La Corona De Las Profundidades

CAPITULO 5: CUANDO CAEN LAS MÁSCARAS

Kallista se arregló en silencio, el cabello castaño le caía sobre los hombros con delicadeza y el vestido era de un rojo sangre que hacía resplandecer su pálida piel, la cintura era ajustada, el escote y parte de la falda cerca de la apertura del muslo tenían un encaje de color borgoña con finas tiras de rubies como tirantes y adorno de la cintura.

La máscara era roja a juego con su vestido con un delicado encaje y tres pequeñas plumas adornando la esquina izquierda. Se calzo de unos tacones negros con suela roja, y accesoriso con un collar de turmalinas negras y unos aretes a juego.

La noche era fría, se deslizó por los pasillos caminando hasta el gran salón, Rex llegó a su lado.

—. Está vestido con una gabardina de cuero gris y máscara negra—Kallista asintió, mirando el disfraz de Rex quien vestía como el Dios del Sol con una túnica blanca con adornos dorados y una máscara dorada.

—. Entendido ve a la fiesta.

—. Ten cuidado, no quiero quedarme sin trabajo—Kallista sonrió mientras Rex entraba en el salón, ella entró después.

El Gran Salón olía a una mezcla de perfume costoso y uvas fermentadas, Kallista se deslizó con elegancia por el Salón tomando una copa de vino de una bandeja.

Lo localizó rápidamente entre la multitud iba flanqueado por un tipo rubio que reconoció como Kidd Andrews y un hombre de piel canela bastante corpulento. Se movió por el salón en sentido contrario al de él, planeaba salir ilesa esa noche.

Kai la busco con la mirada, algún vestigio de cabello blanco pero no había nada se deslizó caminando entre los invitados buscando ese hipnotizante aroma.

Entonces la vio un punto rojo, el cabello castaño cayendo suelto por su espalda. Sonrió al distinguir esa silueta y su aroma indistinguible.

Llegó a ella rápidamente y la tomó de la muñeca, sintió una punzada recorrer su cuerpo por completo al tocarla su piel seguía siendo suave como la seda.

—¿A dónde ibas Malaika?—, susurro cerca de su oído, disfruto la sensación de su piel cerca de la suya se tenso al oírlo Kallista se giró hacia él como si no creyera lo que veía.

Los labios de Kai se curvaron en una sonrisa maliciosa, tiró de ella hasta que quedó contra su pecho deslizó las manos por su cintura, el aroma a fresas era embriagador.

—.No permitiré que vuelvas a irte preciosa—, sus ojos lo detallaron, con una mezcla de emociones que ninguno sabía definir.

—Kai…—, sus labios se estamparon contra los suyos en un beso demandante, inclinó su cabeza deslizando su lengua al interior de su boca. Kai tomó el collar en su bolsillo y lo colocó en su cuello.

—¿No pensaste que podrías huir de mí para siempre? ¿O si, preciosa?—, permanece estoica contra su cuerpo, frunció las cejas como si aclarara sus pensamientos, Kallista se tocó el collar.

—¿Qué has hecho?—, preguntó confundida tratando de quitarse el collar. Kai esbozó una sonrisa triunfante.

—. Lo necesario para evitar que vuelvas a irte, eres mía Malaika hasta que la muerte nos separe—, su agarre sobre su cintura se tenso—. El castaño no es tu color—, dijo enredando los dedos en su cabello—¿Bailas conmigo?

Kallista estuvo por protestar pero algo la impulsó a aceptar a querer complacerlo, tomó la mano que le ofrecía sin chistar. Kai tomó su cintura y se deslizó con ella hacia la pista.

Kallista rehuyó su mirada sintiéndose abrumada por la profundidad de la tempestad que tenía como ojos. Kai tomó su barbilla obligándola a mirarlo.

—. Mírame Malaika, no me prives de ver ese océano—, su tacto era suave como si tocará algo delicado y frágil.

—¿Y ahora que me tendrás prisionera? —Kai sonrió, la hizo girar y la inclinó hacia atrás deslizando una mano por su pierna.

—. Te tendré justo donde debiste quedarte hace una década—, susurro cerca de su boca—. Te mantendré a mi lado justo donde debías haber estado desde el principio.

—. Alguien vendrá por mí—Kai sonrió divertido y la pegó más contra su cuerpo.

—. Será difícil encontrarte si nadie sabe dónde estás—, susurró en su oído mientras sus manos bajaban por su cintura—. No hay escapatoria, bella. Estás atada a mi hasta que la muerte nos separe.

Kidd se acercó rápidamente a ellos con preocupación, su cabello rubio despeinado y el disfraz desarreglado.

—. Capitán, los pilotos están aquí debemos irnos—, los gestos de Kai se endurecieron—Marlow ya se encuentra en el puerto.

—. Bien hora de irnos preciosa—, tomó a Kallista en brazos poniéndola sobre su hombro.

—. Oye idiota ¡Bajame!—, protestó ella pataleando sobre su espalda.

—. Silencio Malaika—Kallista enmudeció de inmediato, lo que sea que hiciera el collar la hacía obedecer todas sus órdenes.

Las miradas se dirigieron hacia ellos pero varios pensaron que eran solo una tonta pareja enamorada que iba de salida para hacer cosas más interesantes y ellos estaban muy lejos de ser una pareja enamorada.




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