Por la mañana Kallista tomó un baño rápido bajo la regadera, se había puesto un vestido de algodón color turquesa de finos tirantes con un escote en V y una abertura en el muslo.
Al salir a cubierta la luz del sol de mediodía bañaba cada parte a lo lejos vio a Kai, tenía la camisa arremangada hasta los codos y los primeros botones entreabiertos dejando ver su musculoso pecho.
Se veía muy atractivo dando órdenes, el ceño fruncido, el cabello despeinado, aquellos ojos tempestad justo ahora tenía un cuerpo musculoso y definido que era demasiado provocador, los años le habían favorecido era como un buen vino mientras más añejo mejor.
Se acercaban peligrosamente a una isla que ella conocía bien, la Isla de la Muerte reconocida por sus sanguinarios y despiadados mercenarios.
La había visitado alguna vez durante la Guerra de Sirenia para surtir al ejército de Taranto de armamento en ese entonces se encontraban cerca de Lumenia luego de haber sometido a Atlas.
Era un lugar infame, pero el armamento era muy barato y de la mejor calidad además sus mercados negros eran bastante famosos.
— ¡Todo a babor!—, las órdenes de Kai resonaron en el barco mientras sus tripulantes hacían cumplir sus órdenes, Kallista tuvo que aferrarse a una de las paredes ante el violento giro no estaba acostumbrada a estar en tierra por lo que era una sensación extraña sentirse mareada repentinamente. Kidd apareció a su lado con una sonrisa burlona.
—¿Problemas para mantener el equilibrio su majestad?—Kallista lo miro con molestia, lucía despreocupado con una camisa azul cielo entreabierta y unos pantalones negro de algodón.
—¿Disculpa?—, dijo con irritación, la sonrisa de Kidd se amplió.
—¿Cuándo piensas decirle?—Kallista frunció las cejas.
—¿De qué estás hablando?—, preguntó. Kidd cruzó las manos detrás de su espalda sin borrar su sonrisa mientras la miraba fijamente.
—. Hablo del hecho de que eres la Soberana de las Profundidades—Kallista palideció—. Se que esa es la razón por la que te fuiste hace diez años y es la razón por la que no volviste.
—¿Cómo lo sabes?—, preguntó tratando de mantenerse indiferente aunque sentía el estómago repentinamente revuelto.
—. Conozco a alguien en las Profundidades, que casualmente mencionó sobre la tiranía que rige las Profundidades—, hizo una pausa, inclinándose ligeramente hacia adelante—. No se lo mencioné a Kai, creí que algún día te superaría o que iba a dejar de buscarte pero ahora estás aquí—Kallista sintió la molestia de Kidd de manera palpable y lo entendía Kai era su mejor amigo solo estaba buscando protegerlo, ella haría lo mismo por el tonto de Rex.
—. No estoy aquí porque quiera estar—, contestó, el barco iba acercándose a la costa—. Pretendía nunca volver a cruzarme en su camino, pero ahora no puedo usar ni mi propio poder.
—. Es por el collar, Kai se empeñó en conseguirlo para que nunca pudieras volver a huir.
—. Ayúdame a escapar—Kidd la miró de reojo y negó.
—¿Y dejar que Kai enloquezca de nuevo? No lo creo, tendrás que decirle la verdad o huir como una cobarde, pero eso deberás hacerlo tú sola— Kidd la dejo sola para ayudar al desembarque en el Puerto de las Ánimas.
Kai los observaba desde lejos con una expresión de molestia absoluta, no le gustaba que estuvieran tan cerca de ella ni siquiera su mejor amigo. Se preguntaba qué tenía que hablar con Kidd y porque él se le acercaba tanto, estaba molesto.
Los celos eran una sensación retorcida que le estremecía las entrañas, ella parecía inquieta como si lo que Kidd le había dicho la hubiera afectado realmente se acerco a ella con delicadeza como si acercara a una fiera y no supiera como esta iba a reaccionar.
—¿Te encuentras bien?—Kallista tartamudeo antes de decir algo pero calló abruptamente—. Malaika ¿Qué sucede?
—. No es nada—Kai iba a refutar pero entonces lo llamaron—. Esto no ha terminado, tenemos que hablar—,él hizo ademán de irse pero la miro de reojo—¿No vienes?—, ella suspiro siguiéndolo de cerca.
Bajaron juntos del barco mientras algunos de sus tripulantes salían a hacer compras en el mercado negro, Kidd se quedo con Marlow y Kiara para cuidar del barco.
La última vez que había venido a la Isla era más rudimentaria ahora veía bastante tecnología mezclada con la naturaleza del lugar. El mercado negro se extendía por varias calles, Kallista vio algunas reliquias y otras cosas no tan agradables como ojos y partes de cuerpos de criaturas mágicas.
—¿Por qué estamos aquí?—, preguntó intentando dejar de mirar el cadáver de una sirena.
—. Vine a comprar un artículo muy especial—, dijo sonriente, parecía un niño a punto de cometer una travesura y no sabía si debía asustarse.
—¿Qué clase de artículo?—, su sonrisa se volvió enigmática.
—. Ya verás—, llegaron a una casa que parecía construida con chatarra de la que salía humo de una clase de chimenea. Kai tocó la puerta de una manera que parecía una clase de clave.
Tac. Tac. Toc. Toc. Tac.
La puerta se abrió revelando a una mujer de cabello rosa, que usaba un par de googles en la cabeza, un overol de mezclilla y un suéter de rayas de arcoiris.
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Editado: 01.10.2026