—Perfecta, sí… para ir a la cocina a lavar platos —exclamó bastante enojada Drusila.
Ese cambio de tono me sorprendió, pero si Drusila pudo transformar mi cuerpo, ¿quién sabe qué cosas podría hacer si le complicaba demasiado su día a día?
—Tranqui, tranqui —mencionó Calendre, con la ligereza de espíritu de quien se ríe de la genial ocurrencia de Claudia—. Antes de que se vaya, ¿no deberías decirle algo de lo que hablamos?
Drusila retomó sus sentidos y dijo:
—Como sabes, Claudia, pronto será el concurso de poesía… y Calendre también participará.
Era algo esperable, pero cuando recordé los eventos de la mazmorra y lo que sabía de “Calendre” en mi tiempo y en mi mundo, supe que era poderosa. Sin duda no quisiera enfrentarme a ella. Calendre entendió mi preocupación.
—Sé que en las mazmorras trabajamos juntas, pero debes recordar que la “Brujita”, o como prefiere que le digan, “Neo Reina”, me envió, y solo podré volver a mi tiempo si logro vencerte. Por otra parte, fuera de eso, soy libre de decidir la forma en que cumpliré mi objetivo.
—Pues yo intentaré dar lo mejor para vencer en ese concurso —respondí, mostrando una pose de autosuficiencia un poquito forzada mientras cruzaba las piernas de forma nerviosa—. Es mi propósito salvar el tiempo, pero no tengo nada contra ti.
Calendre solo sonrió, notando mis movimientos nerviosos.
—Espero luches con la misma decisión que en las mazmorras. Es más, le dije a Drusila que si me vences, se romperá el sello que le coloqué a esa cajita. Dentro hay algo muy valioso para ella: un mensaje de su compañero, que quedó en el siglo XVIII. Creo que es algo obsesivo con el tema del tiempo… imagino que esa carta tendrá un contenido muy interesante —dijo, mirando a Drusila con ojos sospechosos y juguetones a la vez.
Drusila se sonrojó.
—Ya es suficiente. Hay una loza que lavar, ¿verdad, Claudia? —su expresión y su rostro eran más que suficientes para convencerme.
—Voy inmediatamente —respondí, dirigiéndome a Calendre—. Señorita Calendre, hasta el momento del concurso, cualquier cosa en la que pueda ayudar, encantada. —Hice una pequeña reverencia tanto a ella como a Drusila, gesto compartido por Silvia.
Caminamos pensativas en las palabras de Calendre. Silvia me animó:
—El primer paso para vencer a Calendre será lavar los platos.
—¿Pero no te esconderás dentro de la ánfora como hace un rato?
—No me escondo, te protejo. Ya sabes, los hombres son complicados. Pero cómo manejaste a esos tres fue divertido de escuchar —asintió Silvia.
—Es curioso… últimamente puedo confiar un poco más en mis propias respuestas ante una crisis —reflexioné.
¿Estaré comportándome como una cortesana? Fue una idea fugaz que me produjo una mezcla de extrañeza, curiosidad y sorpresa, aunque quizás no fuera algo positivo… también podría significar que estoy siendo absorbida. Todo eso era muy complejo, pero Silvia me devolvió a la realidad.
—Pues esos platos necesitan de tu respuesta instintiva, y cuando termines comeremos esas últimas barritas de esa cosa que llamas “chocolate”.
—¡Siiiii! Espera… sobre el chocolate…
Silvia estaba decidida, y yo ya no podía dar vuelta atrás.
—Lo he estado pensando, Lady Claudia, y qué mejor que prepararte para el concurso demostrando la importancia de los lazos que has construido en este mundo… poder realizar algo único y especial —dijo, intentando evitar ruborizarse mientras refregaba nerviosamente con más fuerza el plato, aunque el pobre ya no podía resistir tanto.
—¿Único y especial? Pero ya nuestra relación es así —sonreí con timidez—. Literalmente me ayudas a vestirme… y nos bañamos juntas, vamos, ya ni recuerdo que en mi anterior vida me bañara con alguien desnuda en una terma.
Silvia, dejando el plato, tomó un vaso y comenzó a someterlo a la misma tortura del refriego frenético.
No sé por qué, pero me imaginaba siendo ese vaso.
—Eso no… ufff, sin duda eras un chico. ¿Vives en el monte Olimpo? —bufó—. Eso de bañarnos juntas, ayudarte a vestirte, arreglarte y vigilarte es parte de mi trabajo. —Suspiró pesadamente—. Eso podrías hacerlo con cualquier mujer de la ciudad. Pero como cortesana, terminas interactuando con hombres que vienen aquí. Me refiero a algo que no sea lo común… algo que selle el compromiso de apoyarnos y cuidarnos por siempre. Algo que no podría hacer con ningún admirador ni cliente.
Debí poner una cara entre sorprendida y pensativa.
—Tú sabes que, para que un plato se limpie, hay que fregarlo, ¿verdad?
—Jaja, sí, sí… es solo que siempre alegras mi día.
—Y a mí me lo alegrarás cuando podamos hacer nuestro ritual de chocolate. Sé que es una herramienta de Tomoe, y la vez que lo probé no solo fue placentero comerlo… pero ahora hay platos que fregar.
Miré a Silvia.
Esa necesidad suya de sentir una conexión única y propia, algo que escapara de ser cortesana… ¿de cuántas formas se podrá conjugar el verbo amar?
Al terminar nuestra cena, rápidamente Silvia me tomó del brazo y, con una rápida reverencia, se despidió de Drusila, quien se quedó mirando entre impávida y pensativa la escena de cómo era llevada —sorpresivamente, o quizás no tanto— a la habitación de Silvia.
Escuché las palabras de Drusila a lo lejos:
—No se queden muy tarde, que mañana hay muchas actividades e invitados que atender —mencionó despreocupadamente mientras escribía algo que parecía ser más interesante que nuestra escena.
—Cierra los ojos. Nada de entreabrirlos o te daré con mi báculo…
La presión del brazo de Silvia me guiaba.
Podía sentir su corazón latiendo rápidamente: se había preparado para este momento.
Se notaban los nervios, pero al mismo tiempo me sentía segura.
Sin su apoyo no habría llegado a donde estoy, así que debía ser cuidadosa.
Entonces sentí el olor de sándalo e incienso… rosas.
Un perfume muy floral llegó a mis sentidos.
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viajes en el tiempo, cambio de genero, isekai o reencarnación en otro mundo
Editado: 31.01.2026