La Corona Del Dominio

Capítulo 4

Las puertas de la Escuela de los Siete Dominios eran mucho más grandes de lo que Lenna había imaginado. Desde el camino, el edificio parecía una fortaleza construida para resistir una guerra, no una escuela destinada a recibir estudiantes. Las torres se elevaban entre la niebla y algunas de ellas desaparecían por completo entre las nubes. Había piedra oscura, enormes ventanales y símbolos tallados en las paredes que Lenna no podía reconocer. No había nada parecido a los edificios de las escuelas humanas. Allí todo parecía tener una historia que nadie se había molestado en contarle.

Loren caminaba a su lado mientras varios guardias abrían paso. Lenna intentaba no demostrar cuánto la impresionaba aquel lugar, aunque por dentro no dejaba de mirar cada detalle. Había estudiantes cruzando los patios, algunos conversando entre ellos y otros entrenando en zonas destinadas al combate. La mayoría llevaba la misma vestimenta, aunque había pequeñas diferencias en los símbolos que portaban sobre la ropa. Lenna no sabía qué significaban, pero supuso que tenían relación con sus linajes.

Y entonces comenzaron las miradas.

Algunas eran simples miradas de curiosidad.

Otras no.

Lenna las sintió sobre ella desde el primer momento. Había quienes la observaban intentando descubrir qué era y quienes parecían haber decidido que no les agradaba antes siquiera de conocerla.

No le sorprendía.

Su madre ya le había advertido que su sangre podía provocar rechazo.

Lo que no esperaba era sentirlo tan rápido.

—No les prestes atención —dijo Loren sin mirarla.

—Estoy intentando.

—Entonces hazlo mejor.

Lenna la miró de reojo.

—Gracias por el consejo.

Loren casi sonrió.

Casi.

Continuaron hasta llegar a un enorme salón situado en una de las alas principales de la escuela. Allí los esperaba un grupo de personas.

Lenna supo inmediatamente que no eran estudiantes.

Había algo en ellos que hacía que la habitación pareciera más pequeña.

El primero en acercarse fue un hombre alto, de cabello claro y expresión serena. Sus rasgos eran diferentes a los de cualquier humano que Lenna hubiera conocido. Había algo demasiado preciso en su rostro, algo casi imposible de ignorar.

—Loren Kingsley.

Su voz era tranquila.

—Aurelian Varek —respondió Loren.

El hombre inclinó ligeramente la cabeza.

—Rector supremo de la Escuela de los Siete Dominios.

Lenna observó sus ojos durante unos segundos.

—Lenna Kingsley.

Aurelian la miró directamente.

No parecía sorprendido.

Eso le llamó la atención.

La mayoría de las personas que habían escuchado su nombre por primera vez reaccionaban de alguna manera. Aurelian, en cambio, parecía estar observando algo mucho más profundo que su rostro.

—Bienvenida a la escuela, señorita Kingsley.

—Gracias.

—Espero que encuentre aquí aquello que ha venido a buscar.

Lenna frunció ligeramente el ceño.

—No estoy segura de haber venido a buscar algo.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del rector.

—Eso suele ocurrir.

Antes de que Lenna pudiera responder, una mujer se acercó.

Su presencia era completamente diferente.

Maelira Voss llevaba el cabello oscuro recogido y una expresión que hacía pensar que no tenía demasiada paciencia para las tonterías.

—Maelira Voss. Directora de disciplina y conducta.

Lenna asintió.

—Mucho gusto.

Maelira la observó durante unos segundos.

—Aquí no importa de qué familia vienes, cuánto poder tenga tu madre ni cuánto dinero pueda comprar tu apellido.

Lenna sostuvo su mirada.

—Eso está bien.

—Me alegra que pienses así.

La mujer hizo una pausa.

—Porque aquí las reglas se aplican a todos.

—Entendido.

Maelira asintió y se apartó.

El siguiente hombre era imposible de ignorar.

Su cuerpo tenía la presencia de alguien acostumbrado a luchar. Era alto, fuerte y llevaba varias cicatrices visibles en los brazos. Su mirada era dura, pero no parecía hostil.

—General Cael Vorran —dijo—. Maestro Supremo de Combate.

Lenna apenas tuvo tiempo de saludar antes de que él dijera:

—No me importa si eres mestiza, heredera, noble o hija de una reina humana.

Lenna levantó una ceja.




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