La Corona Del Dominio

Capítulo 5

El apartamento estaba mucho más cerca de la escuela de lo que Lenna había imaginado. No tuvo que caminar demasiado antes de encontrarlo, aunque durante todo el trayecto tuvo la sensación de que estaba dando vueltas sin saber realmente hacia dónde iba. La escuela quedaba detrás de ella, enorme e imponente, y cada vez que giraba la cabeza podía distinguir parte de sus torres por encima de los árboles. No quería admitirlo, pero aquel lugar le producía una mezcla extraña de curiosidad y nerviosismo. Había pasado toda su vida escuchando que los Siete Dominios no eran para ella y ahora estaba allí, con una convocatoria oficial en el bolsillo y una llave que, según su madre, debía llevarla hasta su nuevo hogar.

El apartamento se encontraba en una zona bastante tranquila, alejada del movimiento principal de la escuela. Era un edificio de varios niveles construido en piedra clara, con balcones amplios y grandes ventanales. No parecía una vivienda de estudiante. De hecho, Lenna estaba bastante segura de que en su mundo humano habría costado una fortuna conseguir algo parecido. Cuando introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta, lo primero que encontró fue silencio.

Un silencio completamente distinto al de la residencia Kingsley.

Aquel lugar no tenía la presencia de su madre, ni empleados caminando por los corredores, ni personas entrando y saliendo constantemente. Era simplemente un apartamento preparado para ella. Lenna dejó la maleta junto a la entrada y permaneció unos segundos sin moverse, mirando el interior.

Todo estaba listo.

La sala tenía muebles nuevos, una mesa pequeña junto a los ventanales y varios objetos decorativos que, aunque sencillos, no parecían pertenecer al mundo humano. Había una cocina completamente equipada, una habitación principal, un baño y una segunda habitación que podía utilizar como estudio. Incluso había ropa cuidadosamente organizada en el armario.

Lenna caminó hasta la cocina y abrió uno de los gabinetes.

Había comida.

Abrió otro.

Más comida.

—Claro —murmuró—. Mamá preparó una guerra para que yo no muriera de hambre.

No pudo evitar sonreír.

Sin embargo, mientras recorría el apartamento, comenzó a notar algo que no esperaba. Había pequeños detalles que demostraban que Loren había pensado en todo. Medicamentos básicos, artículos de higiene, documentos, dinero, algunas cosas personales de Lenna y hasta una pequeña caja con objetos que había dejado en casa.

Su madre no se había limitado a conseguirle un lugar donde dormir.

Había preparado una vida.

Eso le produjo una sensación difícil de explicar.

Lenna entró a su habitación y abrió el armario. Todo estaba organizado por prendas, como si alguien hubiera dedicado horas a decidir qué necesitaría. Sacó una de las chaquetas y la observó.

—Definitivamente mamá hizo esto.

—Sí.

Lenna se giró de inmediato.

Había una mujer parada en la puerta.

Por un segundo, Lenna pensó que había entrado alguien sin permiso.

La mujer levantó ambas manos.

—Perdón. No quería asustarte.

Lenna la observó con cautela.

—¿Quién eres?

—Mi nombre es Mara.

—¿Y qué haces en mi apartamento?

La mujer sonrió ligeramente.

—Trabajo para tu madre.

Lenna cerró el armario.

—¿Qué significa eso?

—Significa que, durante los primeros días, estaremos aquí para ayudarte.

—¿Estaremos?

Una segunda voz llegó desde la sala.

—No solo ella.

Lenna salió de la habitación y encontró a otras dos personas.

Un hombre de edad madura estaba organizando algunas cajas sobre la mesa, mientras una mujer más joven revisaba unos documentos.

Lenna los miró a los tres.

—¿Mi madre contrató un equipo para vigilarme?

El hombre soltó una pequeña risa.

—Si quisiera vigilarte, probablemente no te lo diría.

Lenna levantó una ceja.

—Eso no me tranquiliza.

—No era mi intención.

Mara intervino.

—Loren nos pidió que te acompañáramos durante tu adaptación. No vamos a interferir con tus estudios ni con tu vida personal. Solo estaremos disponibles cuando necesites algo.

—¿Y cuánto tiempo piensan quedarse?

Los tres intercambiaron una mirada.

—Hasta que estés preparada para vivir por tu cuenta —respondió Mara.

Lenna se cruzó de brazos.

—¿Y quién decide cuándo estoy preparada?

—Tú.

Aquella respuesta consiguió sorprenderla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.