Gala permanecía sentada en el sillón que alguna vez habia pertenecido a su padre, en la casa que durante años llamo hogar. Con el antiguo libro abierto sobre las piernas, permitia que su mente analítica recorriera una a una las posibilidades que surgían con cada nueva revelación. No pudo evitar pensar en su infancia y parte de su adolescencia, sin que algo dentro de ella se estremeciera.Una punzada le atravesó el pecho.
Al final...
Su padre no estaba loco.
Al menos, no tanto como ella habia creído.
Aquel libro confirmaba muchas de las teorías que ella habia defendido durante años. Algunas eran todavía superficiales, pero otras demostraban que Eric Stevenson habia estado equivocado. Pero al parecer su padre, no había tenido tiempo para descubrir que mucho de lo que pensaba no era acertado.
Por ejemplo, la teoría sobre los esclavos que construyeron las pirámides de Giza.
Era falsa.
Los constructores no habían sido esclavos. Trabajar en aquellas obras era un privilegio, una forma de alcanzar un prestigio, un estatus social reservado para muy pocos.
Cuanto mas leía, mas encontraba pruebas de que muchas de sus propias hipótesis eran correctas.
Y también mas errores descubría en las conclusiones de su padre.
Frunció el ceño.
¿Había sido esa la razón por la que el le oculto el libro?
La idea la irrito.
¡No era justo!
Eric Stevenson se habia apropiado de un descubrimiento que, en realidad, le pertenecía a ella.
Había desviado el rumbo de la carrera que siempre soñó construir.
Con un suspiro pesado tomo la fotografía que descansaba sobre la chimenea.
En ella aparecía junto a sus padres cuando tenia apenas quince años.
Poco tiempo después, a su madre le diagnosticaron cáncer de pulmón. Años más tarde murió en esa misma casa.
Después de aquello, la relación con Eric comenzó a romperse lentamente... hasta que termino arrebatandole el hallazgo del libro. Acaricio con suavidad el rostro de su madre en la fotografía.
Luego observo el gesto severo de su padre.
―Viejo testarudo... ― murmuro.
Volvió a fruncir la nariz.
Dejo la fotografía poniéndose en pie. Le dolía algo la cabeza, así que iría por unas aspirinas y después regresaría a I.A.I.
Sonrió satisfecha.
Seguramente ese insufrible de Gael, estaría loco buscándola por todos lados.
¡Pues bien!... Se lo tiene bien merecido por ser tan insoportable.
Se puso en pie.
Cuando se disponía a salir de la biblioteca, escucho un ruido, en otro sector de la casa.
Se suponía que ella era la única que estaba en casa y mas a esas horas.
Los pasos volvieron a sonar.
Lentos. Firmes. No eran imaginaciones.
Había alguien dentro.
Su mirada recorrió la biblioteca hasta detenerse en la vieja chimenea.
Sonrió.
Recordó el comportamiento secreto que su padre habia construido años atrás.
Sin perder un segundo acciono el mecanismo oculto.
La base de la chimenea se abrió silenciosamente.
Guardo el libro en el interior.
Volvió a cerrar el compartimiento con el mismo cuidado.
Los pasos estaban cada vez mas cerca.
Gala respiro hondo.
No era la primera vez que debía enfrentarse a una situación así.
Busco un rincón donde ocultarse y espero.
Pacientemente. En silencio.
Hasta que la puerta de la biblioteca comenzó a abrirse.
Acostumbrada a esa clase de situaciones, mantuvo la mente fría. Se oculto lo mejor que pudo y espero pacientemente a que, quien sea entrara a la biblioteca...
*
Mientras tanto...
Gael avanzaba por la casa con la pistola preparada. Mientras intentaba no hacer ruido al ingresar al lugar. Jamás había estado en casa de Eric Stevenson. Ni siquiera imagino que el viejo Stevenson tuviera un lugar llamado hogar.
Siempre lo habia considerado un científico brillante, arrogante y malhumorado, incapaz de interesarse por otra cosa que no fueran sus investigaciones.
Se quedo totalmente sorprendido de que ese hombre incluso tuviera familia.
Y, sin embargo...
La tenia.
Aunque, por lo visto, el mal carácter parecia hereditario.
Su hija era exactamente igual.
Terca.
Orgullosa.
Convencida de tener siempre la razón.
Llevaba un año trabajando juntos y todavía no habían logrado ponerse de acuerdo en absolutamente nada.
Cada discusión terminaba igual.
Con el preguntándose si no seria mejor cambiar de trabajo.
Empujo la puerta principal con cuidado.
El leve chirrido de los goznes rompió el silencio.
Entro despacio.
Arma en alto.
La luz permanecía encendida.
Eso significaba que alguien habia estado allí hacia muy poco.
Dio apenas dos pasos.
Entonces todo ocurrió demasiado rápido.
Un golpe seco.
Su arma salio despedida.
Algo lo sujeto del brazo y lo lanzo hacia el interior de la habitación.
Antes de poder reaccionar recibió un rodillazo brutal en la entrepierna.
El dolor lo dejo sin aire.
Cayo de rodillas.
― ¡Maldición!― escucho decir muy cerca.
Levanto la vista y se encontró con la mirada divertida de Gala.
Gala.
Estaba frente a el.
Intentando contener una carcajada.
― Gael... ¿Que demonios haces en mi casa?
El apenas consiguió hablar.
― Te... secuestraron...
Ella arqueo una ceja.
― Vine... a salvarte...
Durante un segundo lo observo completamente seria.
Después estallo en una risa tan espontanea que tuvo que apoyarse en una silla.
― ¿Acaso te parezco secuestrada grandísimo tonto?
Gael cerro los ojos con resignación.
Si.
Definitivamente...
Aquella mujer iba a acabar con el.
La risa de Gala se fue apagando poco a poco.
―Eres... insoportable... ― comenzó a decir al mismo tiempo que el también hablaba.
―Te mereces el golpe por incompetente y por...
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Editado: 02.07.2026