La Colina

Laura

Laura era una chica delgada, apenas unos centímetros más alta que yo. Su cabello, de un rojo intenso, contrastaba con sus ojos celestes, tan claros como el cielo. Quedé maravillado la primera vez que la vi.

—¿Sabes? Yo también veo cosas. Nadie en el pueblo me cree...

—¿Tú también la viste? —pregunté con ansiedad.

—No... pero te vi corriendo directo hacia el pozo séptico con cara de bobo. Supuse que también te hizo ver algo bonito. Yo la llamo “la amargada”. Debes tener cuidado cuando veas algo que te haga feliz... ella hace eso: crea ilusiones hermosas ocultas en algo que puede dañarte.

La primera vez que me pasó fue hace unos años. Creí ver a mi gatito Albert. Se había escapado y llevaba semanas sin volver. Una noche de tormenta escuché su maullido. Me asomé por la ventana y lo vi en el patio. Corrí a buscarlo, pero cuando extendí las manos para tomarlo, desapareció. En su lugar, me encontré sujetando la guadaña que mi tío usa para la maleza. Terminé con un corte en la mano. Nadie me creyó cuando conté la historia...

—Yo... vi a mi madre —dije con la voz quebrada—. Murió hace cinco años. Era la única persona que jugaba conmigo. Falleció de cáncer, y fue muy duro. Mi padre nunca volvió a ser el mismo; ahora apenas me habla. Cuando la vi, estaba tan feliz que olvidé que ya no estaba viva...

—Lo entiendo. Por eso le digo “la amargada”. Parece disfrutar usando tus recuerdos felices para lastimarte.

—¿Pero qué es? ¿Un demonio... un fantasma?

—No lo sé. Solo tuve dos encuentros con ella. Sé que a varios en el pueblo también les sucedieron cosas, pero nadie quiere hablar de eso.

—Antes dijiste que el pueblo estaba maldito...

—Y lo está, literalmente. Hace muchos años, antes de que se fundara el pueblo, hubo una batalla entre las fuerzas del gobierno y una resistencia indígena. Fueron aplastados. Cuentan que, mientras ejecutaban al cacique para dar un mensaje, él maldijo la tierra y a todos los soldados. No sé si es verdad, pero poco después muchos murieron de enfermedades extrañas o accidentes.

—¿Y crees que “la amargada” tenga algo que ver con eso?

—Tal vez sí... tal vez sea otra cosa. ¿Te gustaría investigarlo conmigo?

—Yo... este... ¡sí! Claro que me gustaría.

—¡Laura! ¿Dónde estás? Ve al almacén a comprar la comida —gritó una voz a lo lejos.

—Lo siento, es mi tío. Debo irme. Nos vemos luego.

La vi alejarse y sonreí como un tonto. Después volví al lugar donde había visto la imagen de mi madre. Me agaché para investigar si quedaba algún rastro, pero no parecía haber nada extraño. Regresé al depósito, tomé las herramientas y comencé a limpiar el terreno, tal como me había ordenado mi padre.



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En el texto hay: suspenso, paranormal, terror

Editado: 20.01.2026

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