La Corona De Las Profundidades

CAPITULO 3: Corazón Perdido

Kai se arregló la ropa, estaba completamente ebrio y de malhumor la había tenido tan cerca que sabía que era ella su adorada Malaika.

Estaba contra un árbol bebiendo los últimos tragos de su tercera botella de ron cuando vio unas botas aproximarse a él.

El cabello brillante de Kidd fue lo primero en llamar su atención, se veía pulcro con la camisa bien puesta y una gabardina azul con remaches dorados puesta sobre sus hombros.

—. Te ves fatal—, burló, Kai reviró los ojos y le dio otro trago a la botella.

—. Callate Kiddi—, siseo irritado, Kidd resopló fastidiado.

—. Levanta tu trasero Malachi hay que partir esta misma noche si queremos llegar a Mekari para el baile ese de Clara—Kai tomó el restante de la botella y la dejó junto al árbol antes de ponerse de pie, apenas lo intento se mareo.

La luz del sol era tan molesta y sentía los oídos como si estuvieran llenos de percebes, Kidd maldijo entre dientes y lo sostuvo colocando su brazo sobre su hombro.

—¿Cuándo dejarás de hacer estas estupideces Malachi?—, regaño llevándolo hacia el muelle para abordar el Calavera.

Apenas subieron al barco, Kidd lo llevó a la cocina donde Solenne una mujer mayor y la cocinera del barco miró a Kai con preocupación.

—. Siéntalo sobre el banquillo—, ordenó mirando a Kai con reproche, este se desplomó sobre la mesa.

Kiara la hermana melliza de Kidd bajo hacia la cocina con una enorme cesta de víveres para el viaje miró a Kai tirado sobre la mesa apenas consciente.

—¿Cómo es que es este idiota es nuestro capitán?—, dijo dejando la cesta junto a Kai, Kidd sonrió.

—. Creo que nosotros somos más idiotas por pertenecer a su tripulación—Kai levantó la cabeza mirándolos con molestia.

—. Aún... Los escucho.. Idiotasss—, siseo volviendo a desplomarse, Kiara comenzó a reírse a carcajadas, sus rizos dorados sacudiendose.

—¿Cómo terminaste tan ebrio?—Kai apoyó la cabeza en su mano.

—. La vi...A ella...A mi Malaika y huyo de mí—, la mano se le resbaló y se dio un golpe en la frente. Kidd y Kiara lo miraron con preocupación, Kallista siempre era un tema delicado para Kai.

—. Suficiente de habladurías—,los regañó a los tres, le sirvió un rebosante plato de sopa recién hecha.

—¿Crees que está bien?—, le susurro Kidd a su hermana, quien suspiro.

—. Realmente no lo sé. Hablar de Kallista siempre lo pone de malas—,contesto.

Kidd asintió de acuerdo, la obsesión de Kai por esa sirena siempre lo ponía sensible y cascarrabias Kidd la había visto una sola vez a la lejanía y sin duda era preciosa tenía esa clase de belleza etérea digna de una diosa.

Sin duda entendía el porqué de la obsesión de Kai, pues no había visto una mujer tan bella con ella, con el cabello de plata similar a los rayos de la luna, la piel de porcelana y los ojos similares al cristalino mar en la Costa Solariana.

Además era la Princesa Sirena, hija del Dios de los Mares, sin duda no era cualquier persona y Kidd lo comprendía pero era muy triste ver como su mejor amigo sufría tanto en su ausencia.

Siempre estaba bebiendo muchas veces hasta perder la consciencia, siempre garabateaba su rostro perdiendo incluso su amor por pintar, cada vez se había vuelto más gruñón y malhumorado perdiendo su esencia.

Antes de Kallista, Kidd recordaba lo risueño que era, cuando ella se fue Kai la esperó por días a la orilla de la playa y cuando por fin comprendió que no volvería se arrancó el corazón y lo sepultó en lo profundo de la Ciudad Dorada.

Kidd había recuperado su corazón hace poco aunque lo mantenía en secreto esperando que Kai deseará volver a tenerlo consigo.

—. Iré a hacerme cargo de la tripulación—, le susurro a su hermana—. Cuida de él—, dijo señalando a Kai quien comía encorvado y dormitando a duras penas.

—. Vamos Kaichi—, dijo tirando su brazo sobre su hombro y recargando su peso sobre ella, Kiara lo llevó hasta su camarote donde lo tumbó sobre la cama dejándolo boca abajo.

—¡Kiara!—, grito arrastrando las letras, ella se detuvo al borde de la puerta—¿Cómo dejo de amarla?—, lloriqueo.

—. Duerme Kai—, dijo arropandolo y cerrando las cortinas. Salió del camarote y cerró la puerta con suavidad.

Salió a cubierta donde Kidd daba órdenes para zarpar hacía Mekari, a lo lejos vio a Marlow su espalda amplia y ancha, se quedó allí mirando cómo sus músculos se tensaban mientras timoneaba.

—. Se te cae la baba hermanita—Kiara salió de su ensoñación, miró hacia su hermano quien la miraba con una sonrisa burlona de oreja a oreja.

—. Callate idiota—Kidd solto una risita, Kiara bajo a la cocina para ayudar a Solenne a terminar el almuerzo.

🌊

Las reuniones diplomáticas eran irritantes, Kallista tenía migraña no sabía cuántas veces había oído de la amenaza que representaba el mundo de la superficie para el ecosistema de las profundidades.

—. Majestad, es imperativo actuar en contra de los reinos de la superficie, su basura y toxinas contaminantes están acabando con nuestros arrecifes—Kallista apoyó el brazo en el reposabrazos de su trono con hastío ante los cuestionamientos de Neptune Slethei, gobernante de Atlas.

—. No podemos simplemente hundir los reinos de la superficie, hay personas inocentes entre ellos—Nǫkkvethr y Rex permanecían a sus lados de manera fiel—. Si hundimos la superficie nuestras ciudades quedarán a muchos metros bajo el mar afectarían a varias especies por el simple hecho de subir el nivel del mar.

—¡Pero majestad!—, protestó, Kallista lo miró fríamente.

—¡No me levantes la voz Neptune, que no se te olvide a quien le estas hablando!—, amenazó en un susurro y con un movimiento de su dedo Nǫkkvethr estiró uno de sus tentáculos aprisionando el cuello de Neptune—. Podría romperte el cuello tan fácilmente con solo chasquear los dedos acabaría contigo—, amenazó Nǫkkvethr estrujo su cuello un poco más—. Ahora callate y acata mis órdenes Neptune.




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