La Corona Del Dominio

Capítulo 2

Lenna no tardó más de unos minutos en llegar al despacho de su madre, pero durante todo el camino tuvo la sensación de que estaba caminando hacia una conversación que había esperado durante años sin saberlo. La residencia Kingsley estaba especialmente silenciosa aquella tarde. Los empleados que se cruzaban con ella apenas la saludaban antes de continuar con sus tareas, y aunque aquello era habitual en una casa donde cada persona parecía conocer perfectamente su lugar, ese día había algo diferente. Tal vez era el sobre que llevaba entre las manos. Tal vez era la forma en que la asistente de Loren había pronunciado aquellas palabras: su madre quiere verla. O quizá simplemente era esa sensación que aparece cuando uno sabe que algo está a punto de cambiar, aunque todavía no tenga una razón concreta para explicarlo.

El despacho de Loren se encontraba al final del corredor principal, detrás de unas puertas de madera oscura que casi nunca permanecían abiertas. Lenna se detuvo frente a ellas y respiró profundamente antes de tocar. No tenía miedo de su madre. Nunca lo había tenido. Loren podía intimidar a cualquier persona que estuviera frente a ella, pero Lenna había crecido bajo aquella mirada y conocía perfectamente sus silencios, sus gestos y hasta la forma en que colocaba las manos sobre el escritorio cuando estaba molesta. Sin embargo, aquella vez era diferente. Había algo que Lenna necesitaba saber y, por primera vez, sentía que no iba a conformarse con una respuesta a medias.

—Pasa.

La voz de Loren llegó desde el interior.

Lenna abrió la puerta.

Su madre estaba de pie junto a los ventanales del despacho, con una copa intacta sobre la mesa y varios documentos extendidos detrás de ella. Llevaba uno de aquellos vestidos sobrios que utilizaba cuando tenía reuniones importantes, aunque no había nadie más en la habitación. Su cabello estaba recogido y su expresión era tan tranquila que, por un momento, Lenna pensó que quizá había exagerado la importancia de aquella convocatoria.

Hasta que Loren vio el sobre en sus manos.

Su rostro cambió.

Fue apenas un instante.

Un movimiento casi imperceptible en sus ojos, una tensión breve en la mandíbula.

Pero Lenna lo vio.

—Ya lo leí —dijo.

Loren no respondió.

—Me estás mirando como si esperases que apareciera otra cosa dentro del sobre.

—No esperaba que llegara tan pronto.

La respuesta hizo que Lenna frunciera el ceño.

—Entonces sabías que iba a llegar.

Loren se apartó de la ventana y caminó hasta el escritorio.

—Sabía que existía la posibilidad.

—No es lo mismo.

—No, no lo es.

Lenna dejó el sobre sobre la mesa.

—¿Qué quieren de mí?

Loren observó los siete sellos durante unos segundos.

—Quieren que estudies allí.

—Eso ya lo sé.

—Entonces no entiendo la pregunta.

Lenna soltó una pequeña risa, pero no había humor en ella.

—Mamá, llevo años preguntándote por ese lugar y cada vez que lo hago me dices que no es asunto mío. Ahora aparece una carta con siete sellos diciéndome que tengo que ir a estudiar allí y quieres que simplemente acepte.

—No tienes que aceptarla.

Aquello la desconcertó.

—¿No?

—No.

Loren levantó la mirada.

—Puedes rechazarla.

—¿Y tú qué quieres que haga?

Por primera vez, Loren tardó en responder.

Lenna conocía ese silencio. Era el mismo que había aparecido tantas veces durante su infancia cada vez que preguntaba por su padre. El mismo silencio que siempre significaba que había una parte de la verdad que su madre no estaba dispuesta a entregar.

—Quiero que tengas cuidado —dijo finalmente.

—Eso no responde mi pregunta.

—Es la única respuesta que puedo darte ahora.

Lenna negó con la cabeza.

—No. Esta vez no.

Loren la observó.

—¿Qué significa eso?

Lenna dio un paso hacia el escritorio.

—Significa que quiero saber quién era mi padre.

La habitación quedó completamente en silencio.

No fue un silencio incómodo.

Fue peor.

Fue el tipo de silencio que aparece cuando una persona acaba de tocar una herida que alguien llevaba demasiado tiempo intentando mantener cerrada.

Loren bajó lentamente la mirada.

—Lenna...

—No me digas que no es el momento.

—No iba a decir eso.

—Entonces dime la verdad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.