La Cortesana del Tiempo

Pluma y Espada I Parte

Respiré hondo. Traté de no pensar en nada… o al menos en nada que no fuera Marcus y su explicación. Ese pilar, esas dos “V” entrelazadas… Todo era una señal de que algo importante estaba por suceder. Intenté mirar a Karina, a Calendre y a Helena, pero no pude sostener la mirada más allá de unos segundos. Mis ojos buscaban a Silvia y a Drusila entre la multitud. Ya no había grupo ya no había party era yo el enemigo y el tiempo.

La voz de Marcus, normalmente tan calmada, sonaba ahora seria y tensa. Era extraño ver esta versión suya. Mi corazón sintió una añoranza por los días en que todo parecía más lúdico… aunque, siendo sincera, lo único lúdico fue mi propia visión.

Marcus bautizó el curioso aparato del pilar como el Resonómetro de la Gracia, y supe que debía concentrarme en sus palabras.

—El aparato para medir este concurso —leyó— ha sido diseñado por los más grandes sabios del Imperio, a petición del prestigioso senador Tulius Maximus, y trasladado gracias al desinteresado apoyo del… Culto de la diosa Laporia, que facilitó la instalación,,, y el premio monetario para demostrar las bendiciones de la… diosa… Laporia.

Mientras más leía, más descompuesta se volvía su expresión. Intentaba mantenerse neutral, pero su mirada hacia los patricios de las familias Cayus y Bravia lo delataba. Ya no parecía el anfitrión poderoso de siempre, sino un peón más en un tablero ajeno. Me lanzó una mirada que claramente decía: “sálvame de decir esto”.

Respiró hondo, movió ligeramente la cabeza, y continuó con dificultad. Así que será mejor resumirlo ya que parecía cada frase que decía como si se sacaba un puñal del cuerpo, realmente es estoico este chico, aunque no sentía por él lo mismo que por Silvia si había algo diferente, en fin resumiendo su discurso:

—Este ingenioso dispositivo —explicó— está compuesto por un delicado cristal incrustado en la cima de un pilar de mármol con una inscripción central: dos V doradas entrelazadas. Su funcionamiento se basa en el mismo principio canalizador de energía usado en las varitas, pero a una escala mayor. En lugar de canalizar energía, absorbe ondas de sonido… “ganando la gracia de los dioses”. Cuando las ondas alcanzan cierto nivel, el cristal se iluminará, otorgando un punto a la concursante correspondiente.

El punto puede activarse por:

  • una frase,
  • un pensamiento,
  • una melodía que conquiste los corazones del público,
  • o una habilidad que deslumbre por su excelencia.

También otorga un punto si una concursante es derrotada, humillada o queda fuera de combate. Aunque este sea un concurso de poesía, la poesía se manifiesta no solo en versos, sino también en melodías y acciones. Podemos hacer de la vida un poema eterno, una oda infinita al amor. Para ganar un corazón —el corazón de este público— deberán demostrar fuerza del alma, espiritual, física y humana, convirtiéndose ustedes mismas en poesía viviente.

—El duelo será al mejor de siete —concluyó—. Así que tendrán que usar su creatividad para obtener esos puntos. ¡Que las musas las contemplen!

El Odeón estalló en vítores y aplausos. Marcus se relajó un poco, recuperándose. Luego nos llamó a las cuatro concursantes, presentándonos mientras sostenía una bolsa con monedas numeradas.

—La Sensacional Aventurera Guitarrista, Calendre.
—La Delegada del Culto de Laporia, la Sacerdotisa Helena. —La Prestigiosa y Refinada Karina “ Matadragones” Bravia
—La Legendaria Consoladora… Claudia.

(¿Por qué? ¿¡POR QUÉ!?)

Metí la mano en la bolsa y saqué mi moneda: el número dos. Karina se acercó inmediatamente, mostrando su moneda con el número uno.

—¡Ojojojojo! ¡Mira, Consoladora! ¡Soy la mejor, la número uno! ¡Weee! ¡Hasta en esto te gano! — sacándome la lengua

—No crees que exageras celebrando solo por sacar el número uno… —logré decir.

—Es un designio de Laporia. Ella me guía y me inspira. — cruzando sus brazos con total autoconfianza

No hay remedio. Bajé la mirada y busqué a Silvia entre el público.

En pocas palabras: Karina sería mi rival. El segundo enfrentamiento sería Calendre contra Helena. Ambas se observaron con frialdad e inexpresión, contrastando por completo con la actitud juguetona de Karina, que levantó los brazos haciendo la pose de la “V”. Su atuendo sofisticado, su estilo funcional y ese abanico la hacían ver como una villana perfecta. Ganaba aplausos solo con existir. Era claro que ella era el alma del evento.

Yo tendría que dar lo mejor de mí si quería ganar este concurso.

Me acerqué a Calendre. Su máscara descansaba en su espalda, junto a su guitarra. Me dedicó una tímida sonrisa.

—Espero verte en la final —dijo—. Si llegas, te aseguro que recibirás muchas sorpresas.

Levanté el brazo impulsivamente. Ella lo sostuvo de inmediato, interceptando mi gesto.

—No pienses en perder —añadió—. Es una promesa.

Calendre y Helena se dirigieron detrás del escenario. Mientras tanto, Karina me observaba ansiosa, lista para iniciar la batalla. El público guardó silencio. Podía oír mi propia respiración y sentir una presión en el pecho.

Entonces lo entendí: estaba frente a cientos de personas, usando una estola brillante, presentándome como una cortesana. ¿Cómo había cambiado tanto mi vida? ¿Y ahora, para salvar el tiempo, debía darlo todo?

Toqué el pequeño obi y sus compartimentos.

—Ya es hora, querida —susurré para darme valor, adoptando mi pose más dulce.

Marcus respiró profundamente , tomó aire, con fuerza gritó

—¡Comiencen!

Ambas nos miramos fijamente. Un segundo… quizás dos. El semblante inexpresivo de Karina era digno de enmarcarse.

—Ojojojojo… espero que hayas usado este tiempo para prepararte, Consoladora. Esta vez iré con todo. Trata de no asustarte, jejeje —dijo, mostrando sus dientes en una sonrisa burlona, las cejas tensas y los ojos abiertos con una intensidad casi taciturna.




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