El regreso fue algo agridulce. Por una parte, me sentía contenta de haber rescatado a los padres de Livia, pero la demostración de poder de Helena nos dejó en un incómodo silencio, interrumpido solo por algunos acordes que tocaba Calendre.
Entonces Silvia me dio un golpecito en la cabeza con su báculo.
—Cumplimos la misión, ¿no se supone que eso es lo principal? —me dijo, dándome unas palmaditas en la cabeza.
—¡Ojojojojo! No olvides que ya viene el concurso de poesía —añadió Karina.
—Yo estoy seguro de que ganará Claudia —replicó Marcus.
—Pero Marcus, ¡yo ganaré tu corazón! —protestó Karina.
Calendre comenzó a cambiar el ritmo de los acordes. Seguían siendo pesados, melancólicos, pero también más humanos.
Quizás ahora entendía por qué esta misión, por qué las peleas con tomates o cuidar de Livia. Estaba viviendo… estaba siendo humana.
La vida tiene más que ofrecer que solo este cuerpo, y solo viviendo humanamente podría tener alguna posibilidad de vencer a Helena, a Karina… y a Calendre.
Al salir de la mazmorra amanecía. Pronto llegamos a la casa de la familia Cayus. La ciudad despertaba al igual que mi corazón tras una noche llena de peligros y misterios.
Los acordes melancólicos cesaron cuando los padres de Livia volvieron a ver a su hija, quien se había dormido cerca de Drusila. Los padres la abrazaron. Querían decir tantas cosas, pero prefirieron guardar silencio y dejar que durmiera, cuando despierte, imagino que pensará que la imposible heroína logró rescatar a sus padres.
El padre nos agradeció y nos ofreció la recompensa por el rescate, que amablemente rechazamos (aunque a Silvia no le gustó mucho la idea).
Ver la alegría y el alivio de los padres fue una recompensa suficiente.
Salimos de la casa, no sin antes ver el cruce de miradas entre Kairos y Silvia.
—Espero que tengan un buen regreso a casa, y que la luz los aleje de las tinieblas.
—Sí, gracias —respondió Silvia.
Pude notar —wow, siempre me sorprende cómo las emociones humanas se me hacen más fáciles de descifrar— que ambos contuvieron sus palabras en honor al momento.
Al salir de la casa, Calendre tocó nuevamente unos acordes melancólicos.
Decidí tomar valor y preguntarle:
—¿Por qué tocas esos acordes en este momento? ¿No ves que logramos hacer un milagro en este mundo?
—Claudia, atesora este momento. Todos fuimos uno y pudimos llegar lejos. A partir de ahora, los caminos de nosotros comenzarán a separarse.
—¿Ahhh?
Tenía razón esos acordes de la melancolía, mientras miraba mi collar reloj de arena llevaba tres granos purificados , es el fin de una etapa y el inicio de otra entonces Calendre interrumpió mi pensamiento.
—Pero primero… —mirando fijamente a Drusila—. Hay un tema que debemos hablar. Un encargo que me dejó tu compañero…
Puedo con Tres..
Drusila miró fijamente a Calendre; su mirada reflejó por un instante sorpresa y preocupación. Intentó decir algo, pero solo alcanzó a abrir ligeramente la boca. Entonces, como si hubiese reconsiderado lo que iba a decir, retomó su actitud seria de siempre.
—Entiendo... vamos a ver ese tema en la casa.
Silvia y yo quedamos intrigadas por la escena, absortas mirando la interacción de ambas. Parecía el duelo entre King Kong y Godzilla: entre el cielo y la tierra, dos fuerzas opuestas, titánicas, cuyo choque sembraría el caos en los alrededores.
Dos ojos avellana, expresivos y en un rostro moreno bronceado, me miraban con curiosidad.
—Musa-chan, no te olvides de darme un besito de despedida —dijo Karina, moviendo a Marcus como un trompo hasta que su cara quedó junto a la de ella. Juntó sus labios con los suyos y me miró con cara de triunfadora.
Quedé con cara de “¿qué se supone que debo decir?”. Silvia y yo nos miramos, y al notar que Drusila y Calendre se alejaban rápidamente, tuvimos que improvisar una despedida.
—Bueno, los dejo. Nos estamos viendo. Saludos a Draco de mi parte —sonreí. Tomada de la mano con Silvia, corrimos de la escena riéndonos. Debíamos alcanzar a Drusila y Calendre, con la esperanza de ver la batalla del siglo.
Al llegar a casa, el escenario no podía ser más prometedor. En cuanto entramos, vimos cómo ambas miradas se cruzaban; podía sentir el flujo de emociones que variaban entre enojo, curiosidad e incertidumbre.
Drusila arqueó los ojos, mientras Calendre esbozaba una pequeña sonrisa burlona.
—Veo que ya llegaron —mencionó Drusila.
Calendre nos miró, y en un tono algo burlón, se dirigió a ella:
—¿Tú entiendes que traer a alguien del futuro para convertirla en cortesana en pos de cumplir la misión es tan sin sentido? ¿No pudiste traer a alguien más talentoso, fuerte o inteligente? Y por qué solo a una persona, cuando tú y tu compañero poseen las mismas habilidades... a no ser que…
Drusila nos miró.
—Silencio. Esto es entre tú y yo, Calendre —respiró y tomó aire, como intentando contener su enojo. Luego me miró y dijo con voz más suave:
—Creo que necesitas ir al salón, tanto tú como Silvia. Es hora, Claudia, de que cumplas con tus deberes de cortesana. Hay unos tres guardias que han invertido medio salario para ver a la “legendaria cortesana consoladora” —mencionó con un leve dejo de sonrisa.
“¿Por qué me tienen que llamar así con tanta naturalidad?”, pensé para mí misma. Sentía que algo importante iba a ser dicho y quería saberlo.
—Pero yo deseaba… —intenté replicar.
Drusila negó con la cabeza.
—Ahora no. Silvia, ayuda a Claudia con los preparativos.
—¿Pero…? —Silvia, resignada, me tocó suavemente la cabeza (o quizás no tan suavemente).
—Es la hora del deber, Lady Claudia. Debes vestirte y arreglarte. Mis disculpas, Lady Drusila, Lady Calendre —dijo, llevándome amablemente al Salón del Placer.
Y ahí quedaron mis ganas de saber más.
Mientras me alejaba, la puerta se cerró tras de mí, aislando su conversación. Pude escuchar a Drusila mencionar, con tono de inquietud y preocupación:
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viajes en el tiempo, cambio de genero, isekai o reencarnación en otro mundo
Editado: 04.01.2026