó los brazos.
—Mi orgullo necesita entrenar.
Adrián no respondió.
Solo la miró.
Y Valeria supo inmediatamente que había perdido esa discusión antes de empezarla.
Suspiró.
—Está bien.
Pausa.
—Pero mañana sí corro.
Adrián negó con la cabeza.
—Veremos.
Valeria murmuró:
—Odio cuando dices eso.
Adrián casi sonrió.
En ese momento Camila entró al estadio.
—¡Buenos días, sobrevivientes del drama deportivo!
Valeria levantó una mano.
—Aquí estamos.
Camila bajó las escaleras rápidamente.
—Traigo noticias.
Diego apareció detrás de ella.
—Malas noticias.
Camila lo corrigió.
—Noticias irritantes.
Valeria suspiró.
—Nunca son buenas noticias cuando lo dices así.
Camila sacó su teléfono.
—El artículo del rumor… se volvió tendencia.
Valeria cerró los ojos un segundo.
—Genial.
Diego añadió:
—Pero hay algo más.
Camila levantó el teléfono y mostró la pantalla.
Era otra publicación.
Esta vez un video.
Daniela entrenando.
El título decía:
**“La verdadera favorita del campeonato responde a las críticas con entrenamiento duro.”**
Valeria parpadeó.
—¿En serio?
Camila asintió.
—Sí.
Diego murmuró:
—Es una guerra de relaciones públicas ahora.
Valeria miró el video unos segundos.
Luego devolvió el teléfono.
—Que haga lo que quiera.
Camila frunció el ceño.
—¿Eso es todo?
Valeria se encogió de hombros.
—¿Qué quieres que haga?
Camila abrió los brazos.
—¡Responder!
Valeria negó con la cabeza.
—No.
Diego preguntó:
—¿Por qué?
Valeria señaló la pista.
—Porque mi respuesta está allí.
Adrián asintió ligeramente.
Camila suspiró.
—Eres desesperantemente madura.
Valeria sonrió.
—No te acostumbres.
Los tres bajaron a la pista.
Valeria se apoyó en la baranda y empujó suavemente.
El movimiento fue lento.
Controlado.
Su tobillo respondió bien.
Adrián observaba atentamente.
—Solo técnica —recordó.
Valeria rodó los ojos.
—Sí, jefe.
Camila pasó junto a ella.
—¿Sabes qué sería divertido?
Valeria sospechó inmediatamente.
—No.
—Un pequeño reto.
—Definitivamente no.
Camila señaló la pista.
—Solo una vuelta.
Diego apareció.
—Yo cronometro.
Valeria levantó una mano.
—No voy a competir.
Camila sonrió.
—No con nosotros.
Valeria siguió su mirada.
Y entonces lo vio.
Daniela estaba entrando al estadio.
Como si la hubieran invocado.
Llevaba sus patines en la mano.
Y una expresión demasiado segura.
Caminó hacia la pista lentamente.
Sus ojos se detuvieron en Valeria.
—Buenos días.
Valeria respondió con calma.
—Hola.
Daniela miró el vendaje en su tobillo.
—Vaya.
Pausa.
—Pensé que tardarías más en volver.
Valeria respondió:
—Yo también pensé que tardarías más en entrenar después de subir ese video.
Camila tosió para ocultar una risa.
Daniela sonrió.
—La diferencia es que yo no necesito publicidad.
Valeria inclinó la cabeza.
—Claro.
Pausa.
—Solo títulos.
Daniela la miró fijamente.
Luego señaló la pista.
—¿Quieres una vuelta?
Camila susurró:
—Oh Dios mío.
Diego murmuró:
—Esto está pasando.
Valeria miró a Adrián.
Adrián negó lentamente.
—No.
Valeria volvió a mirar a Daniela.
Su corazón latía más rápido.
No por miedo.
Por desafío.
—Mi tobillo no está listo.
Daniela sonrió.
—Conveniente.
Valeria dio un paso hacia la pista.
—Pero pronto lo estará.
Daniela respondió:
—Estaré esperando.
El silencio volvió al estadio.
Y Valeria entendió algo.
La carrera contra Daniela ya había comenzado.
Incluso antes del campeonato.
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