La mañana había caído en el abismo sin previo aviso.
Los magos convertían a sus grandes hermanos en aquellas mariposas translúcidas que buscaban con anhelo su hogar, para despedirse de sus seres queridos.
Nadie habría imaginado que esos monstruos saldrían de la nada, ellos solo estaban descansando después de una larga batalla contra unos demonios de rango C.
La pelea duró más o menos dos días. Las bajas en ese momento eran más o menos del 10% de todos.
Se dice que la paz no dura mucho. Era ya medio dia cuando el grito de algunos demonios volvieron a escucharse.
El cansancio de aquella batalla no habia desaparecido, pero se volvio el rencor y la fuerza para derrotar a lo que se acercaba.
Las espadas de los guerreros se alazaron.
Los cetros de los magos bajaron, y suaves melodias se escucharon.
Los gritos de guerra volvieron.
Resonaron en aquel paramo.
Esta vez con más clamor.
-!FORMACION¡-
La voz de Almir era un orden precisa.
!ATAQUEN¡-
La voz de Jack era el detonante.
Los soldados se impulsaron hacia los demonios en un orden casi hipnótico. El resonar del acero contra la piel de los demonios. Las garras contra la proteccion del escudo.
Los hechizos se reforzaron y todo se volvio un mar de sangre.
Un demonio de rango C cayó atravesado por tres lanzas coordinadas. Otro fue reducido cuando una descarga mágica le fracturó las extremidades antes de que pudiera alcanzar la retaguardia.
Hubo heridos. Varios cayeron de rodillas. La sangre manchó la tierra una vez más.
Pero esta vez… las mariposas fueron pocas.
Demasiado pocas para llamarlo derrota.
Jack sostuvo el flanco derecho con precisión casi quirúrgica, reorganizando a los más jóvenes antes de que el caos los arrastrara. Almir, al frente, cortaba con una determinación fría, cada movimiento limpio, calculado, implacable.
En otra parte de la batalla, una figura resplandecía.
Las vueltas de aquella lanza en sus manos eran espectaculares. Cada giro trazaba arcos de luz en el aire, cada estocada encontraba su objetivo con precisión impecable. El brillo de la magia en cada corte perfecto que no pedía nada más.
A su lado, Davian movía su guadaña con una elegancia brutal, opuesto a las heridas que infligia. Describiendo círculos mortales que destrozaban todo lo que se atreviera a acercarse.
No era caos.
Era arte.
Los soldados y magos cerca estaban motivados por la magia asesina que bordaba de aquellas dos figuras, les daba encanto y ganas de luchar. De salir vencedores.
Un monstruo rango D apenas tuvo tiempo de rugir antes de ser atravesado por una lanza de luz comprimida. Otro fue inmovilizado en el aire… y destrozado al segundo siguiente.
La coordinación entre ambos era impecable.
Cerca de aquellla batalla una figura flotaba en una sombra de energia.
Sus ojos verdes brillaban con un interés frío mientras observaba el poder de aquellos intrusos. A su alrededor, una mariposa roja batía las alas con lentitud, dejando tras de sí una peste dulce en cada aleteo.
—No puedo negar que son fuertes mi señor... — Murmuro relamiendo sus labios— Más ese chico que lidera— La sonrisa de esta demonio era fria, con hambre, sin deseo.
—Sal de alli Astoria. Deja que Naevra se encargue— ordenó la voz del Rey Demonio, grave como un abismo sin fondo.
El rostro de Astoria mostro desden.
—Puedo encargarme yo si lo desea—
El silencio duro muy poco cuando esa voz se volvio a escuchar.
—No. Estás muy débil desde que pariste—
Una sombra cruzó los ojos verdes de Astoria.
No vergüenza.
No dolor.
Irritación.
—Se preocupa por mi, mi lord?— preguntó ladeando la cabeza.
El Rey no dudó.
—Solo temo que arruines todo—
La mariposa cayo al suelo y el odio en los ojos verdes de la rubia estaba a punto de estallar. Aún asi obedecio a la orden.
Detrás de ella se alzaba una figura rojiza, totalmente ajena a la ferocidad elegante de Astoria.
Morc, el demonio de la culpa.
Donde Astoria olía a hambre, Morc olía a recuerdos que no perdonan.
Sus ojos, hundidos en sombras carmesí, observaban el campo de batalla sin intervenir, como si cada grito que nacía en esa batalla le perteneciera y a su vez le doliera.
Detrás de sus piernas cuatro cabelleras se asomaban con miedo.
Pequeñas.
Desordenadas.
No eran demonios de guerra, eran pequeños fragmentos que no pertenecian a ese lugar.
Uno de ellos se aferró con más fuerza a la tela oscura de Morc cuando la mirada de Astoria se poso el ellos.
Morc no se movió.
Pero por un instante..
solo un instante...
sus dedos se tensaron.
Como si incluso la culpa…
supiera reconocer el miedo.
Y el miedo podria ayudarle como quitarle lo que tiene.
Cuando al fin el ultimo demonio cayo, el suspiro de aquellos que estaban en pie lleno el lugar.
Este no era el final ni el comienzo. Pronto todo aquello por lo que luchaban se haria realidad.
Otra vez las mariposas llenaron el lugar y desaparecieron, rapidamente se empezo a levantar un muro dentro de este lugar tan peligroso.
Medio año dentro del abismo. Medio año en donde lucharon, y por fin obtuvieron parte de la recompensa.
Con más demonios lejos se puede purificar el lugar sin ningun problema.
La purificacion fue hecha por parte de los magos mas capaces.
No solo era muerte, no solo era conquista. Aqui se estaba reescribiendo el lugar que antes fue arrebatado.
Los demás mago creaban un castillo... No, no era un simple castillo. Era una fortaleza, era una torre. Y esta servia para estabilizar la oscuridad y transformarla en energia purificativa.
Medio año había pasado desde que cruzaron el portal.
Más de un cuarto del territorio ya no respondía al Rey Demonio.
Un vasto territorio del abismo ahora tenía la bandera humana plantada con orgullo.