La Cortesana del Tiempo

Soy una NPC Calendre v/s Helena

Deseaba decirle más cosas a Karina, pero la situación era incómoda para ella. Diligentemente, Marcus le llevó un abrigo para cubrirse. —Tranquila, Karina, ya todo terminó. Ahora solo descansa. Si Airlia intenta hacer algo, iremos tras ella —dijo, tratando de darle confianza.

Ella bajó la cabeza y, guiada por Marcus, pareció recuperar el color. Sonreí, deseando que Marcus la tratara bien. Respiré hondo: al fin una preocupación nueva.

Mientras se alejaba con Marcus, giró la cabeza y me miró un instante con una expresión entre alivio, agradecimiento y un rubor en su rostro.

Terminé mi actuación con una reverencia y saludando al público. Me dirigía hacia Karina, pero alcancé a ver a Silvia al otro lado del odeón, con una mirada que decía: “Más te vale venir aquí…”.

Me acerqué y, apenas lo hice, me abrazó. Para mi sorpresa, me habló al oído… podía sentir lo romántico de la escena, ilusionándome, hasta que su tono agudo llegó directo a mi tímpano: —¡¡¡No hagas tantas escenas delante de tanta gente!!!

—¡Eso duele, Silvia! —exclamé, tapándome los oídos y sintiéndome algo mareada.

—Tanto como verte sostener a la princesa Karina —replicó.

Estaba a su merced, de no ser por la oportuna aparición de Drusila, quien no pudo evitar aplaudir y, con una sonrisa, me felicitó: —Excelente trabajo, Claudia. Es bueno ver a Silvia tan enérgica como siempre.

Ante sus palabras, la actitud de Silvia volvió a la normalidad, mientras la punta de su lengua emergía tímidamente entre sus labios. No pude evitar sonreír: se veía tierna, adorable… y bueno, Drusila interrumpió mi visualización autoconsoladora: —Vi lo que le ocurrió a Karina durante la batalla. Sin duda, la magia de Airlia es poderosa y, a la vez, intrigante.

—¿Intrigante?

—Sí… cómo decirlo. La magia de Airlia fue capaz de transformar a Karina, aunque misteriosamente dejó de influenciarla, como si algo la hubiera hecho cambiar de opinión.

—Quizás Karina fue capaz de rechazar los efectos de su magia.

—Me encantaría creerlo, pero todo me hace llegar a la conclusión de que Airlia tiene planes más especiales con Karina —aseveró Drusila, zanjando la discusión con tono categórico.

—Ojalá hubiésemos podido atraparla.

—Lo preocupante es que su magia va creciendo. Me temo que, cuando vuelva a aparecer, su poder será mucho mayor. Quizás todo esto sea solo una forma de medir nuestra fuerza.

La lógica de Drusila me inquietó. Giré la cabeza hacia Karina. —¿Estará ella bien?

Entonces Silvia tomó mi rostro y lo movió para que la mirara a ella. Drusila suavizó su tono y, de forma cordial, aseveró: —Estoy segura de que Karina estará bien. Solo hay que mantenerse atentos y no revelar detalles de nuestra misión.

Respiró suavemente, puso su mano sobre mi cabeza y me dio pequeñas palmaditas. —Estoy convencida de que, aunque no lo parezca, Airlia la está usando para recabar información.

El ruido de tambores anunció que una nueva batalla iba a comenzar: Calendre contra Helena. Me sentía extraña, haber pasado de protagonista a simple espectadora. Admito que el nivel de Helena, apenas notado en nuestra misión del gremio, era señal de que sería mucho más difícil de vencer que Karina. Sin duda, era el as de Airlia.

Entonces, una ágil sombra encapuchada escaló parte del pilar del Resonómetro de la Gracia y saltó, realizando una triple voltereta antes de caer justo en el centro del escenario. La gente, sorprendida por la llegada tan épica, la ovacionó. Se quitó la capucha: no llevaba su máscara de kitsune, y su rostro iluminado por una sonrisa confiada brilló bajo las luces.

Marcus la presentó, mientras Karina intentaba sujetarse de su hombro: —¡¡¡Con ustedes, desde una remota tierra perdida en los mares del tiempo, capaz de tocar melodías dulces y réquiems mortales, la sensacional aventurera, orgullo del gremio, la ya legendaria guitarrista guerrera Calendre!!!

Calendre arrojó lejos su capucha, revelando un vestuario de estola y falda mediana. En sus hombros llevaba el estuche de su guitarra y una bella capa. Su calzado ágil parecía… ¿zapatillas? Bueno, era de mi época, quizás pudo viajar con algo moderno. Miré a Drusila, sorprendida. Ella me devolvió la mirada sin entender por qué la observaba.

El público la ovacionó. Yo misma quedé impresionada por la presentación. —¿Por qué la mía fue tan parca? —pensé. —¿Por qué Marcus la presentó mejor que a mí?

Silvia sonrió: —Vaya, Claudia descubrió los celos femeninos…

—No es eso, solo quería que fuera más equitativo.

Silvia me guiñó un ojo: —Quizás ahora se ha inspirado.

Entonces vimos a dos esclavos que llevaban un palanquín. En el centro, una botella. Al llegar frente a Calendre, bajaron el palanquín, abrieron la botella y, mientras se retiraban, esta expulsó un vapor morado que tomó forma humana: apareció Helena.

Marcus, sorprendido, la presentó: —¿Es humana o es un genio? Se descorcha una botella y aparece ella… ¿será una ilusión? Tal vez sea el milagro de la protegida de la diosa Laporia, su delegada de culto: la sacerdotisa Helena.

El público, fascinado, vitoreaba. Mi anterior pelea parecía solo un preludio.

Ambas se miraron fijamente. Helena levantó el brazo y la botella junto al palanquín desaparecieron. —Sabes, Calendre, que tus acciones deben ser castigadas… te reíste de la diosa Laporia.

Calendre esbozó una sonrisa desafiante: —¿La misma que me usa como arma se enoja de que la use como objeto para mis fines?

—¿Qué fines tienes en esta época perdida, una don nadie de otra era?

—Más de lo que crees… soy más de lo que piensas. No me confundas con otro de tus monaguillos.

—¿Mona qué? Prometo que tu destrucción será lenta, Calendre quedaras tan indecifrable de reconocer como tus palabras. Una ofrenda para mi diosa.

—¿Ofrenda? Nadie será ofrenda de esa señora.

—Solo eres un alma condenada

Ambas cruzaron miradas hostiles en silencio. No había más señales que sus ojos, analizando el terreno.




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