Mi padre me llevó hasta la cocina.
—Quédate aquí.
—¿Quién está afuera?
—No lo sé.
—Mentira.
Me miró.
—Luna…
—¡Ya estoy cansada de que todos sepan cosas sobre mí menos yo!
La puerta volvió a sonar.
Mi padre tomó el teléfono.
—Tenemos que salir por atrás.
—¿Y mi mamá?
—Está arriba.
Subimos.
Mi madre estaba en su habitación, inmóvil frente al espejo.
—Mamá.
No respondió.
Me acerqué.
—¿Estás bien?
Ella me miró a través del espejo.
—¿Tú también lo recuerdas?
Sentí un escalofrío.
—¿Qué?
Mi madre cerró los ojos.
—Nada.
—No. Dime.
—No hay tiempo.
Mi padre apareció detrás de nosotras.
—Tenemos que irnos.
Salimos por la puerta trasera.
Pero antes de llegar a la calle, miré hacia la ventana del segundo piso.
Había alguien observándonos.
Una mujer.
Cabello oscuro.
Rostro pálido.
Parpadeé.
Ya no estaba.
Adrián apareció junto al automóvil.
—Tenemos que regresar a Arcan.
—¿Por qué?
—Porque tu padre acaba de confirmar algo.
—¿Qué?
—Que él sabía que yo iba a morir.
Miré a mi padre.
Él bajó la mirada.
—Ve —dijo.
—¿Qué?
—Si quieres saber la verdad, ve.
Subí al auto.
Mi madre se quedó en casa.
Llegamos al Instituto Arcan cerca de la medianoche.
El edificio parecía aún más aterrador bajo la lluvia.
Entramos.
Adrián me llevó hasta el segundo piso.
—Aquí ocurrió todo.
—¿El accidente?
—Sí.
Encontramos una antigua sala de control.
En una de las paredes había un reloj detenido.
11:47 p. m.
Adrián se quedó mirándolo.
—Esa fue la hora.
—¿La hora de tu muerte?
Asintió.
—Sí.
Encontré una computadora.
Contra todo pronóstico, encendió.
Había una carpeta.
12 OCTUBRE 2021.
La abrí.
Videos.
Informes.
Grabaciones.
Seleccioné el primero.
La pantalla mostró la habitación 17.
Éramos nosotros.
Niños.
Yo estaba sentada en una silla.
Adrián estaba junto a mí.
Mi padre estaba detrás del cristal.
Una mujer decía:
—El procedimiento comienza ahora.
Mi padre respondió:
—Esto debe detenerse.
—El Consejo aprobó la prueba.
—Son niños.
—Son sujetos compatibles.
Adrián me tomó la mano.
—No tengas miedo.
La niña que era yo comenzó a llorar.
Entonces una alarma sonó.
La pantalla se llenó de interferencias.
La última imagen que vimos fue Adrián empujándome.
Después, una explosión blanca.
La grabación terminó.
No podía hablar.
—¿Qué intentaban hacer? —pregunté.
Adrián permaneció en silencio.
—Dímelo.
—Intentaban transferir un recuerdo.
—¿A quién?
—A mí.
—¿Por qué?
—Porque yo había visto algo.
—¿Qué?
Me miró.
—La verdad.
—¿Qué verdad?
Adrián señaló la pantalla.
—El Instituto decía que podía eliminar recuerdos traumáticos.
Hizo una pausa.
—Pero en realidad estaba aprendiendo a copiar recuerdos.
Sentí frío.
—¿Copiarlos?
—Sí.
—¿Para qué?
—Para reemplazar los recuerdos reales por otros.
—Entonces…
—Tu memoria fue modificada.
Me llevé una mano al pecho.
—¿Y tú?
Adrián bajó la mirada.
—Mi cuerpo murió.
—Pero estás aquí.
—Porque parte de mi memoria quedó atrapada en el sistema.
—¿Soy yo quien te mantiene aquí?
—Sí.
La respuesta me dejó sin palabras.
Entonces escuchamos un ruido detrás de nosotros.
Una puerta se cerró.
Adrián se levantó.
—No estamos solos.
La pantalla volvió a encenderse.
Apareció una frase:
SUJETO 17 LOCALIZADO.
Debajo apareció otra.
INICIANDO RECUPERACIÓN DE MEMORIA.
Y todas las puertas del edificio comenzaron a cerrarse.
✦ Frase final
“Cinco años atrás no terminó una historia; comenzó el secreto que alguien estaba dispuesto a matar para ocultar.”
✦ Elyvessa ✦