Hay algo curioso sobre las competencias importantes.
No empiezan el día de la carrera.
Empiezan mucho antes.
Empiezan en los entrenamientos.
En los rumores.
En las miradas que algunos atletas intercambian cuando creen que nadie está observando.
Y esa mañana…
Valeria podía sentirlo en el aire.
El estadio estaba lleno.
No de público.
Sino de atletas.
El club organizaba una **carrera clasificatoria interna**, una especie de práctica competitiva que decidiría quiénes participarían en el evento previo al campeonato nacional.
Valeria se ajustó los guantes mientras observaba la pista.
Había más gente de lo normal.
Entrenadores.
Atletas de otros equipos.
Incluso un pequeño grupo de periodistas deportivos.
Camila apareció a su lado con una expresión dramática.
—Esto se siente ilegal.
Valeria levantó una ceja.
—¿Qué cosa?
Camila señaló alrededor.
—Demasiada gente mirando.
Diego apareció detrás de ellas.
—Demasiada presión.
Valeria respiró profundo.
—Perfecto.
Camila la miró.
—¿Perfecto?
Valeria sonrió.
—Si puedo correr con presión… puedo correr en cualquier lugar.
Diego levantó el pulgar.
—Eso fue inspirador.
Camila murmuró:
—Voy a fingir que lo dijo alguien más.
Valeria rió.
Pero en el fondo su corazón latía rápido.
Muy rápido.
Porque sabía algo.
Hoy no era una carrera cualquiera.
Era la primera vez que correría **después de su caída**.
Y la primera vez que muchos ojos estarían observándola.
Adrián apareció desde la pista.
—Diez minutos.
Valeria asintió.
—Entendido.
Adrián la miró con atención.
—¿Cómo está el tobillo?
Valeria respondió:
—Ansioso.
Adrián levantó una ceja.
—Eso no es una respuesta médica.
Valeria se encogió de hombros.
—Es la única que tengo.
Adrián la observó unos segundos más.
Luego asintió.
—Escucha.
Valeria lo miró.
Adrián habló con calma.
—No tienes que ganar hoy.
Camila susurró:
—Eso no suena como tú.
Adrián ignoró el comentario.
—Solo corre bien.
Valeria sostuvo su mirada.
—Lo haré.
Pero justo en ese momento…
una voz conocida interrumpió.
—Qué conmovedor.
Valeria cerró los ojos un segundo.
—Claro.
Daniela estaba detrás de ellos.
Vestida con su uniforme de competencia.
Su cabello recogido en una cola alta.
Y esa sonrisa segura que parecía decir que todo estaba bajo su control.
Camila murmuró:
—La villana ha llegado.
Diego añadió:
—Siempre justo a tiempo.
Daniela miró a Valeria.
—¿Lista para demostrar que no eres favoritismo?
Valeria sonrió.
—¿Lista para descubrir que sí soy competencia?
Daniela inclinó ligeramente la cabeza.
—Eso espero.
Pausa.
—Sería aburrido ganar demasiado fácil.
Valeria respondió:
—Entonces tendrás que esforzarte.
Daniela sostuvo su mirada unos segundos.
Luego se alejó hacia la zona de calentamiento.
Camila exhaló.
—Algún día voy a empujarla accidentalmente.
Diego levantó una mano.
—Yo no vi nada.
Adrián habló con firmeza.
—Concéntrense.
Valeria comenzó a calentar.
Estiramientos.
Movimientos suaves.
Respiración controlada.
Pero su mente estaba en otro lugar.
En Daniela.
En la caída.
En el campeonato.
Y también…
en Adrián.
Porque cada vez que lo miraba desde la pista…
notaba algo diferente en su expresión.
Más tensión.
Más atención.
Más preocupación de la que mostraba con otros atletas.
Camila lo notó también.
Se acercó a Valeria.
—Tengo una teoría.
Valeria suspiró.
—Siempre tienes una teoría.
Camila susurró:
—Creo que le gustas.
Valeria casi se atraganta con el aire.
—¡Camila!
Diego apareció.
—Yo apoyo esa teoría.
Valeria los miró.
—Están delirando.
Camila sonrió.
—Lo veremos.
Un silbato sonó en la pista.
—Atletas a la línea.
El corazón de Valeria comenzó a latir más fuerte.
Los competidores se alinearon.
Ocho patinadores.
Entre ellos…
Daniela.
Valeria tomó su posición.
Rodillas ligeramente flexionadas.
Manos listas.
Respiración lenta.
Adrián estaba a un lado de la pista.
Observando.
El silbato volvió a sonar.
—Tres vueltas.
Silencio.
El mundo parecía detenerse.
Luego…
el disparo de salida.
Los patinadores arrancaron.
El sonido de ruedas llenó el estadio.
Valeria salió fuerte.
No demasiado rápido.
Pero sólida.
Daniela tomó la delantera en la primera curva.
Valeria se mantuvo justo detrás.
El grupo se compactó.
El aire se llenó de tensión.
Primera vuelta.
Velocidad creciente.
Camila gritaba desde la grada.
—¡Vamos Valeria!
Diego gritaba tiempos.
—¡Estás segunda!
Valeria escuchaba apenas.
Su mente estaba en la pista.
Daniela miró hacia atrás brevemente.
Una sonrisa apareció.
Y aceleró.
Valeria respondió.
Más velocidad.
Más presión.
Segunda vuelta.
Las ruedas chirriaban en las curvas.
El público pequeño pero ruidoso gritaba.
El ritmo era intenso.
Valeria vio una apertura.
Un espacio entre dos corredores.
Se deslizó por allí.
Ahora estaba lado a lado con Daniela.
Las dos se miraron.
Daniela habló sin perder el ritmo.
—No está mal.
Valeria respondió.
—Aún no termino.
Última vuelta.
La velocidad era brutal ahora.
El corazón de Valeria golpeaba su pecho.