La Corona Del Dominio

Capítulo 7

Cuando Lenna regresó al apartamento aquella tarde, ya no tenía la misma curiosidad con la que había salido. La ciudad seguía siendo impresionante, incluso ahora que había comenzado a reconocer algunas de sus calles, pero las palabras de aquel estudiante no dejaban de darle vueltas en la cabeza. La mestiza. No había sido la primera vez que alguien la llamaba así, ni probablemente sería la última, pero había algo diferente en la manera en que lo habían dicho. No era solamente desprecio. Había curiosidad, temor y una especie de incomodidad que Lenna no conseguía entender. Y después estaba Darian Varkhen. No sabía quién era exactamente, pero su nombre había provocado una reacción inmediata en Mara, y eso era suficiente para que Lenna quisiera saber más.

Entró al apartamento y dejó las llaves sobre la mesa. Los demás ya estaban allí. El hombre humano que había conocido aquella mañana estaba preparando algo en la cocina, mientras la otra mujer revisaba unos documentos sentada en el salón. Mara cerró la puerta detrás de Lenna y dejó su abrigo sobre una silla.

—¿Qué pasó? —preguntó el hombre.

Lenna lo miró.

—Nada.

Mara soltó una pequeña risa.

—Eso significa que pasó algo.

Lenna caminó hasta la cocina y tomó un vaso de agua.

—Conocí a un Varkhen.

El ambiente cambió.

No fue exagerado. Nadie dejó caer nada ni se levantó de golpe. Simplemente hubo unos segundos de silencio que Lenna ya comenzaba a reconocer demasiado bien.

—¿Quién? —preguntó la mujer de los documentos.

—Darian Varkhen.

Esta vez el hombre dejó de hacer lo que estaba haciendo.

—¿Darian?

—Sí.

Lenna apoyó el vaso sobre la encimera.

—¿Por qué todos reaccionan igual cuando digo su nombre?

Mara se cruzó de brazos.

—Porque no es cualquier estudiante.

—Eso ya lo imaginé.

—Pertenece a la familia Varkhen.

—¿Y eso qué significa?

Mara dudó.

—Los Varkhen tienen mucho poder dentro de uno de los dominios.

—¿Cuál?

—Varkhen.

Lenna la miró con una expresión de incredulidad.

—Eso fue bastante obvio.

El hombre soltó una risa.

—Déjala, Mara. Tiene razón.

Mara negó con la cabeza, aunque también sonrió.

—Lo que quiero decir es que Darian no es alguien con quien te convenga tener problemas.

—No tengo problemas con él.

—Todavía.

Lenna tomó nuevamente el vaso.

—Solo habló conmigo.

—¿Y qué quería?

Lenna recordó su mirada, la forma en que había observado el medallón y aquella última frase.

—Comprobar algo.

Mara se quedó pensativa.

—¿Qué cosa?

—No lo sé.

—¿Mencionó tu sangre?

Lenna negó con la cabeza.

—No directamente.

—¿El medallón?

Lenna levantó la mirada.

—Sí.

Mara guardó silencio.

Aquello fue suficiente.

Lenna dejó el vaso sobre la mesa.

—Quiero saber qué es.

—Lenna...

—No.

Su voz fue tranquila, pero firme.

—Desde que llegué aquí todo el mundo parece reconocer cosas que yo no conozco. Primero el símbolo de la convocatoria. Después el medallón. Ahora Darian. Mi madre sabe quién es mi padre y se niega a decirme su nombre. No voy a pasar el resto del tiempo fingiendo que todo esto es normal.

Mara la observó durante unos segundos.

—No es normal.

—Entonces dime la verdad.

—No conozco toda la verdad.

—Pero conoces una parte.

Mara bajó la mirada.

—Sí.

Lenna esperó.

La mujer respiró profundamente.

—Tu madre me pidió que no interfiriera en aquello que todavía no estuvieras preparada para descubrir.

—¿Y quién decide si estoy preparada?

Mara levantó los ojos.

—Tú.

Lenna se quedó en silencio.

Aquella respuesta era exactamente la misma que le había dado horas antes y, aunque quería enfadarse, sabía que en el fondo tenía sentido.

—Entonces quiero empezar por algo sencillo —dijo—. ¿Qué es un Varkhen?




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