El problema no fue la falta de gente.
Fue qué hacer con ella.
Al amanecer, Izan observó el patio central del pueblo. Los nuevos aventureros dormían donde podían: cobertizos, casas recién hechas, incluso bajo lonas improvisadas. Algunos afilaban armas. Otros solo miraban al vacío.
—Si no los organizas —dijo Eldric, apoyado en su bastón—, se pudrirán aquí.
Izan asintió.
—Hoy empieza el trabajo de verdad.
El tablón del gremio de aventureros
Clavó un tablón grande junto al de inscripción. Usó madera firme, visible desde lejos. Con carbón, escribió arriba:
ENCARGOS DEL GREMIO DE AVENTUREROS
Los murmullos comenzaron de inmediato.
—¿Ya hay misiones?
—¿Quién decide?
—¿Pagan?
Izan levantó la mano.
—Escuchen.
El silencio fue torpe, pero llegó.
—No todos los encargos son para todos. Cada uno indica rango mínimo, riesgo, y objetivo claro. Nada de gloria inútil.
Colgó las primeras hojas.
Rango Semilla
Recolectar madera y piedra al este. Riesgo bajo.
Responsable: Brom
Rango Semilla / Raíz
Limpieza de madrigueras pequeñas cerca del huerto.
Responsable: Tarek
Rango Raíz
Explorar el camino del sur. Marcar zonas peligrosas.
Responsable: Silva
Un joven de la caravana levantó la mano.
—¿Y si fallamos?
Izan lo miró directo.
—Regresan. Aprenden. Nadie muere por orgullo aquí.
Kael, apoyado contra la pared, sonrió apenas.
—Interesante sistema.
El gremio de trabajo entra en juego
Pero el segundo tablón fue el que más sorprendió.
Izan colocó otro, frente a la forja.
ENCARGOS DEL GREMIO DE TRABAJO
Mara fue la primera en leerlo.
Ampliación de la posada
Mantenimiento del huerto
Construcción de letrinas y drenaje básico
Cocina comunitaria
—Esto… —murmuró— nos hacía falta.
Orin se acercó, apoyándose menos en el bastón que antes.
—Puedo encargarme del huerto.
Nessa señaló la cocina.
—Necesitamos higiene si vamos a recibir heridos.
Izan anotó nombres junto a cada tarea. No al azar. Pensado.
—El trabajo también da rango —explicó—. No de combate, pero sí de confianza.
Brom gruñó, satisfecho.
—Por fin alguien lo entiende.
El primer día de encargos
No fue ordenado.
Un grupo regresó tarde.
Otro se perdió y volvió discutiendo.
Un aventurero se negó a limpiar madrigueras “por ser indigno”.
Izan lo escuchó sin alzar la voz.
—Aquí no hay trabajos indignos —dijo—. Hay trabajos necesarios.
—Entonces me voy.
—La salida está ahí —respondió Izan, señalando el camino—. Pero no vuelves a inscribirte.
El aventurero dudó.
Se quedó.
Resultados
Al anochecer:
La madera estaba apilada.
El huerto limpio.
Dos madrigueras selladas.
Un mapa nuevo colgado en la posada.
No era perfecto.
Pero funcionaba.
Eldric observó los tablones, ahora llenos de marcas, nombres tachados y otros nuevos.
—Un tablón decide quién crece… y quién se va.
Izan se sentó frente al fuego, exhausto.
—No —corrigió—. Solo muestra quién está dispuesto a hacer el trabajo.
Bruma Baja ya no esperaba aventureros.
Los creaba.