La Conspiración del Espiral - Libro 4 de la Saga de Lug

CUARTA PARTE: Aliados - CAPÍTULO 68

Vianney estaba sentado en su trono, con su mayordomo a la derecha y un grupo de diez guardias repartidos a los costados del enorme salón, cuando Lug fue llamado a presentarse ante él. El conde se había asegurado de  demostrar claramente que esta era una ocasión formal, y hasta hostil.

Lug respiró hondo y avanzó por la alfombra central. Los guardias le permitieron acercarse solo hasta quedar a cinco metros de la tarima donde se alzaba el trono.

—Su situación en este castillo ha cambiado— comenzó Vianney con tono formal.

—Lo sé— respondió Lug—. Ana me dijo que nos quiere fuera de aquí, y lo entiendo. No se preocupe, mis amigos y yo nos iremos hoy mismo.

A Vianney le sorprendió que Lug cediera a su pedido con tanta facilidad. Se había preparado para discutir con él, para echarlo a la fuerza, para gritarle… sí, necesitaba gritarle a alguien, quería descargar su enojo. Pero al parecer, Lug no se lo iba a permitir.

—Antes de que nos vayamos, deseo disculparme formalmente…

—¡¿Cómo puede pensar que voy a disculparlo por traer a esa bestia asesina a mi casa?!— lo cortó Vianney.

—No fue mi intención poner en peligro a su familia, Vianney. Solo cometí un error. Puse mi confianza en alguien que no la merecía. Me equivoqué y asumo la responsabilidad de mi equivocación.

Vianney apretó los dientes sin contestar.

—Solo espero que mi error no nos vuelva enemigos.

—¿Es esa una amenaza?— gruñó el conde.

—¿Por qué habría de amenazarlo, Vianney? Solo le estoy dando la razón en todo. Usted me advirtió sobre el fomore y yo no quise escuchar. Quise creer que incluso una bestia subhumana tenía derecho a cambiar, a encontrar un motivo en la vida que no fuera devorar y destruir. Solo me apiadé de él, Vianney, solo quise darle una oportunidad. Usted entiende lo que es la compasión, ¿no es así?

Vianney se revolvió inquieto en su trono.

—Entiendo lo que es la compasión, Lug. Si no la entendiera, no habría acogido a sus amigos. Pero mi hospitalidad casi trajo la desgracia a esta casa.

—Comprendo eso, y por eso no me atrevo a pedir nada más de usted. Pero quisiera que cuando esté un poco menos enojado con todo este asunto, considere perdonarme, y tal vez…

—¿Tal vez qué?

—Que me permita volver a ser su amigo.

Vianney apretó los labios sin contestar. Lug podía ver el conflicto interno en el que se debatía dibujado en su rostro. Algo le decía que sus actos respondían a circunstancias más allá del incidente del fomore.

—Quisiera hacer un último pedido— manifestó Lug.

—Creí que no me iba a pedir nada más— dijo Vianney con frialdad.

—Necesito que me de la custodia de Huber. Necesito llevarlo conmigo para que abra el portal, y así poder devolver a Juliana y a Augusto a su mundo— continuó Lug, ignorando el comentario del conde.

—Haga lo que quiera con él— dijo Vianney con desprecio—. De todas formas no lo quiero aquí. No deseo que sus abominables criaturas vengan hasta aquí a rescatarlo.

—Gracias— respondió Lug—. Y no creo que tenga más problemas con los fomores. Aparentemente, Ror era el último de su especie.

—Me alegro— masculló el conde.

Lug había esperado que Vianney se negara a entregarle a Humberto, y se sorprendió de que el conde lo dejara en sus manos sin siquiera discutir el asunto. No era un ataque de fomores lo que Vianney temía, había otra cosa. 

—¿Viny, qué estás haciendo?

El conde levantó la vista y vio a Helga acercándose por la alfombra.

—¿Qué haces aquí? Deberías estar descansando— le dijo.

—¿Qué hago aquí? Evitar que cometas una tontería.

—Helga…— intentó protestar el conde.

—Lug, mi marido está muy perturbado— comenzó Helga.

—Y no es para menos— le respondió Lug—. Entiendo perfectamente que…

—No, no— lo cortó la condesa—. Ninguno de los dos entiende nada. Viny se siente culpable por haber dejado que esa bestia entrara a nuestra casa, e intenta culparlo a usted. Y usted, Lug, cree que es su responsabilidad porque confió en un animal al que no conocía bien. El proceder de los dos fue imprudente, pero el único culpable aquí es la bestia asesina, y pagó su crimen con su vida. Se ha hecho justicia, y no es necesario seguir elucubrando sobre un asunto que ya está terminado.




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