La Corona De Las Profundidades

CAPITULO 6: PROTOCOLO FANTASMA

Ailleag aterrizó sobre uno de los tejados con fuerza, Aquila se removió en su lomo ante la violencia del aterrizaje de su dragón.

—. Podrías tener más cuidado—, reclamo al imponente dragón amarillo.

—. Y tú podrías no ser tan llorón, concéntrate en la misión debemos capturar al Capitán de las Calaveras Tempestuosas—,le recordó Ailleag. Aquila miró hacia la calle oscura, cuando vio tres figuras en dirección hacia el puerto.

¿Esa no es Kallista?—, pregunto Ailleag a su jinete.

—¿Por qué demonios la llevan como un costal de papas? Hay que seguirlos—Ailleag gruño a favor y emprendió el vuelo siguiendo desde las alturas a la tríada.

Kai llevaba a Kallista sobre su hombro mientras mantenía un brazo alrededor de su cintura de manera posesiva, Kidd corría a su lado cuidando las espaldas de su Capitán y mejor amigo.

Al llegar al Puerto, el Calavera ya se encontraba listo para zarpar Kai subió junto con Kidd a través de una soga.

—¡Activen protocolo fantasma y leven anclas!—, ordenó, sus tripulantes miraron confundidos a la mujer en su hombro pero no se atrevieron a hacer preguntas.

Aquila que seguía el barco de cerca lo vio desaparecer como si nunca hubiera estado allí, junto con Ailleag descendió muy cerca del mar solo para encontrarse con que no había nada allí.

Aquila maldijo entre dientes, proyectó un holograma desde su reloj mientras Ailleag se elevaba sobre el mar.

—. Activaron el Protocolo Fantasma, es imposible seguirles el rastro contacta a su Alteza Real creo que tienen a Kallista Meridia como rehén—, informó rápidamente.

¿Kallista Meridia? ¿Estás seguro?—, dijo una voz femenina a través del reloj.

—Cora, sabes que no jugaría al respecto. Tienen a la Soberana de las Profundidades.

—. Informaré de inmediato e intentaré contactar a Rex.

🌊

Kai la llevó hasta su oficina donde por fin la bajó al suelo, la observó en silencio detallando a quien hasta hace poco creía jamás volvería a ver.

Tenía dos cicatrices que llamaron su atención, una le atravesaba el cuello y la otra se extendía desde su muñeca izquierda hasta su antebrazo.

—¿Qué te pasó?—, preguntó señalando sus cicatrices mientras se acercaba al escritorio y sacaba una licorera.

—. Casi me ahorcan durante la Guerra—, contestó sin poder evitarlo, frunció las cejas ante la necesidad que le recorría la lengua de decirle todo—. Y esta otra fue un cuchillo que me abrió todo el brazo—, debía salir de allí tan rápido como pudiera había previsto un posible secreto pero no una revelación abrupta.

Ellos no podían estar juntos. Él corría peligro cada minuto a su lado.

—¿Alguna vez dirás la verdad?—Kallista torció los labios.

—. No, no lo haré—, contestó tajante—. Si eso es lo que esperas has desperdiciado diez años en vano—Kai chistó, le dio un trago a la licorera mientras la miraba fijamente.

—. Los haya desperdiciado o no, eres mía ahora y si piensas en irte prometo que pasaré los años que hagan falta buscándote—, hizo una pausa mientras se acercaba a ella—. Si te mueres te revivo, si te lanzas al agua me lanzo detrás de ti. Ni en el último día de tu existencia Kallista volverás a librarte de mí.

Kallista alzó la barbilla mirándolo desafiante, sus miradas batiendo un duelo silencioso sobre quién tenía el dominio de la situación.

—. Eres lo único Kallista, que he querido y odiado con la misma intensidad, así que aunque tenga que hacerte prisionera de este barco y aunque jamás me digas la verdad. Te quedarás aquí justo donde deberías haber estado desde hace diez años, así que olvida todo lo demás porque ahora no tienes escapatoria Malaika.

—. Sigue creyendo que ganaste, pero vendrán a buscarme y cuando lo hagan tú y tu banda de aficionados quedarán reducidos a la nada—Kai la tomó del cuello ejerciendo presión.

—. Cuidado preciosa ¿Crees que no he pensado hasta el mínimo detalle? ¿Qué no he pasado los últimos años calculando hasta la mínima falla? Me subestimas bonita, cuando te digo que no hay escapatoria es porque no la tienes, ese bello collar en tu cuello es la correa que te mantendrá atada a mi de por vida.

Soltó a Kallista de manera abrupta haciendo que tropezara con sus tacones, pese a ello mantuvo el equilibrio. Kai esbozó una sonrisa maliciosa mientras la veía tropezar.

—. Cuidado preciosa no querrás caer a mis pies—, dijo con burla, Kallista reviró los ojos—¡Kiara!—, la rubia apareció en el marco de su oficina—. Lleva a nuestra invitada a su camarote.

—. Me debes una Kaichi—, dijo la rubia con una sonrisa burlona, miro a Kallista quien la observaba en silencio con juicio—. Ven, te llevaré.

—. Anda márchate—Kallista frunció las cejas ante el despido como si fuera alguna molesta peste. Sin poder evitarlo obedeció. Kiara la guío a través de los pasillos mirando sin disimulo el perfil de ella.

—. Eres más hermosa de lo que Kai pudo describir o dibujar—Kallista arqueo una ceja.

—¿Disculpa?—, preguntó irritada. Kiara se aclaró la garganta nerviosa ante la helada mirada de Kallista.




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