La puerta se abrió lentamente.
Esperé ver a mi madre.
Pero no había nadie.
El pasillo estaba vacío.
Adrián soltó mi mano.
—Tenemos que irnos.
—¿Ahora?
—Ahora.
Salimos por una puerta trasera y corrimos varias calles.
Cuando finalmente nos detuvimos, estaba agotada.
—¡Explícame!
Adrián respiraba con dificultad.
—¿Qué quieres saber?
—Todo.
Sacó un pequeño cuaderno de su mochila.
—Esto lo encontramos antes de que muriera.
Me lo entregó.
En la primera página había una fecha.
12 de octubre de 2021.
Debajo aparecían dos nombres.
Luna García.
Adrián Vega.
—¿Por qué estamos juntos?
—Porque éramos parte del mismo proyecto.
Pasé la página.
Había dibujos.
Dos niños.
Un edificio.
Una puerta.
Y el número 17.
—¿Qué significa?
—La habitación 17.
—¿Dónde está?
—En el Instituto Arcan.
—Entonces tenemos que ir.
Adrián negó con la cabeza.
—Es peligroso.
—¿Más peligroso que no saber por qué mi propia madre no me recuerda?
No respondió.
Eso fue suficiente.
El Instituto Arcan estaba en las afueras de la ciudad.
Era un edificio enorme, abandonado hacía años.
Las ventanas estaban rotas.
Las paredes cubiertas de plantas.
Entramos por una puerta lateral.
El aire olía a humedad.
Encontramos un pasillo con varias puertas.
Adrián comenzó a contarlas.
—Catorce…
Quince.
Dieciséis.
Se detuvo.
La última puerta tenía una placa oxidada.
17.
Sentí un dolor en la cabeza.
Una imagen apareció.
Una niña llorando.
Un hombre con bata blanca.
Adrián.
Y una voz:
—No tengas miedo.
Me apoyé contra la pared.
—¿Estás bien?
—Sí.
Pero no era verdad.
Había recordado algo.
Entramos.
La habitación estaba casi vacía.
Solo quedaba una grabadora sobre una mesa.
Adrián la tomó.
—¿Crees que funciona?
Presionó el botón.
Una voz femenina comenzó a escucharse.
—Registro número diecisiete. Participantes: Luna García y Adrián Vega.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
La grabación continuó.
—Objetivo: eliminar recuerdos asociados al incidente del doce de octubre.
Miré a Adrián.
—¿Qué incidente?
Él negó con la cabeza.
La voz continuó.
—Los sujetos muestran una conexión emocional superior a la esperada.
Después se escuchó la voz de una niña.
Mi voz.
—¿Voy a olvidarlo?
La mujer respondió:
—Eso depende de cuánto quieras recordar.
La grabación terminó.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué pasó esa noche?
Adrián se acercó a la mesa.
—Algo que ninguno de los dos debía recordar.
—¿Y qué era?
—Todavía no lo sabemos.
Encontramos una caja escondida debajo de la mesa.
Dentro había fotografías.
Documentos.
Y una llave.
En la llave había una pequeña placa.
B-17.
—¿Qué abre?
Adrián tomó la llave.
—No lo sé.
Entonces escuchamos un ruido en el pasillo.
Alguien estaba entrando al edificio.
Adrián apagó la grabadora.
—No estamos solos.
✦ Frase final
“Hay recuerdos que duelen porque esconden una verdad; y hay verdades que duelen porque nunca debieron ser olvidadas.”
✦ Elyvessa ✦