El caminar de Karina variaba entre sorprendentemente coordinado y movimientos dispersos que no parecían humanos, como si tuviera que forzar cada parte de su cuerpo a seguir órdenes dadas quizá por Airlia. Esa duplicidad abismal en su forma de andar era lo que la hacía peligrosa.
Entonces me miró, esbozó una sonrisa maliciosa y levantó sus brazos, que se movían en direcciones diversas. Ese andar lento era inquietante. Me puse en posición: tenía el báculo, y quizás si mantenía la distancia podría mantenerla alejada.
—No pienses que ganarás este punto golpeándome. Te mantendré a raya.
Comencé a usar el báculo para atacar desde lejos, pero Karina —o mejor dicho, la odalisca que se había apoderado de su cuerpo— esquivaba con eficiencia, a pesar de su andar caótico y desordenado. Era como si tras esa apariencia estuviera analizándome para preparar un ataque. Pronto comenzó a usar mis propios movimientos para danzar seductoramente, arrancando aplausos del público.
Estaba prestándome a su juego: su danza seductora brillaba, y yo estaba ayudándola a eso.
Quizás si atacaba con alguno de mis objetos… Miré el obi. Entonces, un trozo de tela de su ropa tapó mi visión. En un solo movimiento apareció a mi lado, con su sonrisa maliciosa, y su abanico golpeó mi cara. Fue un golpe suave, lo que me sorprendió. ¿Era ese ataque realizado con algún propósito?
Se quitó otra parte de su ropa y envolvió mi cuello. Besó mis mejillas y, de un salto hacia atrás cual acróbata, volvió a quedar a distancia de mí. Sus reacciones me sorprendían cada vez más.
¿Desde cuándo este combate se volvió tan antojadizo? Necesitaba respuestas.
—¿Qué intentas hacer?
Pero ella no respondió, lo cual aumentó mi sospecha de que, bajo la influencia de Airlia, no estaba en control de su propia mente. ¿Cómo convertir eso en una ventaja?
—Puedes quitarte tus prendas fácilmente, pero ¿no puedes hablar? ¿Qué clase de estrategia es esa para este concurso?
La sonrisa de Karina era desesperante. Como si nada, se quitó su top de seda, dejando al descubierto sus atributos. El balanceo de sus caderas armonizaba con el movimiento de sus senos bien desarrollados.
—¡¿Qué haces?! ¡Este es un concurso de poesía! —mencioné enojada. Para colmo, se veía mejor que yo… “ehhh, pensé eso, ¿huh?” La gente murmuraba sorprendida por la situación.
Entonces preparó su cuerpo y corrió hacia mí.
Tomé mi báculo. Sabía que si lo movía ella lo esquivaría, pero si dejaba el movimiento para el último instante tendría una oportunidad de sorprenderla. Cuando se acercó, preparé un movimiento diferente: atacaría sus piernas para que saltara, y entonces giraría el báculo para golpearla desde el aire, sin defensa.
El báculo dirigido hacia la pierna de Karina hizo el efecto deseado: ella saltó hacia mí.
“¡Ya sé!”, pensé. Giré mi báculo para interceptarla en su salto, pero entonces se quitó su último retazo de ropa de odalisca, una minifalda de seda y transparencias, desviando el movimiento de mi arma.
—¿Pero cómo…?
Ese movimiento me dejó indefensa y a merced de Karina, que desprovista de toda ropa, en el aire, iba a toda velocidad. Aprovechando el impacto, se sujetó de mis hombros, haciéndome caer. Una vez en el suelo, ella acrobáticamente usó mis hombros como apoyo para tomar impulso y saltar hacia atrás, posando para un público extasiado ante la escena.
Cuando me levanté, solo alcancé a atestiguar cómo había perdido el punto… y cómo Karina volvía a estar vestida con su ropa de odalisca. Miré hacia el suelo, pero no había rastro de las prendas que se había quitado.
Estaba danzando al compás de su propia danza.
Karina 5 - Claudia 5
Esta batalla no podré ganarla con fuerza. Debo intentar buscar una debilidad, mientras Karina retoma llamando a su daga. ¿Cómo podré vencerla? Analizo la situación: todos sus ataques parten desde corta distancia, usando danzas, bailes y movimientos acrobáticos. Tal vez…
Karina frunció el ceño, colocando la daga sujetándola con sus dientes, mientras corría hacia mí. Esta vez yo también corrí hacia ella, pero usé mi báculo como punto de apoyo para elevarme. Karina miró hacia arriba. Solté el báculo y llamé a mi escudo brazalete, con el cual caí directo hacia ella.
Me dije a mí misma: “Una odalisca domina la seducción, el contacto con la piel, ataca desde corta distancia, confunde los sentidos, domina los corazones usando la seda, el encanto, el karma del deseo y la lujuria. Domina el escenario… quizás si ataco el escenario, ataco su rutina. Una odalisca sin escenario donde expresarse pierde su propósito.”
El escudo permitió que la caída no fuera dura para mí. Karina esquivó ágilmente el golpe, pero el rebote del escudo de energía me permitió saltar y repetir la escena, volviendo a usarlo. Eso imposibilitaba a Karina contraatacar. Usar la energía del escudo como un resorte parecía, a los ojos de los demás, un intento de llevar la situación a un statu quo.
Karina comenzó a perder la paciencia. La repetición, la incapacidad de expresar sus habilidades, su arte… la desesperaba. La odalisca empezó a tropezar en el escenario. A medida que la situación se repetía, Karina esquivaba, pero cada vez más torpemente, perdiendo su gracia, incapaz de acercarse a mí.
Los golpes del escudo de energía habían alterado ligeramente el escenario: donde todo era liso, comenzaban a aparecer desniveles, tablones que se hundían, otros que se doblaban. Para alguien que basa todo su ataque en saber moverse en un escenario, si este se vuelve inestable y cambiante, ya no podría usar su habilidad. Eso la dejaría indefensa.
Algunos movimientos más y Karina ya no puede realizar sus acrobacias. Cayó estrepitosamente intentando evitar el ataque del escudo.
Comprendí que ya era hora de mi contraataque. Recogí el báculo y comencé a hacer unos movimientos para entretener al público.
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Editado: 26.03.2026