La Ciudad que Nació del Olvido Volumen 1

Capítulo 3: El que hablaba con lo invisible

El primer forastero llegó a Bruma Baja cuando el cielo estaba gris y el viento venía del sur.
No llevaba armadura brillante ni estandartes. Su capa era oscura, gastada en los bordes, y su bastón tenía más marcas que adornos. Caminaba despacio, como alguien que mide cada paso.
Izan fue el primero en verlo.
—Alguien viene —dijo desde el cobertizo nuevo.
Tarek levantó la vista, ya con el arco en mano.
—Solo uno.
El forastero se detuvo frente al cartel torcido del pueblo. Lo observó unos segundos, luego sonrió.
—Vaya… —murmuró—. Esto no estaba aquí la última vez que pasé cerca.
Avanzó sin mostrar hostilidad.
—Buenas —dijo—. ¿Este es Bruma Baja?
Mara salió de la posada, secándose las manos en el delantal.
—Lo es. ¿Buscas algo?
El hombre apoyó el bastón en el suelo. De cerca, se notaba que era joven, aunque sus ojos parecían cansados.
—Trabajo. Descanso. O ambas cosas —respondió—. Soy Kael Vorren, aventurero de rango bajo.
Hubo un silencio corto.
—¿Aventurero? —repitió Brom, saliendo de la forja.
Kael asintió.
—Especialista en invocaciones menores y sanación… poco común.
Eldric entrecerró los ojos.
—¿Qué tipo de sanación?
Kael dudó un segundo.
—Demoníaca.
El aire se tensó.
Lina se escondió detrás de Brom.
Orin frunció el ceño.
Nessa levantó la mirada por primera vez en días.
—Explícate —dijo ella, con voz firme.
Kael levantó una mano.
—No es corrupción. No es posesión. Es intercambio controlado. Uso energía infernal para cerrar heridas, no para abrir almas.
Izan dio un paso al frente.
—¿Puedes demostrarlo?
Kael lo miró, sorprendido por la calma del niño.
—Claro… pero necesitaré un paciente.
Como si el destino lo esperara, Orin soltó un quejido y se llevó la mano a la pierna coja.
—Se abrió otra vez —gruñó.
Mara asintió.
—Siempre le pasa.
Kael se arrodilló frente a Orin.
—No dolerá… mucho.
Clavó el bastón en el suelo y murmuró palabras en un idioma áspero. El aire se volvió pesado. Un círculo oscuro apareció bajo su mano, pulsando como un corazón lento.
—No mires si te da miedo —advirtió.
Una sombra roja se filtró entre sus dedos y cubrió la herida. Orin gritó una vez… y luego se quedó en silencio.
La carne se cerró.
El sangrado cesó.
La pierna dejó de temblar.
Orin parpadeó.
—…ya no duele.
Kael retiró la mano, sudando.
—Eso es todo lo que puedo hacer hoy.
Silencio absoluto.
Nessa se acercó, examinó la herida con cuidado.
—Está… bien cerrada —dijo—. Mejor que con mis ungüentos.
Izan observó a Kael con atención.
—Dijiste invocaciones menores.
Kael sonrió débilmente.
—Eso sí puedo mostrarlo sin riesgos.
Golpeó el bastón dos veces.
—Espíritu de Brisa.
Una figura translúcida, apenas visible, apareció flotando. El viento alrededor del pueblo cambió, limpiando el polvo y refrescando el aire.
—Espíritu de Chispa.
Una pequeña luz danzó sobre su palma, suficiente para encender una fogata sin yesca.
—Espíritu de Gota.
Agua limpia cayó suavemente en un cuenco.
Brom soltó una carcajada incrédula.
—Con esto… —dijo— la forja podría trabajar mejor.
Mara apretó los labios.
—Y yo podría atender viajeros de verdad.
Izan no dudó.
—Quédate.
Kael lo miró.
—No tengo dinero para pagar estancia.
—Iremos viendo —respondió Izan—. Pero te necesitamos como médico.
Eldric apoyó el bastón.
—Bruma Baja nunca tuvo uno.
Kael respiró hondo.
—Entonces… me quedaré.
Esa noche, Kael instaló una habitación pequeña junto a la posada. Nessa trabajó con él, observando, aprendiendo, corrigiendo.
—No reemplazo a los vivos —le dijo Kael—. Solo les doy tiempo.
Izan observó el pueblo desde una colina.
Ahora tenían:
cazador,
herrero,
curandera,
médico aventurero,
refugio,
comida,
y un propósito.
Bruma Baja ya no era solo un lugar olvidado.
Era útil.
Y eso, en el mundo de los aventureros, lo cambiaba todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.