Tuve que tomar nota de lo sucedido. Karina era más que una villanesa: era una rival, alguien con sentimientos e ideas que quizás para mí eran extrañas. Pero acaso yo no era extraño para los demás antes.
—Debo reconocer que eso fue sorprendente… ¿por qué no lo usaste antes?
—Es que no sabía que yo podía… —movió su cabeza, enojada consigo misma por sus últimas palabras
—. ¡Ya, eso no importa! ¿Quieres que continúe atacándote?
Sonreí.
—Dado que has hecho un gran avance, yo también mostraré los míos.
Desde mi muy funcional obi-cinturón tomé el primero de mis tres ítems: el peine-báculo que me dio Silvia.
—Este báculo es muy querido para mí. Sé que peleas por tu amado Marcus y por salir de este “juego”, pero yo también tengo mis motivos.
Mis ojos se perdieron en la multitud
. —Si mi escudo es mi propia voluntad, este báculo representa a la gente que quiero. Unidos, me ayudarán a vencer.
Karina tomó su abanico, furiosa, y se dirigió hacia mí, avanzando con pasos de… ¿ballet?
—¡Consoladora, no intentes consolarme!
Activé mi brazalete-escudo y mi báculo. Karina interrumpió su rutina y, ubicándose hacia el lado de mi escudo, comenzó a correr. Quería pillarme por atrás. Entonces dirigí mi brazalete al suelo y confié en que el rechazo me catapultara un poco, como en la misión de la mazmorra.
Karina, ganándome la espalda, cerró su abanico para atacarme con su espada de energía. Pero su mirada quedó paralizada al no verme. Con un dejo de temor, miró hacia arriba y solo alcanzó a decir:
—Consoladora…
Pensé en usar el báculo para golpearle en la cabeza, pero por el rebote quizás sería demasiado. Así que lo usé desde arriba para neutralizar su espada. Ambas armas fueron lanzadas varios metros, mientras la gente vitoreaba emocionada.
Mi cuerpo cayó encima del de Karina. Mi cara junto a la suya, casi como si hubiese saltado a abrazarla. Mis labios casi rozaron los de ella, como si robara un beso. Karina en el suelo y yo encima, en una posición incómoda. Me quedé mirando al escenario. La gente vitoreaba. El punto era mío, pero estaba sonrojada… aunque Karina lo estaba más.
—Ahora no podré casarme… —mencionó aún mareada.
Mientras volvía a sus sentidos, agregó: —Ambas teníamos dos armas, pero tú no peleabas sola…
—Ah… entiendo, entiendo —dije sonrojada. Me levanté rápidamente de la incómoda pose y realicé una pequeña reverencia.
Karina 3 – Claudia 3
Karina pudo levantarse, pero su ánimo seguía en el suelo.
Su mirada parecía ensimismada, su mente divagaba:
—Si mi causa es tan fuerte… como el amor y el poder limpiar este juego, ¿por qué sigo perdiendo?
Me di cuenta de que no estaba bien. Me acerqué prudentemente a ella, tratando de que reaccionara.
—Karina, ¿te encuentras bien? Vamos, recuerda que estamos en un concurso.
Me miró y extendió su brazo, moviéndolo frenéticamente como negando.
—No quiero… perderme aquí —dijo con un tono que denotaba confusión y un deseo de pertenecer, de ser vista más allá de su papel.
Era como un espejo de mi pasado. Olvidé la batalla, los puntos… sentí el impulso de ayudar.
—Vamos, Karina, esa no es la actitud de la especial villanesa que conozco.
—¿Por qué tratas de ser tan amable conmigo? —su rostro sonrojado la delataba.
—¡Porque tenemos mucho en común! Descansa, toma aire… este duelo puede esperar.
La abracé para que volviera en sí. Por un momento hubo calma, aplausos y vítores.
Los ojos de Karina se abrieron y, con su brazo extendido, señaló temblorosamente el Resonómetro. Frunció el ceño con una expresión de frustración e impotencia.
Cuando lo vi, la gente estaba aplaudiendo por mi gesto.
—Ups… —murmuré.
Karina 3 – Claudia 4
Karina reaccionó con enojo al punto perdido. Estoy segura de que tomó todo esto a mal.
—¡No te das cuenta, cortesana, que tengo una reputación que cuidar!
Se acercó a mí con decisión y, tomando su abanico, me dio una cachetada con él.
—¡Atácame de una vez! Deja de jugar con mis sentimientos, cortesana.
—¿De qué hablas? Yo no quiero ganarte así, viéndote derrotada, con miedo y dudas. Eres formidable, y quiero que todos lo vean. Por eso no puedo atacarte si no estás al cien por ciento.
—¿Por qué te preocupas tanto por mí? No debes hacerlo… ¿Cómo te derrotaré si no me nace atacarte?
Comenzó a dar pequeños golpes con sus puños, carentes de toda intención ofensiva, como si dudara de seguir peleando.
Las lágrimas comenzaron a resbalar por sus ojos. Agotada, se puso de rodillas y agachó la cabeza, como si intentara dejar de pelear.
El público siguió vitoreando, como si yo hubiera vencido psicológicamente a Karina.
Desde las gradas, Claudia había ganado el corazón del público… excepto de la misteriosa mujer que, dando un suspiro de resignación, sacó una bola negra.
Mirando fijamente a Karina, comenzó a hacer pequeños círculos alrededor de ella.
Cuando Drusila y Silvia lo notaron, ya era demasiado tarde.
Karina 3 – Claudia 5
Karina estaba de rodillas, la cabeza baja, murmurando:
—Marcus… Claudia… juego… casa…
Entre esas palabras, se mezclaban murmullos ininteligibles.
Mientras tanto, en las gradas, Silvia y Drusila intentaron llegar hasta la misteriosa mujer. Pero cuando ya estaban cerca, ella las miró, levantó su dedo índice en señal de negación y, con la otra mano, se despidió.
—¡Alto ahí! ¿Cómo te atreves? —alcanzó a decir Drusila.
—¿Cómo me atrevo? Uso los mismos recursos que ustedes tienen. No es mi culpa que no los usen… o quizá —mirando a Silvia— ya los usaste.
Así desapareció ante los ojos sorprendidos de todos, especialmente de Silvia y Drusila.
—Esa mujer era… —susurró Silvia.
Drusila asintió.
—Airlia.
Ambas se miraron como si quisieran decir algo más, pero su preocupación estaba en Claudia.
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Editado: 14.03.2026