La Conspiración del Espiral - Libro 4 de la Saga de Lug

OCTAVA PARTE: Mancomunados - CAPÍTULO 161

—Aquí viene— suspiró Ana para sí al ver a Nuada haciéndole señas para que se acercara a él y a Calpar. Puso su mejor sonrisa y caminó hacia ellos.

—¿Todo está bien, señores?— les preguntó, aunque la respuesta se dibujaba claramente en el disgustado rostro de Nuada.

—¿Dónde está Lug?— le soltó Nuada sin preámbulos—. ¿Y dónde están mi hija y mi nieto?

—No están en Colportor…— comenzó a explicar Ana.

—¿No están en Colportor? ¿Cómo que no están en Colportor? ¿Qué excusa tiene mi yerno ahora para plantarnos otra vez? ¡Fue él el que nos hizo venir hasta aquí! ¿Y ahora no se digna a mostrar la cara?

Calpar apoyó su mano en el brazo de Nuada para aplacar la furia de sus palabras.

—¿Por qué no dejas que Ana nos explique?— sugirió el Caballero Negro.

—Lug tuvo un altercado con Vianney, y el regente le exigió que debía salir de la ciudad.

—¿Altercado? ¿Qué clase de altercado?

—Fue un malentendido.

—¿Y Lug no pudo aclarar ese malentendido?— frunció el ceño Nuada.

—Oh, sí, todo quedó perfectamente aclarado— le respondió Ana—, pero lamentablemente, Lug se vio forzado a mostrar sus habilidades especiales mientras hacía la aclaración.

—¿Qué fue lo que le hizo a Vianney?— se interesó Calpar.

—Lo mantuvo paralizado para que el conde aceptara escucharlo sin atravesarlo con su espada.

—Suena demasiado drástico para alguien como Lug— opinó el de negro.

—La situación lo ameritaba. Si bien Vianney aceptó las explicaciones de Lug, no quiso saber nada de tener a alguien que pudiera doblar la voluntad de otros en esta negociación. Lug aceptó ser expulsado de la ciudad para demostrar que su interés en un Concilio transparente y sin mentiras ni manipulaciones era genuino— explicó Ana.

—Ana—, la tomó Nuada del brazo con urgencia—, vinimos hasta aquí sin escolta armada. Si Lug no está aquí para defendernos de esta gente con su poder, nuestra posición es más que vulnerable, es suicida.

—Vianney no se atreverá a tocarnos— le respondió Ana con calma.

—¿Ah, no? ¿Y qué se lo impide? ¿Una promesa dada a Lug?— la cuestionó Nuada.

—No exactamente. Lug le dijo a Vianney que ustedes tienen a quinientos mil guerreros del otro lado de la cordillera, listos para atacar y borrar del mapa a Colportor si algo sale mal.

—¿Quinientos mil…?— repitió Nuada, azorado.

—¿Y el regente lo creyó?— quiso saber Calpar.

—Ponte en el lugar de Vianney— le dijo Ana—. Estás frente a un hombre que te paraliza sin siquiera tocarte, que puede matarte si lo desea, pero que te deja vivir a pesar de que has intentado atravesarlo con tu espada. Un hombre tan poderoso, que escapó de las manos de Dresden y Overkin, los tipos más peligrosos y siniestros de todo el sur con todos los recursos disponibles para destruirlo. Un hombre a quién hasta lord Huber, amo de mil quinientos fomores, no se atreve a tocar a pesar de que lo ha tenido a su merced. Un hombre que quebró la lealtad de un fomore, volviéndolo un tierno cachorrito que come de su mano. Si ese hombre te amenaza con romper el status quo e invadir Colportor con quinientos mil soldados, provocando un baño de sangre, a menos que cumplas con un pacto de no agresión… Bueno, por supuesto que Vianney le creyó.

—Veo que Lug se ha hecho una importante reputación en el sur— comentó Nuada.

Calpar lanzó una carcajada.

—¿De qué te ríes?— lo interrogó Nuada.

—Una negociación sin manipulaciones ni mentiras, ¿eh? El Señor de la Luz es un viejo zorro, mientras todos piensan que está jugando limpio…

Nuada asintió, comprendiendo:

—Con semejante amenaza pendiendo de su cabeza, Vianney aceptará cualquier trato que ofrezcamos. Podemos forzarlo a cumplir nuestras condiciones sin problemas— sonrió el rey con satisfacción.

—No— negó Ana rotundamente.

—¿No?— la cuestionó Nuada—. Pero, dijiste que…

—Déjame ser absolutamente clara en este asunto: Lug creó un escenario para que las dos partes se sientan a salvo y negocien de forma justa. Si cualquiera de ustedes intenta tomar ventaja de la situación y fuerza al sur a aceptar demandas injustas o que vayan en detrimento del bienestar de esta gente, ten por seguro que actuaré en consecuencia y alertaré al regente sobre la verdad de las tropas que están del otro lado del Cuarto Paso— expresó Ana con firmeza.

—¿Qué? ¿Serías capaz de traicionarnos? ¿A tu propia gente?— la cuestionó Nuada, entre descreído y furioso.

—Mi lealtad es para con la causa de la paz. Si alguno de los dos bandos viola esa causa de la forma que sea, haré lo que tenga que hacer para restaurar el balance— mantuvo Ana la mirada de fuego de Nuada—. Las mazmorras de este palacio son amplias y muy poco cómodas, así que te sugiero que tengas cuidado y negocies de forma honesta y noble si no quieres terminar encadenado a la pared de una celda.




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