Mientras el viaje de Káeli y Lyontari proseguía, a Káeli se le ocurrió algo, por lo que llamó a su padre, o bueno, su maestro, para que le ayudase.
–¿Para qué me has llamado?– Le preguntó Pateras a Káeli.
–Necesito saber si hay alguna forma en que me enseñes a hacer un hechizo que de alguna forma me permita mostrar el pasado.– Le pidió Káeli a su padre.
–Sí, aunque depende de lo que quieras mostrar, es un hechizo muy simple si se trata de algo que vos viviste.– Respondió su padre.
–¿En serio? ¿Cómo es?– Preguntó Káeli emocionada.
–Necesitas tomar las manos de aquel que quieres mostrarle tu pasado y pronunciar: «デ メゎ ヨゎ めゎ テェゲいレ»; mientras piensas en la época que quieres mostrarle a esa persona. Es simple, necesitas liberar muy poca magia para activarlo.– Dijo Pateras mientras explicaba.
–Creo que necesito intentarlo primero por si acaso.– Dijo Káeli volteando a ver a Lyontari. –¿Me permites?– Le preguntó Káeli a Lyontari.
–Claro, no hay problema.– Respondió Lyontari.
Káeli entonces se acercó a Lyontari y realizó todos los pasos que su padre le señaló, entonces Lyontari comenzó a tener una visión, era aquella vez donde Káeli estaba cargando a Lyontari hasta la cima de una montaña, ahí se podía ver perfectamente cómo Lyontari estaba dormido y en sus brazos.
Después de terminar el hechizo, Lyontari regresó.
–¿Lo viste?– Le preguntó Káeli a Lyontari con curiosidad.
–Sí, era yo dormido entre tus brazos.– Respondió Lyontari.
–Vale, sí funciona... Esto nos será de gran utilidad. Muchas gracias, Pateras.– Dijo Káeli y así su padre volvió a la gema y ambos volvieron a estar sin hacer mucho en la locomotora.
El viaje fue muy largo y atravesaron nuestros protagonistas diferentes pueblos por los que tenían que pasar antes de llegar hasta la capital, sin embargo, finalmente llegaron cerca de las seis horas, tan solo unos minutos antes.
Bajaron del tren bastante cansados por el viaje; eran,
aproximadamente las tres de la tarde. No habían comido nada aún y a Káeli se le notaba más, misma que comenzó a buscar a los alrededores algún restaurante en el que comer. Káeli conocía relativamente bien la ciudad, aunque este lado de la ciudad no era tan concurrida por ella, por lo que no sabía a dónde podrían ir sin que los dejasen con el bolsillo vacío.
Lyontari, por su parte, no estaba tan concentrado en ello, ya que estaba acostumbrado a pasar hambre por tanto tiempo como para ni siquiera darse cuenta que la tenía, en primer lugar.
Káeli vio un establecimiento de tequeños, si bien, no era especialmente barato, cuatro vegaris con quinientos molínaris no era tan caro tampoco, además los servían junto a una guarnición de caraotas negras (un tipo de frijol típico del país). Káeli volteó hacia Lyontari buscando una opinión, pero se encontró con él se le estaba quedando viendo a una chica que se estaba probando un abrigo en la tienda, Káeli malinterpretó las cosas tras apreciar la figura de la chica que tenía más volumen, por decirlo de algún modo.
Káeli olvidó su hambre y se alejó, rápidamente, de Lyontari sin avisarle; Lyontari se dio cuenta tiempo después de la ausencia de su amada, por lo que comenzó a buscarla. Para la suerte de Lyontari no era tan difícil encontrar a alguien con la ropa que traía puesta Káeli, ¿usar un short en el polo sur?, si lo piensas, es totalmente surreal, incluso si era verano, más si le llegaba por arriba de las rodillas, así que, llamaba mucho la atención.
Lyontari la encontró comiendo unos tequeños callejeros junto a una tisana (caliente) hecha con frambuesas, Lyontari se acercó, pero Káeli volteó la mirada hacia otro lado al notar su presencia, Lyontari se dio cuenta y decidió preguntarle al respecto de su conocimiento mientras colocaba una bolsa sobre la mesa.
–¿Qué te pasa? ¿Por qué desapareciste sin decirme nada?– Le preguntó Lyontari a Káeli directamente.
–Nada, estoy perfectamente...– Respondió Káeli evadiendo responder sinceramente.
Lyontari se quedó extrañado del comportamiento tan raro de Káeli, pero decidió evadir el tema si no iba a lograr hacerla hablar y en su lugar decidió sorprender a Káeli con su siguiente oración.
–Te compré algo y quería ver si te gustaba.– Dijo Lyontari abriendo la bolsa y sacando de él el mismo suéter que se estaba probando la chica de la que se había puesto celosa Káeli.
Káeli volteó de reojo a verlo y se sorprendió al verlo, lo reconoció al instante y entonces vio a Lyontari a los ojos buscando que le diese alguna explicación.
–Estamos más al sur que antes, así que hace cada vez más frío, dudo mucho que te ayude mucho la ropa que tienes, necesitas abrigarte y al ver este suéter pensé que te quedaría perfecto.– Dijo Lyontari acercándoselo a Káeli.
Káeli finalmente ató los hilos y se dio cuenta que lo que Lyontari estaba viendo no era la chica como tal, sino el suéter. La pena interna la hizo morir por dentro, aunque aún seguía aún molesta, no entendía bien el porqué, pero no tenía más razones para desquitarse con su amado.
–Gracias... Se ve bonito.– Le respondió Káeli tomando el suéter y se lo probó por encima de la ropa.
–Te queda perfecto.– Le dijo Lyontari a Káeli adulándola.
Káeli se puso un poco roja por aquel comentario, aunque no se le notó mucho.
–Gracias.– Dijo Káeli ya más calmada; entonces buscando cumplir alguna penitencia por su culpa pensó en que Lyontari tampoco había comido hasta ahora. –¿Quieres que te pida una orden de tequeños?– Le preguntó Káeli a Lyontari.
–¿Tequeño?– Preguntó Lyontari extrañado de aquella palabra.
–Sí, mira, son estos.– Dijo Káeli señálandole los tequeños que estaba comiendo.
–Esos son dedos de queso.– Intentó Lyontari corregir a Káeli.
–No, bueno... algo así, estos son de harina de centeno.– Respondió Káeli y le acercó uno de los tequeños a Lyontari. –Mira, pruébalo y ya me dices.– Respondió Káeli.