La chica que todos olvidaron

CAPÍTULO 7 Lo que ocurrió aquella noche

Las puertas se cerraron una tras otra.

—¿Qué está pasando? —pregunté.

Adrián miró las pantallas.

—El sistema nos detectó.

—¿Puede hacernos daño?

—No lo sé.

Corrimos hasta la habitación 17.

Adrián sacó la llave B-17.

La introdujo en una pequeña cerradura escondida detrás de un panel.

La pared comenzó a moverse.

Apareció una habitación secreta.

En el centro había una máquina enorme.

Dos sillas estaban conectadas mediante cables.

Una tenía mi nombre.

La otra tenía el suyo.

LUNA.

ADRIÁN.

Sentí un fuerte dolor de cabeza.

—Ya recuerdo…

Las imágenes comenzaron a aparecer.

Yo tenía doce años.

Adrián estaba a mi lado.

Habíamos descubierto que una mujer llamada Elena había intentado detener el proyecto.

La habían llevado a la máquina.

Nosotros lo habíamos visto.

Ella gritaba.

—¡No hagan esto!

Mi padre discutía con los investigadores.

—¡Ya es suficiente!

Pero nadie lo escuchaba.

Adrián quiso salir.

Uno de los científicos nos encontró.

Nos llevaron a la habitación 17.

—Solo será un procedimiento pequeño —dijo mi padre.

Yo lloraba.

—No quiero olvidar.

Adrián me apretó la mano.

—No te voy a dejar sola.

La máquina se encendió.

Mi cabeza comenzó a doler.

Y entonces vi algo.

Una carpeta.

Un nombre.

PROYECTO LÁZARO.

No era un proyecto para eliminar recuerdos.

Era un proyecto para conservarlos.

Querían demostrar que una memoria podía existir incluso después de que el cuerpo muriera.

Adrián había sido el sujeto perfecto.

Su cerebro reaccionaba de manera diferente.

Por eso lo eligieron.

—¡Adrián! —grité.

En el recuerdo, él se levantó.

—¡No la toquen!

La máquina comenzó a fallar.

Una descarga atravesó la habitación.

Adrián me empujó.

La energía lo golpeó directamente.

Cayó.

—¡Adrián!

Mi padre corrió hacia él.

—¡Desconecten el sistema!

Pero era demasiado tarde.

La pantalla marcó:

TRANSFERENCIA INCOMPLETA.

CONCIENCIA CONSERVADA.

Después todo quedó oscuro.

La visión desapareció.

Caí al suelo.

Adrián se arrodilló frente a mí.

—Lo recuerdas.

Lloré.

—Tú moriste por salvarme.

—No fue tu culpa.

—Yo estaba allí.

—Eras una niña.

—Pero pude haber hecho algo.

Adrián negó con la cabeza.

—Hiciste algo.

—¿Qué?

—Me recordaste.

Lo miré.

—Durante cinco años, cada vez que olvidabas una parte de aquella noche, otra parte de mí desaparecía contigo.

—Entonces…

—Por eso estoy aquí.

Me tomó la mano.

Esta vez pude sentirla.

No como una ilusión.

Realmente pude sentir sus dedos.

—Adrián…

Él también parecía sorprendido.

—Puedo tocarte.

—Eso significa que el vínculo está cambiando.

—¿Es malo?

Adrián no respondió.

Entonces la máquina se encendió sola.

Una voz femenina salió de los altavoces.

El recuerdo está despertando.

Las luces se apagaron.

Y escuchamos una niña llorando.

—Luna…

Me giré.

En una pantalla apareció una niña idéntica a mí.

✦ Frase final

“Recordar puede doler, pero hay recuerdos que regresan porque todavía tienen algo que decir.”

Elyvessa




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