―Los jardines se extendían junto al palacio del rey, contiguos al ríos, para que los viajeros pudieran contemplarlos, ya que el acceso al pueblo estaba prohibido. En la mas alta de las terrazas se encontraba un deposito de agua, desde el cual descendían varios arroyos...
La clase continuaba mientras el hombre que la observaba por la pequeña ventana de la puerta.
―Los Jardines Colgantes de Babilonia no "colgaban" realmente en el sentido de estar suspendidos por cables o cuerdas ― explicaba la profesora de estatura media, con gafas que prácticamente se deslizaban por la punta de su nariz. Aun así, miraba por encima de ellas observando a sus alumnos con atención ― el nombre proviene de una traducción del termino griego Kremastos o del latín Pensilis, que significa mas bien "sobresaliente", como en el caso de una terraza o un balcón...
La profesora caminaba de un lado a otro frente a un auditorio en completo silencio.
―El geografo griego Estrabon, quien describió los jardines en el siglo I a.c...
La clase continuaba con total normalidad, mientras el hombre observaba. Poco después, el mismo se alejaba negando con la cabeza. Metió la mano en el bolsillo derecho del pantalón de vestir color gris, saco una caja de cigarrillos y el encendedor. Con la otra mano abrió la puerta de salida y salio, entrecerrando los ojos ante el cálido sol de media tarde que le dio de pleno.
― ¿En que pensaba el Doctor Rogers cuando eligió a esa mujer?― murmuro con un gruñido de impaciencia.
Se sentó en la escalinata, olvidando que el pantalón era relativamente nuevo y demasiado caro como para exponerlo a la escalinata nada limpia del campus universitario.
El humo del cigarrillo se elevaba hasta perderse en el aire mientras Gael miraba el reloj, una vez mas. Impaciente, se puso en pie. Ya cansado de esperar, se acerco al edificio justo cuando el timbre resonó por todo el campus, seguido del murmullo creciente de los estudiantes.
Se aparto apenas a tiempo antes de que una oleada de jóvenes saliera del aula y casi lo arrolla.
Apago el cigarrillo arrojándolo a sus pies pisándolo, y volvió a observar el lugar con atención. Pero después de tener que esperar otra media hora más. Cuando el flujo de estudiantes se redujo casi por completo, decidió entrar por ella, de lo contrario se la pasaría el resto del día e incluso puede que de la noche esperando.
Con pasos firmes se dirigió al aula en el que la profesora Gordon impartía las clases de mitología y teoría, pero el lugar estaba vacío. Cada vez más irritado e impaciente abrió la puerta de par en par y observo el interior, refunfuñando al notar que en efecto estaba vacío el lugar.
― ¡Maldita sea!― replico volviendo a salir mirando en todas direcciones― ¿Dónde diablos estará metida?
―Disculpe...
Gael giro la cabeza hacia el hombre que se encontraba parado junto a él, con un escobillón y un balde de agua que olía a alguna clase de producto de limpieza muy fuerte.
―¿Busca algo o a alguien?
―Sí. A la profesora Gordon. ¿Sabe que si aun se encuentra en el campus?... La esperaba fuera, pero no la vi salir.
Tolero la mirada perspicaz del hombre con paciencia, mientras esperaba que decidiera si debía darle esa información o no, por lo que le pareció una eternidad.
―La señorita Gordon no sale del campus jamás... ¿Acaso no lo sabe?... ¿Quién es usted?― pregunto volviendo a mirarlo de pies a cabeza evaluándolo con desconfianza.
― Vengo de I.A.I. Es de suma importancia que hable con la profesora Gordon en este momento. Debo escoltarla al centro de investigaciones.
El hombre aun dudo. No parecia entender del todo que era el I.A.I.
Gael ya estaba perdiendo la paciencia cuando un ruido seco, proveniente del fondo del pasillo, rompió el silencio.
El ruido sonó a algo quebrándose.
El conserje giro la cabeza y replico en voz baja: "Señorita Gordon".
Gael reaccionara por instinto, llevando la mano a la espalda donde se encontraba su nueve milímetros, comenzando a correr en esa dirección. El conserje lo siguió, armado con lo único que tenia: su escoba.
A medida que iban acercándose, los ruidos se hacían mas claros. No eran golpes aislados: era lucha. Mas se acercaban, más fuertes eran los ruidos. Gael se detuvo frente a la puerta cerrada. Estaba a punto de derribarla cuando esta se abrió de golpe.
Un hombre salio disparado hacia el pasillo y cayo inconsciente a sus pies.
Gael lo miro atónito.
Detrás del hombre apareció la profesora Gordon.
Pero no era la misma que habia visto antes.
Sin gafas. Cabello negro suelto, algo desordenado. Mirada firme, afilada, completamente distinta. Ya no habia rastro de la académica tranquila del aula.
Ella lo miro con curiosidad... luego miro el arma que tenía en la mano.
―Tranquila― dijo de inmediato sacando el dedo del gatillo y elevando las manos apenas― Somos los buenos― explico.
―Henry. ¿Quién es el caballero?― pregunto entonces la chica intentando acomodar su cabello, dirigiéndose al conserje.
―Mi nombre es Gael Altamira. ―respondió el, adelantándose al conserje ― Me envía el doctor Stevenson. Debo entregarle esto y escoltarla hasta el centro de investigaciones I.A.I.
Ella tomo la carta sin prisa. Lo estudio de arriba abajo con mirada critica. Y por segunda vez ese día Gael, sostuvo la inspección sin inmutarse... aunque no le resulto precisamente cómodo.
La vio comenzar por el cabello castaño, algo largo lo admitía, pues no había tenido tiempo para ir a la peluquería, la camisa azul profunda y los pantalones grises que para nada combinaban entre sí.
La vio elevar una ceja en ese punto y se encogió de hombros con indiferencia.
―No tengo nada que tratar con el doctor Stevenson. ―dijo ella finalmente.
―¿No lo sabe aun?― pregunto Gael, incomodo.
―¿Saber que?
―El doctor Stevenson falleció una unos días. Un infarto. Le dejo esta carta en su testamento. Me pidió que la escoltara al el centro de investigaciones.
#521 en Thriller
#230 en Misterio
#misterio, #misteriosecretossuspense, #misterio #dark#romance #thriller
Editado: 28.06.2026