La Colina

Anaruki

Aamen condujo a Tomás hacia un rincón apartado del campamento, donde una carpa exhalaba un humo espeso con un olor extraño.
—Aquí vive nuestra chonch. Es como... médico o sacerdote en tu lengua. Ella te ayudará a limpiar tu espíritu. Es buena mujer, aunque ya es anciana. Ha visto muchas cosas.

Al entrar, Tomás reconoció a la misma anciana que antes se había sentado frente a él. Estaba preparando una pócima en un cuenco de barro. Le señaló un almohadón en el suelo para que se sentara.

—Anaruki... malo —murmuró con voz áspera.

—¿Qué es eso de “Anaruki”? —preguntó Tomás a Aamen.

El joven se acomodó a su lado.
—Anaruki es el lugar donde habitan los gualichus... espíritus, demonios en tu lengua.
—¿El infierno?
—No... ustedes creen que los hombres van a ese infierno. En Anaruki solo vive el mal. No hay personas. Cuando se rompe el equilibrio aquí, Anaruki se fortalece. Cuando el hombre tala los bosques sin ofrecer nada a la tierra, cuando mata para quedarse con lo ajeno, cuando contamina el agua sagrada de los ríos... entonces Anaruki crece. Y cuando eso ocurre, el vínculo con nuestro mundo se abre, y puede aferrarse a personas perturbadas... como tú. Ahora mismo, Anaruki se está alimentando de ti.

Tomás meditó unos minutos en silencio. Recordó cómo su gente había tratado a los pueblos nativos: muchos, incluso dentro de su iglesia, los veían no como personas, sino como animales. Nunca lo había cuestionado. Cuando escuchaba sobre las campañas del gobierno contra los “indios” y cómo gracias a ellas el país se expandía, solo pensaba en las nuevas capillas y fieles que tendría su iglesia. Jamás se detuvo a considerar que esos “indios” eran personas como él. La vergüenza lo atravesó como un cuchillo.

—Entiendo lo que dices... —susurró—. Decimos traer la palabra de Dios, un Dios bueno, que solo quiere que nos amemos y vivamos en paz... pero hacemos lo contrario de lo que manda nuestro libro y sus enseñanzas.

Aamen apoyó su mano en el hombro de Tomás.
—No son todos iguales. He hecho trueques con muchos de los tuyos, y algunos me ayudaron cuando lo necesité. También hay gente buena en tu tribu. Mientras existan personas buenas en este mundo, el mal no puede ganar.

Tomás sonrió débilmente en respuesta.

—Pero volviendo a lo que estábamos... debes enfrentar a tu gualichu. Si no lo haces, Anaruki seguirá alimentándose de tu espíritu. Y cuando eso ocurre... el hombre pierde las ganas de vivir. Busca terminar con todo.
—¿Y cómo me enfrento a ese demonio?

La anciana colocó frente a él un pequeño recipiente con un líquido verdoso.
—Bébelo. Así podrás ver a tu gualichu. Podrás comprenderlo. No debes pelear, ni dejar que te controle. La clave está en entender su vínculo contigo: qué te hace sentir, por qué te hace sentir así. Si logras comprenderlo, podrás cortar el lazo y recuperar el equilibrio en tu vida.
—¿Y si no puedo hacerlo?
—Bueno... hay otras formas. Pero son muy peligrosas. No pienses en eso ahora. Ten... como dicen ustedes... fe. Ten fe en ti.

Tomás tomó el recipiente. Con una última mirada hacia Aamen, bebió todo el líquido.



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En el texto hay: suspenso, paranormal, terror

Editado: 05.02.2026

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