La chica rara

En el final... el principio...

—Creí que tu madre estaba muerta —dijo Gael antes de dar otro sorbo al café humeante que, por fin, sostenía entre las manos—. ¿Qué demonios está pasando, Gala? Hace unas horas estaba convencido de que tu madre había muerto hace años. No me digas que ahora también vas a decirme que tu padre sigue vivo.

Gala negó despacio.

—Eric sí está muerto. De eso no tengo dudas. Lo que aún no comprendo son las circunstancias de su muerte. En cuanto a mi madre... es una historia larga. Termina el café. Después te prometo que sabrás toda la verdad.

Gael quiso seguir preguntando, pero entendió que insistir no serviría de nada.

Terminó de comer, aprovechó para darse una ducha y, unas horas más tarde, regresó a la sacristía esperando encontrar a Gala.

Sin embargo, quien cruzó la puerta fue otra persona.

La madre de Gala.

—Lamento la demora —dijo con una amable sonrisa—. Mi hija y yo teníamos mucho de qué hablar. Como comprenderá, no solemos vernos con frecuencia... por razones bastante particulares.

Gael dejó escapar una risa incrédula.

—Sí... se supone que usted pertenece al más allá, pero la veo bastante del más acá.

La mujer sonrió divertida.

—Supongo que tiene razón.

—Pensé que sería Gala quien respondería mis preguntas. ¿Por qué fingió su muerte?

La sonrisa desapareció lentamente del rostro de la mujer.

—Porque Eric descubrió mi secreto.

Gael frunció el ceño.

—¿Qué secreto?

Sin responder de inmediato, la mujer abrió un antiguo volumen encuadernado en cuero y giró el libro hacia él.

Señaló un blasón grabado en la primera página.

—¿Reconoce este símbolo?

Gael observó el escudo durante unos segundos.

—No. ¿Debería hacerlo? ¿Pertenece a alguna clase de secta?

La mujer soltó una breve carcajada y pasó la página hasta mostrar un segundo emblema.

—Estoy segura de que, al menos, ha oído hablar de ellos.

Gael fijó la vista en el nuevo blasón.

Sus ojos se abrieron apenas un poco.

—Los... Iluminati.

—Exactamente.

—Creía que eran poco más que una leyenda.

—Las mejores leyendas siempre nacen de una parte de verdad.

Continuaron hablando de teorías, de conspiraciones, de cosas que para Gael no eran mas que proyectos para un libreto cinematográfico pero, que ahora comprendía que eran una realidad contundente.

―Entonces intento hacerte entregar todo tu trabajo y tus descubrimientos... Eric eran un maldito bastardo ― reconoció Gael dejando la taza de café sobre la mesa sin apartar la mirada de la madre de Gala.

―Sí, pero jamás consiguió que confesara nada. Insistía en que yo pertenecía a la Orden y amenazaba con hacerle daño a Galatea si no le revelaba la verdad. Me negaba a creer que fuera capaz de lastimar a su propia hija, pero la duda siempre estuvo ahí. Por eso envié a Gala a un internado, lejos de casa, donde comenzó a prepararse para convertirse en mi sucesora. Resistí todo el tiempo que pude para impedir que Eric descubriera nuestro secreto. Intenté alejarme de él, incluso pedí el divorcio, pero tenía demasiadas influencias. Yo no podía exponer a mis compañeros y, si había cometido ese error, debía resolverlo sola.

―Pero Gala lo descubrió... ―comentó Gael. Conociéndola, era imposible imaginar que hubiera permanecido ajena a todo aquello.

La mujer sonrió con una mezcla de orgullo y nostalgia.

―Veo que ya has aprendido cómo es mi hija. Sí, Gala descubrió la verdad sin que yo tuviera que explicarle demasiado. Fue ella quien ideó el plan de mi falsa enfermedad. Según dijo, debía parecer completamente real y ocurrir cuanto antes. Eric ya había encontrado una de nuestras crónicas, un libro que llevábamos años buscando. Por fortuna para nosotros, estaba escrito en un código que no logró descifrar.

Gael apoyó los codos sobre las rodillas, completamente absorto.

―Entonces Gala estudió para infiltrarse en el entorno de su padre, recuperar el libro y devolverlo a la Orden.

―Exactamente. Logró encontrarlo e incluso sustituirlo por una copia falsa. Sin embargo, no alcanzó a sacarlo del instituto. Eric la descubrió antes y solo consiguió escapar porque aquel día había demasiada gente. Desde entonces permaneció cerca del libro, vigilándolo durante años. Sabía que su padre jamás encontraría el escondite donde ella lo había dejado. Solo debía esperar el momento adecuado.

Gael soltó una breve carcajada de incredulidad.

―Así que toda su vida como profesora... era una fachada.

―Lo era. Cambió su apellido, transformó su aspecto y construyó una identidad completamente distinta para no levantar sospechas. Mientras tanto, nosotros intentábamos infiltrar a uno de los nuestros en el instituto. Cuando por fin lo conseguimos, Eric murió de manera inesperada y dejó aquella extraña carta a Gala.

La mujer hizo una breve pausa antes de continuar.

―Creo que siempre supo que ella estaba cerca. También sospecho que nunca creyó realmente que yo hubiera muerto. De alguna forma comprendió que el verdadero libro seguía dentro del instituto. Lo que aún ignoramos es qué descubrió antes de morir. Estoy convencida de que su muerte no fue natural. Nuestro contacto logró introducir nuevamente a Gala para recuperar la crónica, pero entonces nuestros agentes comenzaron a desaparecer y la vida de mi hija pasó a correr un peligro real. Hay alguien más moviendo los hilos... alguien a quien todavía no conocemos. Gala recuperó el libro, pero tuvo que esconderlo una vez más.

Gael permaneció unos segundos en silencio, procesando toda aquella información.

―Entonces... ¿qué ocurre ahora?

La mujer lo observó fijamente.

―Necesito que ayudes a mi hija.

Gael levantó la vista.

―Ya conoces su carácter. Heredó muchas virtudes de mí... y demasiados defectos de Eric, entre ellos esa obstinación que la lleva a ignorar el peligro. Eres la única persona que ha conseguido permanecer tanto tiempo a su lado sin rendirse. Confía en ti más de lo que está dispuesta a admitir.




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