La Cortesana del Tiempo

Pluma y Espada II Parte

Karina me miraba altiva, los ojos brillando con la determinación de humillarme.

—Eres una cortesana. ¿No vas a usar tus encantos para que los hombres te regalen un punto? Los hombres son tan predecibles… bueno, excepto mi amado Marcus, ojojojojo —dijo, enrostrándome el abanico en la cara.

En menos de cinco minutos estaba abajo 2-0. Tenía que pensar rápido.

—¿Para qué peleas, querida? ¿Deseas volver las cosas como antes? ¿Para qué? Mírame. Aquí tengo a Marcus. Soy de una familia adinerada. Mira cómo me ama la gente. Este coliseo grita por mí. Y tú también tienes gente querida… ¿vas a abandonarlas? ¿Vas a escapar como en el pasado para no correr riesgos?

Sus palabras eran cuchillos.

—¿Me vas a decir que te gusta este mundo, con gente manipulada por esa bruja y sus secuaces? ¿Dejarás que todos ellos sean sombras que danzan a tu compás solo para “ganar este juego”?

Karina levantó su dedo índice, negando con gesto burlón.

—Hazlo más divertido. ¿No eres una cortesana? Podrías ganar desnudándote. ¿O te da pánico escénico? Te aseguro que si te quitas la estola, ganas un punto.

—Eso sería burlarse de las personas que han venido aquí para sentirse valoradas. No voy a rebajarlos a la suerte de sus impulsos —respondí.

El público calló. Karina frunció el ceño.

No debía dejar que me atacara otra vez. Me acerqué y puse mi dedo índice en sus labios.

—¿No crees que es poco poético acaparar todo el espectáculo, querida?

Me giré hacia el público, reverenciando con cortesía. Era mi turno.

—Sé que vinieron a sanar las penas de su alma, no a ver vacua vanidad. Que entre todos elevemos nuestras mentes con palabras bellas, pinceladas de esperanza. Hacer del lienzo reflejo de la alegría, la bendición de estar vivos.

Karina avanzó hacia mí. Su anillo se transformó en espada.

—Ni espada ni furia quebrará mi esencia. Tu violencia jamás atará mi presencia.

Usé mi brazalete, convertido en escudo. El golpe rebotó, dejándola desequilibrada. Furiosa, volvió a atacar.

—Quien solo mira lo que lo enfurece, se condena a una vida yerma.

Recordé las clases con Silvia. Esa espada de energía no era rival para el largo báculo que ella me enseñó a esquivar. Moví mi cadera, girando sobre su giro, dejándola en ridículo. El público comenzó a apoyarme.

—Aunque intentes negarlo, todos pueden ver mis pruebas. La verdad os he dicho, y caes presa de tu sordera.

Karina intentó golpearme de nuevo, pero mi escudo la mandó lejos.

—Donde una solo vio violencia, otra vio a una musa para animar esta brega.

Estiré mi palma sobre mis labios y regalé al público un beso y una reverencia. Los aplausos y vítores me envolvieron. El cristal del pilar brilló.

Karina 2 – Claudia 1

Por unos segundos me sentí especial. Me sentí viva.

Pero debía volver a concentrarme. Esto apenas comenzaba.

Entre el público, vi a Drusila aliviada y a Silvia saltando de emoción. Cerca de ellas, una figura recién llegada, vestida de negro y con capucha, esbozó una pequeña sonrisa.

Karina, enojada, golpea su cabeza con la mano. Una sensación de furia contra sí misma comienza a apoderarse de ella.

—No pienses… No creas…

El mensaje de Karina me deja extrañada, pero sonrío y lanzo mi risa característica. —¡Ojojojoojoj! Ahora sí, cortesana, prepárate que viene lo bueno.

Corriendo rápidamente, su espada de energía comienza a dar golpes con un frenesí desesperado. Su mirada perdida en un ritual de violencia. Pero como cortesana puedo esquivarlos muy fácilmente (gracias, Silvia Chan). Tal vez, si pierde un poco más la compostura… Su obsesión por golpear podría hacerla vulnerable a un ataque en las piernas que le haga perder el equilibrio. Pero esto es un concurso de poesía.

Comienzo a esquivar, pero ya no con movimientos directos. Intento seguir el ritmo, casi convirtiéndolo en música, y empiezo a tararear una melodía que, gracias al frenesí de Karina, se vuelve vibrante. Prosigo a darle letra:

—Bajo los embates y estocadas Es tanta la desesperanza de tu alma Necesitas la calma Chup Chup Chup (no pude evitar la tentación de rapear) Quien desespera Su camino erra Turutututurutu tuuu Tal vez no les gustes pero sus tatataranietos lo entenderán mejor muuuaaaaaaaa

Sus piernas quedaron expuestas. La cara de disgusto por mi intento de rap era clara señal de que no tenía nada más en su mente que golpearme. Logré deslizarme a ras de suelo usando mi brazalete de frente, haciendo que mi escudo fuese suficiente para que perdiera el equilibrio. Entonces, mientras intentaba mantenerlo, me levanté rápidamente y evité que cayera, sujetándola en brazos.

Pude imaginar la cara de Silvia al verme sosteniendo como una princesa a Karina, que no pudo evitar sonrojarse. Ese sonrojo también fue mío, sobre todo porque pasaban los segundos y nuestras miradas seguían fijas. Solo se me ocurrió levantarla al aire y terminar en una pose conjunta, casi como una versión improvisada de una rutina de patinaje. El aplauso y la ovación fueron cerrados.

Karina 2 – Claudia 2

Al bajarla, su mirada fue incómoda para ambas. Solo atinó a hacer una reverencia. Al parecer, todo lo pasado le hizo volver a sus sentidos.

—Cortesana… podemos hacer que lo anterior no existió…

—¿A qué te refieres, Karina? Continuemos con el combate.

—G…r…a…c…i…a…s —dijo bajando la cabeza suavemente.

Miro hacia las gradas. La figura de negro se tocó la mano al corazón, intentando resistir. Rápidamente miré a Marcus, que parecía tan fascinado por el combate de poesía que había quedado todo este rato con la boca abierta.

Karina lo miró. Su rostro sonrojado y una pequeña lágrima resbalando por sus párpados.

—Este combate ha sido vibrante, Consoladora Chan, pero tengo una ruta que limpiar. No puedo perder, y menos con la bendición de la Diosa Laporia.

Esa serenidad súbita de Karina me desarmó. Ante mi sorpresa, comenzó a recitar:




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