Los bomberos llegaron a los pocos minutos, al mismo tiempo que mi padre. Lo primero que hizo al verme fue correr hacia mí y abrazarme con fuerza.
—Hijo... creí... cuando me dijeron que la estanciera estaba en llamas... —su voz se quebraba entre sollozos.
Yo, aún conmocionado, solo atiné a devolverle el abrazo en silencio. Los bomberos descubrieron que la lámpara de queroseno dentro del auto había sido la responsable del incendio. Lo extraño era que no había sido mi culpa: la lámpara tenía una pérdida en la válvula del depósito. Si “la amargada” no se hubiera transformado en Laura y no me hubiera hecho salir del auto, tal vez no estaría aquí.
—¿Qué te pasó en las manos? ¿Te quemaste?
—Solo un poco... Laura, nuestra vecina, me ayudó a vendarme.
No podía contarle la verdad. Jamás me creería.
El tío de Laura fue el primero en llegar a la escena. Resultó ser el jefe de bomberos del pueblo. Al hablar con mi padre, se ofreció a que viviera con él y su sobrina unas semanas, hasta que mi padre terminara una habitación para mí en la cabaña. No negaré que, al escuchar que pasaría ese tiempo en la misma casa que Laura, sentí un alivio inesperado en medio de la desgracia.
—¿Esto es tuyo, chico?
El tío de Laura me tendió un pequeño cubo plateado con símbolos grabados. Lo tomé y lo observé con extrañeza.
—Lo encontramos entre los restos del auto.
—No... no sé qué sea... ¡Mi mochila! ¡También estaba ahí! —recordé de repente.
—Lo siento, muchacho. Eso es lo único que se salvó.
Mi mochila... allí guardaba las fotos y cartas de mi madre. Al comprender que jamás las recuperaría, una tristeza profunda me invadió y no pude contener las lágrimas.
—Ven, vamos. Dormirás en mi casa unas semanas. Mi sobrina es una excelente cocinera; te preparará un buen estofado y luego podrás descansar. Sé que es duro perder tus objetos más preciados, pero debes agradecer que sigues con vida.
Así llegué a la casa de Laura. Comí un poco de estofado y dormí en una habitación de huéspedes. Casi había olvidado el pequeño cubo que su tío encontró entre los restos de la estanciera... de no ser por lo que ocurrió a continuación.