La chica que todos olvidaron

CAPÍTULO 5 La habitación 17

No dormí aquella noche.

Las palabras de mi padre seguían dando vueltas en mi cabeza.

No debiste recordar.

Había pronunciado aquella frase como si estuviera hablando de algo peligroso. Como si recordar fuera una enfermedad que podía matarme.

Me quedé sentada sobre la cama, mirando la ventana.

La ciudad estaba completamente silenciosa.

Por primera vez desde que todo había comenzado, tenía miedo de mi propia casa.

Me levanté y encendí la lámpara del escritorio.

Sobre la mesa estaban los documentos que había encontrado en el Instituto Arcan.

Los había guardado dentro de mi mochila sin decirle nada a mis padres.

Extendí las hojas.

La mayoría eran informes médicos.

Había palabras que no entendía.

Respuesta neuronal. Estimulación. Transferencia. Supresión de memoria. Sujeto.

Entonces encontré una carpeta diferente.

Tenía mi nombre.

SUJETO 17 — LUNA GARCÍA.

Sentí que se me helaban las manos.

Abrí la carpeta.

La primera página decía:

El sujeto presenta una capacidad inusual para conservar recuerdos después de la intervención.

Pasé la página.

Los recuerdos relacionados con el incidente del 12 de octubre presentan una resistencia anormal al proceso de supresión.

Había otra frase escrita a mano.

NO ELIMINAR. PROTEGER.

—¿Protegerme de qué? —susurré.

—De ellos.

Me giré de golpe.

Adrián estaba junto a la ventana.

—¡Me asustaste!

—Lo siento.

—¿Cómo entraste?

—No entré.

Lo miré confundida.

—¿Entonces?

Señaló la ventana.

—Nunca abriste la puerta.

No entendí.

—¿Qué eres exactamente?

Adrián sonrió ligeramente.

—Eso todavía estás intentando descubrir.

Se acercó al escritorio.

—¿Qué encontraste?

Le mostré la carpeta.

Su expresión cambió.

—¿Dónde estaba?

—En Arcan.

Adrián pasó los dedos sobre la portada.

—No recordaba que hubieran guardado una copia.

—¿Una copia?

—Sí. La mayoría de los documentos fueron destruidos después del accidente.

—¿Por qué?

—Porque alguien quería asegurarse de que nadie pudiera reconstruir lo ocurrido.

—¿Y quién?

Adrián levantó la mirada.

—Tu padre.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Mi padre?

—Él fue quien pidió que cerraran la habitación 17.

—Pero mi padre me dijo que no sabía nada.

—Tu padre sabía mucho más de lo que te contó.

Antes de que pudiera responder, un dolor intenso atravesó mi cabeza.

Me agarré de la mesa.

Una imagen apareció.

Una habitación blanca.

Una camilla.

Una niña llorando.

Adrián.

Y una voz masculina:

—¡No cierres los ojos, Luna!

La visión desapareció.

Respiré con dificultad.

—¿Qué fue eso?

Adrián se acercó.

—Un recuerdo.

—¿Por qué estoy recordándolo ahora?

—Porque alguien está intentando despertarlo.

—¿Quién?

Adrián no respondió.

Entonces escuchamos pasos abajo.

Mi padre.

Adrián desapareció.

Bajé las escaleras lentamente.

Encontré a mi padre en la sala, sacando documentos de una caja.

Cuando me vio, se quedó inmóvil.

—¿Qué haces?

—Nada.

—¿Trabajabas para Arcan?

No respondió.

—Papá.

Cerró los ojos.

—Sí.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Mamá también?

—Sí.

—¿Por qué?

—Era un proyecto de investigación.

—¡Yo estaba allí!

Mi padre palideció.

—¿Qué recuerdas?

—La habitación 17.

Mi padre se acercó.

—Luna, escucha.

—No. Ahora vas a escucharme tú.

Le mostré la carpeta.

—¿Qué me hicieron?

Mi padre miró el documento.

Sus manos comenzaron a temblar.

—No debiste encontrar esto.

—¿Qué ocurrió aquella noche?

Silencio.

—Papá.

Finalmente respondió:

—Tuviste que elegir.

—¿Elegir qué?

Me miró con lágrimas en los ojos.

—Entre olvidar a Adrián… o recordar lo que le hicimos.

Mi respiración se detuvo.

—¿Qué le hicieron?

Mi padre abrió la boca.

Pero todas las luces de la casa se apagaron.

Oscuridad.

Entonces escuché la voz de Adrián detrás de mí.

—Luna…

Me giré.

No podía verlo.

—¿Dónde estás?

Su voz volvió a escucharse.

—Corre.

Y entonces escuchamos tres golpes en la puerta principal.

Toc.

Toc.

Toc.

Mi padre palideció.

—No abras.

—¿Quién es?

Él no respondió.

Volvieron a tocar.

Esta vez más fuerte.

Toc. Toc. Toc.

Y desde el otro lado de la puerta alguien pronunció mi nombre.

—Luna.

No era Adrián.

Era una voz que no conocía.

Mi padre me agarró del brazo.

—Si quieres seguir viva, no abras.

✦ Frase final

“Hay puertas que se cierran para protegernos, pero algunas esconden exactamente aquello que necesitamos encontrar.”

Elyvessa




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