La chica que todos olvidaron

CAPÍTULO 9 El cuaderno de Luna

No regresé al colegio durante tres días.

No podía.

Cada vez que cerraba los ojos pensaba en mi madre.

No sé quién eres.

Adrián permanecía conmigo.

Aunque casi nunca hablaba.

Una tarde me senté en el suelo de mi habitación.

—¿Cuánto tiempo me queda?

—No lo sé.

—Dime la verdad.

—Tal vez unos días.

Lo miré.

—¿Días?

—El proceso está acelerándose.

—¿Y tú?

—Yo también estoy desapareciendo.

—¿Qué?

Adrián señaló su mano.

Era casi transparente.

—Cada vez que alguien te olvida, pierdo parte de mi conexión contigo.

Me quedé mirándolo.

—Entonces tenemos que detenerlo.

—Sí.

Empecé a buscar entre mis cosas.

Encontré una caja debajo de la cama.

No recordaba haberla visto antes.

Dentro había un cuaderno negro.

En la portada aparecía mi nombre.

LUNA.

Lo abrí.

La primera página tenía una frase:

Si estás leyendo esto, ya empezaste a olvidar.

Era mi letra.

Pasé las páginas.

Había dibujos de la habitación 17.

Fechas.

Nombres.

Advertencias.

Una decía:

NO CONFÍES COMPLETAMENTE EN TUS RECUERDOS.

Otra:

PAPÁ SABE.

Otra:

MAMÁ CONTINÚA EL PROYECTO.

Y una última:

ELENA NO MURIÓ.

Me quedé quieta.

—Adrián.

Él se acercó.

—¿Qué?

Le mostré la página.

—Elena está viva.

—¿Estás segura?

—Lo escribí yo.

Había una dirección debajo.

Fuimos esa misma tarde.

La casa estaba escondida entre árboles.

Toqué la puerta.

Una mujer apareció.

Cabello gris.

Rostro cansado.

Pero la reconocí.

—Elena.

Ella me miró.

—Llegaste tarde.

—¿Me estaba esperando?

—Desde hace cinco años.

Adrián apareció detrás de mí.

Elena lo miró.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Sigues aquí.

—Por culpa de ustedes.

Ella bajó la cabeza.

—Lo sé.

Entramos.

Las paredes estaban llenas de fotografías.

Personas.

Niños.

Familias.

Todos habían sido pacientes de Arcan.

—¿Qué era realmente el Instituto? —pregunté.

—Un lugar donde intentamos aprender a manipular la memoria.

—¿Por qué?

—Al principio queríamos ayudar a personas con traumas.

—¿Y después?

—Alguien decidió que la memoria podía utilizarse para mucho más.

—¿Para controlar a las personas?

Elena guardó silencio.

Eso fue suficiente.

—¿Quién?

—Tu madre.

Sentí que el corazón se me detenía.

—No.

—Ella no comenzó el proyecto.

—Pero lo continuó.

—Sí.

—¿Por qué?

Elena me miró.

—Porque después del accidente no soportó perderte.

—¿Perderme?

—Tu mente quedó fragmentada.

—¿Qué significa eso?

—Que una parte de ti seguía atrapada en el recuerdo del accidente.

Adrián intervino.

—Y ella intentó recuperarla.

Elena asintió.

—Pero cada intento empeoró las cosas.

Me entregó una llave.

—Esto te llevará al lugar donde empezó todo.

La miré.

Tenía grabado un número.

17.

✦ Frase final

“A veces dejamos pistas para nuestro propio futuro porque sabemos que nuestro pasado no será capaz de protegernos.”

Elyvessa




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