Cosmos - 1898
La noche estaba tan fría que alguien andando desnudo se congelaría de tan solo salir de su casa. Aunque la noche estaba comenzando, era el momento perfecto para que Mateo saliera del castillo.
Una noche de luna llena, donde no había necesidad de andar con una antorcha, porque la luz de la luna se encargaba de alumbrar el camino.
Era ahora o nunca. Mateo era conocido por su gran rebeldía, aunque ser el menor de tres hermanos le daba muchos privilegios, porque era el punto débil del rey, aunque no sabía si aquello eran privilegios, dado que en la mente de Mateo solo estaba la respuesta más lógica que había formulado: Si su padre era tan débil con él, era porque temía que la familia Georgiou hiciera lo mismo que hizo la marioneta de su hijo con Elena Georgiou.
Aunque mateo era el menor, era el que más razonamientos e ideas lógicas tenía después de su hermana Greta ya que ella era la más inteligente en el ámbito de la monarquía. Luego de ello dos, de su padre y tal vez de los gusanos del reino, estaba Maximus, quien era como un cero a la izquierda, como una marioneta del rey y nada más.
Mateo observó por la ventana, en la puerta principal había muchos guardias, por lo que pensó que tomar el camino del bosque era lo más conveniente.
El rubio salió de su habitación a pasos lentos, bajó las escaleras a ese mismo ritmo para no ser escuchado por nadie y estando en el último escalón se aseguró de que nadie lo estuviera siguiendo u observando. Tomó el camino a la puerta trasera y salió por esta, ahora sí, lo más rápido que podía para no ser descubierto en el último momento.
Estando fuera, cerró los ojos y aspiró la brisa fría que impactaba en su rostro, su cabello rubio ondeaba acorde a la brisa, no podía demorar más así que fue directo a las caballerizas. Corrió esta vez con desespero y mientras corría miraba sobre su hombro viendo los grandes ventanales del castillo, porque no quería que nadie viera como escapaba.
Cuando llegó a las caballerizas se dirigió al espacio en donde estaba Lila, su hermosa yegua que tanto amaba, era a la única que le podía contar todo sin que esta lo juzgara o divulgara sus secretos más íntimos, por eso la amaba, la amaba más que a su familia o incluso más que a Maximus.
Abrió la puerta y acarició su cabeza.
—Iremos de paseo hermosa —susurró cerca de su oreja.
Mateo dejó un beso en la cabeza de la yegua, agarró la cuerda y la sacó de la caballeriza, puso la potrera encima de Lila y la ató muy bien, pero cuando está a punto de subirse sobre ella, sintió como alguien lo agarraba del brazo.
Al girar la cabeza, Mateo se dio cuenta de que quien estaba sujetando su brazo era Maximus, así que muy rápido tiró de este soltándose del agarre que le tenía su hermano mayor.
—¿Que intentas hacer Mateo? —preguntó el príncipe heredero tratando de sostener otra vez el brazo de su hermano.
—¿Que te importa? —respondió en un tono de voz firme mientras evitaba tener cualquier tacto con Maximus.
—Sabes que está prohibido salir del reino y más a estas horas de la noche —lo miró firme tratando de agarrar a la yegua para volverla a entrar a la caballeriza.
—¿Oh sí?... verdad que el hermano mayor cuida de la seguridad de sus dos hermanos —el sarcasmo que transmitía Mateo era evidente.
Maximus tenía expresión confusa, pero en menos de un segundo entendió a lo que se refería el rebelde de su hermano menor, claro que dentro de él estaba la idea de que debía hacer algo para que este no saliera del reino sin tener que llamar la atención de su padre.
—Lo que sucedió aquella noche tenía que suceder para que hoy podamos ser la primera familia como lo había soñado nuestra madre y nuestro padre.
—¿Crees que lo justo es quitarle la dignidad a una familia para quedarte con su título cuando ni siquiera te esfuerzas en ser la familia perfecta que quieres ser?
—Todo esto lo hizo nuestro padre por nosotros, yo hice todo esto pensando en ti y en Greta.
Mateo río de forma burlona al escuchar las palabras de su hermano, le quitó la yegua y la sujetó de la soga con firmeza.
—Espera Maximus, déjame ponerme de rodillas para agradecerte por todo lo que has hecho por mí.
—¡Maldita sea Mateo!, solo eres un maldito infeliz que no piensa en nadie más que no seas tú mismo, nunca has hecho nada por la monarquía, nunca has hecho nada para que la familia se sienta orgullosa, para que la familia Roussos sea la mejor de todo el mundo como lo somos ahora.
—¿Que paso Maximus? —preguntó. —Pensé que los herederos al trono no tenían ese tipo de vocabulario.
Maximus estaba furioso, su mano derecha se la llevó a su mentón y acaricio este por un momento mientras su mano izquierda estaba en su cintura, no podía hacer nada más que amenazar a su hermano para que no vaya a donde sea que iría.
—Si te vas, iré a contarle a nuestro padre que te has ido del reino ahora mismo y tú decides si prefieres un buen castigo o que padre permanezca de buen humor.
Mateo río.
—Anda cuéntale a nuestro padre que me escape, tal vez así te toman en cuenta. Te lo voy a repetir Maximus, tú no eres más que una pobre marioneta que siempre vivirá haciendo el mal, aunque no quieras, solo para que nuestro padre te tome en cuenta, porque si no es así, estoy seguro de que fueras un gusano buscando y escarbando en lo podrido.
—No sigas Mateo —articuló el mayor.
—Ve a hacer cosas para que papá se sienta orgulloso de ti —el rubio se subió a su yegua y sujetó la soga para controlarla y desde la altura podía ver como Maximus era todo lo opuesto a una persona, desde la altura en la que estaba podía ver a su hermano mayor que parecía una sabandija. —Por cierto, ve y busca una esposa y enorgullece a papá con hijos y una familia. ¡Cierto! nadie te quiere como esposo porque temen a que contrates a un periodista para que te saquen fotos en la intimidad.
—¡Mateo, baja de ahí! —exclamó Maximus con expresión furiosa.