La Corona De Las Profundidades

CAPITULO 4: El Océano y la Tempestad

El Mar del Norte era bravío y temerario, plagado de monstruos pero por ello era el favorito de Kai, la carne de bestias marinas era deliciosa y más aún con una buena cerveza a un lado.

El mar se mecía con bravío, Kai disfrutaba desde la proa el viento contra su rostro y de la tempestad que comenzaba a cernirse sobre ellos.

Lo disfrutaba, era una deliciosa mezcla caótica que entumecía su dolor, aún sin corazón se sentía atascado en un profundo abismo con pesadas cadenas atadas a su cuerpo que lo anclaban al pasado. La bruja se lo había advertido cuando hizo el ritual.

"El dolor se irá sólo pasajeramente, cuando regrese lo hará con tanta fuerza que sentirás cómo te ahoga hasta lo profundo de la altamar".

La pérdida de su corazón le había dejado una huella imborrable, su pecho se sentía hueco durante los primeros días fue sencillo solo fiesta y algarabía hasta que el dolor se coló lentamente por sus venas como veneno, infectando todo su ser.

Kallista era el mal que aquejaba su alma.

—. Capitán—, llamó uno de sus tripulantes, Kai se giró, sus ojos se veían más tempestuosos de lo habitual—. El señor Marlow desea saber si podemos parar en los Corales Susurrantes debido a que con este clima será imposible sortear las filosas salientes.

—. Que lo haga posible—, ordeno fríamente, el tripulante se estremeció pero asintió rápidamente.

—. Como ordene mi capitán.

Soltó un suspiro y deslizó la mano al bolsillo de su gabardina de donde saco un collar de aquacoralis que le había pertenecido a la Emperatriz Nefer de Akena de la Cuarta Dinastía de la Antigua Solaris lo había robado para ella, para evitar que se fuera.

Se decía que el collar estaba maldito ya que el esposo de ella completamente delirante y obsesionado lo había encantado para que ella no pudiera apartarse de su lado si él no lo permitía.

Quería usarlo con ella. Cuando la encontrara se lo pondría y no la dejaría ir jamás, la obligaría a permanecer a su lado no le importaba como.

La ansiaba, era como droga para su torrente sanguíneo una necesidad que lo había consumido lentamente por años.

El amor se había convertido en obsesión, Kai pensaba que tal vez si hubiera dejado a su corazón en su lugar ya la habría superado, tal vez ni siquiera fuera pirata a lo mejor y sería algún aburrido diplomático de Mekari.

Lo cierto es que se había perdido de muchas cosas por buscar al fantasma de su pasado, pero también le había permitido descubrir muchos lugares más allá del reducido mundo de los mares.

El barco se sacudió violentamente, estaban entrando al epicentro de la tormenta, sus hombres seguían las órdenes de Marlow al pie.

La lluvia caía de manera torrencial, el aroma a salitre se mezclaban junto con un aroma especiado traído por el viento. Kidd llegó a su lado dándole una palmada en el hombro.

—. Llegaremos a Mekari muy pronto—Kai lo miró de reojo y asintió guardando el collar en su gabardina.

—. Bien dile a Marlow que esconda el barco donde siempre—, se dio la vuelta dejando a Kidd solo en la cubierta, el rubio suspiro, los últimos años habían sido duros para él en el fondo Kidd sabía que había perdido las esperanzas de encontrarla y que eso era lo que lo llenaba de una profunda amargura.

Que lo había cambiado para siempre.

🌊

Las calles de Mekari estaban ajetreadas, Kallista no se camuflaba con facilidad su cabello de plata era uno de los principales delatores por ello lo llevaba bien escondido debajo de la capa en un imperfecto moño, aunque no la reconocerían por su título sin duda llamaría la atención.

Tenía junta con la realeza de Mekari quienes querían usar sus aguas para expandir el negocio del vino a cada rincón del planeta, pero antes de eso se había permitido vagar por las calles de la ciudad de Arpeggio.

La música sonaba en cada rincón, grupos musicales se arremolinaban en las esquinas era una mezcla sensacional de todo tipo de géneros aunque todo le parecía demasiado elegante y bien estructurado. Era una ciudad impoluta como si todo estuviera calculado milimétricamente, estaba segura de que hasta la distribución de los botes de basura era exacta.

El Palacio de las Rosas era imponente y el suave aroma de estas inundaba el ambiente mezclado con un sutil olor a uvas fermentadas.

El Baile de Ginevra era al día siguiente, sería una buena distracción después de tantas negociaciones e irritante papeleo enviado por los gobernantes submarinos.

Ingresó al Palacio apreciando los rosales en el jardín, sus dedos se deslizaron con delicadeza por los pétalos de una eran hermosas una belleza extraña en su mundo donde todo lo bello era escaso o tan frágil que estaba condenado a desaparecer en segundos.

Risas provenientes de detrás de los rosales llamaron su atención, su mano derecha sonreía alegremente mientras la Princesa de Mekari hacía coronas de flores que coloca sobre la cabeza del mago.

No era un secreto para nadie la relación más que amistosa que ambos mantenían, Rex besaba el suelo por donde Roselyne Alcyone caminará y aunque tal vez nunca pudieran estar realmente juntos ello no parecía importarles, en el fondo los envidiaba, odiaba que ellos pudieran estar libremente.

Algo que ella no podía permitirse, pues Kai no podía pertenecer a su mundo, no quería que lo hiciera debía permanecer fuera de ello. Debía mantenerse a salvo.

Apartó la mirada, lo que hiciera su mano derecha en sus tiempos libre no era de su incumbencia ingreso al Palacio donde los sirvientes se movían de un lado al otro bajo las órdenes de la Emperatriz Meluna, si algo destacaba a las mujeres de la familia Alcyone era esa belleza feroz y elegante.

El cabello castaño le caía suavemente en capas hasta la cintura, sus ojos verde claro analizaba cada detalle con minuciosidad, el vestido de un pálido verde se ajustaba a su figura y caía suavemente desde sus caderas hasta sus tobillos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.