La Conspiración del Espiral - Libro 4 de la Saga de Lug

SÉPTIMA PARTE: Bifurcados - CAPÍTULO 124

Lug inhaló aire abruptamente y pestañeó varias veces ante  la desorientación de encontrarse de pie frente a una pared de roca. Hacía apenas un segundo, había estado cómodamente sentado, bebiendo un buen té caliente frente a Alaris. Miró hacia atrás, y reaccionó tomándose con alma y vida de la roca, al ver el abismo otra vez a sus espaldas. ¿Había estado realmente con Alaris? ¿Había caído realmente al abismo, levitando luego hasta arriba?

Dana frunció el ceño al verlo ensimismado, sostenido firmemente de la roca.

—¿Estás bien?— inquirió.

—¿Dana?— la llamó él al darse cuenta de que estaba a su lado.

—¿Qué te pasa? Te ves pálido— dijo ella, preocupada.

—¿Estuve todo el tiempo aquí, contigo?— preguntó él.

—¿A qué te refieres? ¡Por supuesto que has estado aquí!

—¿No me ausenté de tu lado?

—No, Lug. ¿Por qué me preguntas eso?

—¿Estás segura? ¿Ni siquiera por un segundo?

—Lug, ¿qué te pasa? Ya te dije que has estado aquí en la cornisa conmigo todo el tiempo.

—¿Estás completamente segura? ¿Estuviste viéndome todo el tiempo? ¿No sacaste tus ojos de mí ni por un segundo?— insistió Lug obsesivamente.

—Lug, ven, dame la mano— extendió ella la suya en invitación—. No estás bien.

—Por favor, contéstame la pregunta— le rogó él—. ¿Me quitaste la vista de encima aunque no fuera más que un segundo?

—Lug, estamos caminando por una cornisa peligrosa, por supuesto que no he estado mirándote todo el tiempo. Debo estar atenta al lugar donde pongo los pies. ¿Quieres explicarme por qué me preguntas eso con tanta insistencia?

—Estuve con Alaris— manifestó Lug.

—¿Alaris? ¿El hermano de Govannon?

—Sí.

—¿En qué momento, Lug?

—Hasta hace unos segundos.

—Lug…— comenzó Dana despacio—. ¿Entiendes que eso no es posible?

—Sé que suena a locura, pero te juro que es verdad.

—¿Cómo?

—Alaris provocó un desdoblamiento temporal: desaparecí de tu lado por medio segundo, pero estuve con él por tres horas.

—Lug…— meneó Dana la cabeza.

—Sé que es difícil de creer, pero, si lo piensas, yo estuve prisionero por un año mientras que para ti solo pasaron unas pocas semanas. El desfasaje es posible.

—En ese caso— concedió Dana por un momento—. ¿Estás seguro de que era Alaris? Si mal no recuerdo, el hermano que provoca desfasajes temporales es Avannon.

—No, te aseguro que éste no era Avannon.

—¿Cómo lo sabes? Pudo haberte engañado. ¿Leíste su mente?

—No fue necesario.

—Entonces, ¿cómo puedes estar seguro?

—Porque Avannon no me hubiera enseñado a levitar.

—¡¿Qué?!— exclamó ella, incrédula—. Lug, no sé lo que te pasó o lo que causó que…

—Dana… por favor…— la interrumpió él.

—Escúchame, Lug, sé que esto es importante, pero, ¿qué tal si salimos de esta cornisa primero y luego discutimos este asunto?

—Claro, por supuesto— cedió él.

Los dos siguieron caminando por la cornisa con cuidado. Dana sostuvo la mano de Lug, sin soltarlo en ningún momento. ¿Era posible lo que Lug le había contado, o el estrés de la situación con su madre lo había trastornado sin remedio? Dana no quería pensar que su marido había perdido la cabeza, quería darle el beneficio de la duda, quería intentar creerle, pero su historia resultaba demasiado inverosímil.

Caminaron en silencio el resto del trecho de cornisa: Lug, pensando en la mejor forma de explicar a Dana lo que le había pasado, y Dana, pensando en la mejor forma de volver a Lug a la realidad, haciéndole entender que todo lo que había experimentado no era más que un delirio.

Al llegar al fin a la zona del borde del bosque, Lug se sentó en el suelo, aspirando el aire fresco, disfrutando los sonidos susurrantes de las hojas y el canto de los pájaros.

—Ven, siéntate un momento— invitó Lug a Dana.

—Lug, si necesitas descansar, está bien, pero recuerda que Marga ya está en la cúpula y cada minuto que perdemos…

—Lo sé, no te preocupes— la tranquilizó él—. No estoy delirando ni fuera de la realidad, por el contrario, ahora entiendo las cosas mejor que nunca. Por favor, siéntate conmigo, dame la oportunidad de explicártelo.

Dana suspiró, frustrada, pero accedió a sentarse junto a él. Lug le relató todo lo acontecido en su encuentro con Alaris. Dana lo escuchó en silencio, sin interrumpirlo, con el rostro entre preocupado y fascinado.




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