La chica que todos olvidaron

CAPÍTULO 8 La persona que falta

La niña de la pantalla me miraba.

Era yo.

O al menos parecía serlo.

—¿Quién eres? —pregunté.

La niña no respondió.

La pantalla se apagó.

Adrián se acercó.

—Tenemos que salir.

—No.

—Luna…

—Quiero saber quién era esa niña.

—Lo descubriremos.

Salimos del Instituto antes de que el sistema volviera a activarse.

Al día siguiente regresé al colegio.

Necesitaba comprobar si todo lo ocurrido también estaba afectando a los demás.

Encontré a Valeria en el patio.

—Hola.

Ella levantó la cabeza.

—Hola.

—¿Me recuerdas?

Frunció el ceño.

—Claro.

Respiré aliviada.

—Soy Luna.

—Sí.

Sonrió.

Pero entonces sacó su teléfono.

Me mostró una fotografía.

Era la misma fotografía de la cafetería.

Solo que esta vez había algo diferente.

Yo no aparecía.

—¿Qué pasó aquí?

Valeria miró la imagen.

—No sé.

—La foto era de nosotras.

—¿Nosotras?

—Sí.

Valeria comenzó a ponerse nerviosa.

—Luna, no recuerdo haber estado contigo ese día.

Sentí un escalofrío.

—Pero ayer sí me recordabas.

—Sí.

—¿Y ahora?

Valeria me miró.

—Ahora no estoy segura.

El profesor entró.

Todos tomaron asiento.

Yo también.

El profesor abrió su lista.

—Valeria…

Después nombró a todos.

Menos a mí.

Levanté la mano.

—Profesor.

Él me miró.

—¿Sí?

—No dijo mi nombre.

—¿Cuál es tu nombre?

El salón quedó en silencio.

—Luna García.

Buscó en la lista.

—No aparece.

Valeria me miró.

—Ella está conmigo.

El profesor frunció el ceño.

—¿Quién?

Valeria abrió la boca.

Pero no pudo responder.

Me levanté.

Salí del salón.

Corrí al baño.

Me miré al espejo.

Seguía allí.

Seguía siendo yo.

Pero el mundo estaba empezando a borrarme.

Cuando regresé a casa, encontré a mi madre en la cocina.

—Mamá.

Ella se giró.

—¿Sí?

—¿Me recuerdas?

Me observó.

—Claro.

Sentí alivio.

Entonces vio una fotografía sobre la mesa.

Era una fotografía familiar.

Yo estaba en ella.

Mi madre la tomó.

Su rostro cambió.

—¿Quién es esta niña?

Me quedé paralizada.

—Soy yo.

Mi madre negó lentamente.

—No.

La fotografía cayó al suelo.

—Mamá…

Ella retrocedió.

—No sé quién eres.

Y en ese momento comprendí que ya no quedaba mucho tiempo.

✦ Frase final

“El verdadero miedo no era desaparecer; era estar frente a alguien que amabas y ver cómo olvidaba que alguna vez te quiso.”

Elyvessa




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