No sabía si cerrar la puerta o seguir hablando con él.
Una parte de mí quería hacerlo.
Otra quería salir corriendo.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Adrián me miró.
—Porque te conozco.
—Eso ya lo dijiste.
—Y tú no me recuerdas.
—No.
—Lo sé.
Su voz no tenía rabia.
Parecía triste.
Miré hacia la sala.
Mi madre seguía allí.
Pero ahora estaba hablando por teléfono.
—¿Ella puede verte? —pregunté.
Adrián negó con la cabeza.
—No.
—Entonces, ¿por qué está tan asustada?
—Porque puede sentir que algo está mal.
—¿Qué quieres decir?
Adrián miró hacia la calle.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
—Porque si nos quedamos aquí, será más difícil explicarte todo.
—No voy a irme contigo.
—Entonces quédate.
Se dio la vuelta.
Algo dentro de mí reaccionó.
—Espera.
Adrián se detuvo.
—¿A dónde vamos?
—A un lugar donde nadie pueda encontrarnos.
Caminamos durante casi veinte minutos.
Finalmente llegamos a un antiguo cine abandonado.
La fachada estaba cubierta de humedad.
Los carteles habían perdido sus colores.
—¿Aquí?
—Sí.
—¿Vienes mucho?
—Solía venir.
—¿Cuándo?
Adrián guardó silencio.
Entramos.
Me llevó por un pasillo hasta una pequeña habitación.
Encendió una lámpara.
Y entonces vi las paredes.
Estaban llenas de fotografías.
Cientos.
Me acerqué a una.
Una familia.
Otra.
Un niño.
Otra.
Una mujer.
En todas había algo extraño.
Algunas personas estaban tachadas.
Otras habían sido arrancadas de las fotografías.
—¿Qué es esto?
—Personas.
—Eso ya lo sé.
—Personas que fueron olvidadas.
Lo miré.
—¿Como yo?
—Sí.
Sentí un escalofrío.
—¿Por qué?
—Todavía no lo sé.
—Entonces, ¿cómo sabes que me está pasando?
Adrián señaló una fotografía.
Me acerqué.
Era él.
Mucho más joven.
Debajo había una fecha.
12 de octubre de 2021.
—¿Qué significa?
—El día que morí.
Lo miré.
—¿Cómo sabes que moriste?
—Porque lo recuerdo.
—Pero estás aquí.
—Eso es lo complicado.
Se sentó.
—Mi cuerpo murió aquella noche.
—Entonces tú…
—No soy exactamente un fantasma.
—¿Qué eres?
Adrián tardó en responder.
—Un recuerdo que quedó atrapado.
No entendí.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
Sacó otra fotografía.
La misma que me había mostrado frente a mi casa.
—Tú estabas conmigo.
—¿Dónde?
—En el Instituto Arcan.
—Nunca he oído hablar de ese lugar.
—Porque alguien se aseguró de que lo olvidaras.
Me senté frente a él.
—¿Qué pasó allí?
Adrián abrió la boca.
Pero antes de responder, escuchamos un ruido.
Pasos.
Alguien caminaba por el pasillo.
—¿Quién es?
Adrián apagó la lámpara.
—No hables.
Los pasos se acercaron.
Entonces escuchamos una voz.
—Luna.
Reconocí inmediatamente la voz.
—Es mi mamá.
Adrián negó con la cabeza.
—No puede ser.
—¿Por qué?
—Porque ella no sabe que estamos aquí.
Los pasos se detuvieron frente a la puerta.
—Luna —volvió a decir la voz.
El picaporte comenzó a moverse.
Adrián me sujetó de la mano.
—Cuando se abra la puerta, no mires a los ojos de quien esté allí.
—¿Por qué?
—Porque podría hacerte olvidar.
La puerta comenzó a abrirse.
✦ Frase final
“El problema de recuperar un recuerdo es descubrir que alguien hizo todo lo posible para que jamás volviera.”
✦ Elyvessa ✦